Detrás de escena: el wellness ya no alcanza, el verdadero cambio empieza en nuestro estado interno
Normalizamos vivir aceleradas al punto de confundir el estrés con nuestra identidad. Es hora de entender que el bienestar real no es desconectarse del mundo, sino aprender a funcionar desde un lugar diferente.
Belén Ortega.
Durante mucho tiempo pensamos que el bienestar era algo que sucedía cuando logramos hacer una pausa. Un masaje, una clase de yoga, una meditación o un fin de semana de descanso parecían suficientes para volver a empezar. Pero algo cambió. Y creo que todas, de una forma u otra, lo estamos sintiendo. Vivimos aceleradas. Saltamos de una pantalla a otra, respondemos mensajes mientras hacemos otras tres cosas y terminamos el día con la sensación de no haber parado ni un minuto.
Lo más llamativo es que ese estado dejó de parecernos excepcional: empezamos a creer que somos así. Con los años observé un fenómeno que se repite una y otra vez. Nos acostumbramos tanto al cansancio, la ansiedad y la hiperestimulación que terminamos confundiendo con nuestra personalidad. Decimos “yo soy ansiosa”, “siempre fui así”, “no sé bajar un cambio”, como si fuera una característica fija y no un estado que puede transformarse.
Por eso creo que el wellness, tal como lo conocimos, está quedando atrás. Hoy ya no alcanza con relajarse un rato. El desafío es mucho más profundo: aprender a reconocer desde qué estado interno estamos viviendo y descubrir que podemos modificarlo.
Durante más de diez años investigué el impacto del sonido sobre la percepción, el comportamiento humano y la regulación del sistema nervioso. Ese camino me llevó a estudiar junto a médicos, terapeutas, investigadores y comunidades ancestrales de distintos países, donde entendí algo que cambió mi forma de mirar el bienestar: el cuerpo es un sistema de ritmos. Cuando el estrés sostenido y la sobrecarga alteran esos ritmos, también cambia la manera en que pensamos, reaccionamos, dormimos y habitamos nuestra vida cotidiana.
Diversas investigaciones muestran que ciertos estímulos sonoros pueden favorecer la transición hacia estados cerebrales asociados con mayor calma, creatividad y recuperación. Pero mi interés nunca estuvo puesto únicamente en la relajación. Lo que realmente me interesa es el cambio de estado. Porque cuando cambia el estado desde el que funcionamos, también cambia la forma en que respondemos a lo que nos pasa.
Por eso desarrollé una forma de trabajo que combina instrumentos ancestrales con conocimientos actuales sobre percepción y regulación del sistema nervioso. No se trata de desconectarse del mundo ni de perseguir una calma permanente. Se trata de contar con herramientas que nos permitan movernos entre distintos estados según lo que necesitamos: descansar, recuperar el foco, pensar con más claridad o simplemente volver a sentirnos presentes.
Tal vez el bienestar del futuro no tenga que ver con hacer más rituales ni con sumar otra práctica a la agenda. Tal vez empiece cuando dejamos de creer que el agotamiento es nuestra identidad y entendemos que siempre existe la posibilidad de cambiar el estado desde el que vivimos. Porque, quizás, el verdadero descanso no sea dejar de pensar, sino aprender a pensar desde un lugar diferente.
Durante mucho tiempo pensamos que el bienestar era algo que sucedía cuando logramos hacer una pausa. Un masaje, una clase de yoga, una meditación o un fin de semana de descanso parecían suficientes para volver a empezar. Pero algo cambió. Y creo que todas, de una forma u otra, lo estamos sintiendo. Vivimos aceleradas. Saltamos de una pantalla a otra, respondemos mensajes mientras hacemos otras tres cosas y terminamos el día con la sensación de no haber parado ni un minuto.
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