La miel de Río Negro que abrió las puertas de Japón con un producto orgánico y el sello de la Patagonia

El empresario roquense Carlos Levín desembarcó con sus productos en Osaka, Japón, el pasado 1 de junio. Más allá de lo que significa entrar en uno de los mercados más exigentes del mundo, destaca la importancia de poder competir con productos locales y generar nuevas oportunidades para el sector apícola.

Por Miguel Vergara

Carlos Levín, Establecimiento Apícola Río Negro, General Roca.

Carlos Levín, Establecimiento Apícola Río Negro, General Roca.

Cuando el primer pallet de miel orgánica producido en la Patagonia comenzó su viaje hacia Japón, no solo partían cientos de frascos cuidadosamente acondicionados. También lo hacían décadas de trabajo, aprendizaje y perseverancia de una empresa familiar nacida en General Roca que decidió apostar por un mercado considerado uno de los más exigentes del mundo.

Carlos Levín, titular del Establecimiento Apícola Miel Río Negro, todavía recuerda el momento en que recibió la confirmación de compra. Habían pasado varios años de gestiones, participación en rondas internacionales de negocios, desarrollo de nuevos productos, adaptación de envases y un largo proceso administrativo. El desafío finalmente se convertía en realidad.

Nosotros estamos abriendo un camino, haciendo un pedazo de historia”, resume con satisfacción.

No se trata solamente de una exportación. Para Levín, y toda la gente que acompañó este proceso, incluidas sus hijas Ana Sofía y Lucia Verónica, un equipo de dos empleados, y el apoyo incondicional de su esposa Patricia, representa la posibilidad de demostrar que desde el Alto Valle pueden desarrollarse alimentos diferenciados capaces de competir en los mercados internacionales más exigentes.

Un trabajo de años



La historia no empezó con el pedido de compra sino varios años antes. En 2022, Miel Río Negro participó de una presentación organizada por la Embajada Argentina en Tokio destinada a empresarios japoneses interesados en importar miel argentina.

En Miel Río Negro hubo que armar toda la logística para poder exportar por primera vez a Japón.


La empresa integró aquella misión gracias al trabajo desarrollado dentro de la Cámara Argentina de Fraccionadores de Miel, entidad que Levín preside, y a la participación en una comisión mixta entre el sector privado y la Cancillería para promover las exportaciones.

«Quien me acompañó desde el 2022 para la presentación en la Embajada Argentina en Tokio es el licenciado Gonzalo Ávila. Él hizo el contacto y seguimiento hasta la llegada de la miel a Japón y su posterior distribución», cuenta Levín.

Aquella videoconferencia fue el primer paso. Los representantes japoneses analizaron la empresa, estudiaron las fichas técnicas, evaluaron el producto y realizaron devoluciones muy positivas.

Pero, como suele ocurrir en el comercio internacional, el interés no significó una venta inmediata. “La exportación es una palabra larga. Implica tiempo, trabajo, esfuerzo, dedicación y transparencia”, explica Levín.

“La exportación es una palabra larga. Implica tiempo, trabajo, esfuerzo, dedicación y transparencia”.

Carlos Levín, de Establecimiento Apícola Río Negro.

Pasaron casi tres años hasta que, a fines del año pasado, llegó un correo electrónico. “El 18 de diciembre me llegó el pedido firme de cotización y la confirmación de compra. Ahí terminó el sueño de salir de vacaciones y empezó otra aventura”, recuerda el empresario.

Preparar todo desde cero



La empresa estaba preparada para vender en el mercado interno, pero exportar implicó reorganizar absolutamente todo. Hubo que diseñar cajas especiales, conseguir pallets certificados internacionalmente, adaptar la logística, cumplir con exigencias sanitarias, preparar la documentación y coordinar cada etapa del proceso. Nada podía quedar librado al azar.

Afiches con los detalles del producto en japonés.


Cada detalle cuenta. El pallet no puede ser cualquiera. Las cajas tampoco. Todo tiene que cumplir normas internacionales”, detalló Levín. Las cajas fueron fabricadas en Bahía Blanca. Los pallets certificados se adquirieron en una empresa del Parque Industrial de General Roca.

La documentación sanitaria fue tramitada mediante el Instituto Nacional de Alimentos y, según destaca Levín, el certificado fue emitido en apenas 72 horas. En esta parte el empresario mencionó el acompañamiento de la certificadora Food Safety S. A., quien a través de la médica veterinaria Susana Gerlero y el ingeniero agrónomo Javier Córdoba estuvo en todo el proceso de certificación.

“Cada detalle cuenta. El pallet no puede ser cualquiera. Las cajas tampoco. Todo tiene que cumplir normas internacionales”.

Carlos Levín, de Establecimiento Apícola Río Negro.

Una vez finalizados todos los trámites referentes a la exportación de miel, la carga partió desde General Roca hacia Neuquén, continuó a Mendoza, cruzó la cordillera hacia Chile y finalmente salió por barco rumbo al continente asiático. Sin embargo, la travesía sufrió demoras inesperadas por la reprogramación de rutas marítimas internacionales.

El producto llegó finalmente al mercado japonés el 1 de junio de este año, más precisamente al puerto de Osaka.

Más que vender miel



Para Levín, Japón nunca fue un destino elegido al azar. Es un país con fuerte cultura de consumo de miel, gran valoración por los alimentos naturales y un creciente interés por los productos orgánicos. “Ellos compraron el paquete completo: una miel orgánica certificada y además el valor que representa la Patagonia”.

Miel orgánica de Río Negro, Patagonia, con destino a Japón.


La marca “Miel Orgánica de la Patagonia” terminó siendo un diferencial decisivo. Según explica, el consumidor japonés asocia la Patagonia con naturaleza, pureza y calidad. “No quiero competir con productos de batalla. Quiero competir donde podamos diferenciarnos”, cuenta el exportador.

Esa estrategia permitió ingresar directamente a comercios especializados donde el producto ocupa espacios destacados.

“Acá muchas veces hay que pelear para conseguir que pongan dos frascos en una góndola. Allá encontré cuarenta frascos exhibidos de frente con un cartel exclusivo para nuestra miel. Eso habla del valor que le dieron al producto”, explica.

La apuesta por la calidad



La miel enviada a Japón proviene de apiarios ubicados en Aluminé, Neuquén, donde trabajan desde hace más de tres décadas los productores Gustavo Sangiugliani y Sebastián Wouterlood. Levín es el encargado del procesamiento, envasado y despacho del producto terminado.

Carlos Levín, el impulsor del envío de miel de la Patagonia a Japón.


En todo esto “hay dos protagonistas fundamentales: las abejas y los apicultores”. Se trata de una miel orgánica certificada que además supera numerosos análisis físicos, químicos y microbiológicos para garantizar la ausencia de residuos de agroquímicos y cumplir con las exigencias del mercado japonés.

La empresa también comercializa miel cremosa, un producto elaborado completamente en frío, mediante un proceso que demanda muchas más horas de trabajo que la miel líquida. “No está hecha con inteligencia artificial ni en una fábrica. La produce la mayor fábrica natural que existe: la colmena”.

Innovar para seguir creciendo



Esta primera operación fue apenas el comienzo. Los compradores japoneses ya solicitaron nuevas muestras y mostraron interés en incorporar otras variedades. Entre ellas aparece una miel monofloral desarrollada especialmente para ese mercado.

Si el primer pedido fue un pallet, el siguiente puede ser un contenedor. Ahí cambia toda la ecuación”, dice Levín con entusiasmo.

Mis viejos deben estar aplaudiendo hace rato. Ellos también llegaron a Japón conmigo».

Carlos Levín, de Establecimiento Apícola Río Negro.

Mientras tanto, Levín continúa pensando nuevos desarrollos comerciales. Incluso proyecta una línea de miel vinculada al tango, otra de las pasiones que Japón mantiene desde hace décadas.

Cada etiqueta incorpora un código QR que cuenta la historia del producto e incluso reproduce “Adiós Pampa Mía”, uno de los tangos más conocidos por el público japonés. “Cuando uno entiende la cultura del cliente empieza a vender mucho más que un alimento”, sostiene.

32 colmenas que marcaron su historia productiva



Mientras recuerda el recorrido realizado, Levín vuelve inevitablemente al comienzo. Tenía apenas 13 años cuando empezó a trabajar junto a su padre.

En 1985 llegó al Alto Valle con apenas 32 colmenas y una idea fija: construir una empresa capaz de agregar valor a la producción regional. Más de cuatro décadas después, aquellos primeros cajones dieron origen a una marca que hoy logró llegar al otro extremo del planeta.

Para el empresario, la mayor satisfacción no pasa solamente por haber concretado una exportación. Consiste en demostrar que desde General Roca y desde la Patagonia es posible competir con productos de excelencia, abrir nuevos mercados y construir oportunidades para toda la cadena apícola. “Esto es una puerta abierta, ahora hay que seguir agrandándola.”

Mis viejos deben estar aplaudiendo hace rato. Ellos también llegaron a Japón conmigo”, finalizó.


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Cuando el primer pallet de miel orgánica producido en la Patagonia comenzó su viaje hacia Japón, no solo partían cientos de frascos cuidadosamente acondicionados. También lo hacían décadas de trabajo, aprendizaje y perseverancia de una empresa familiar nacida en General Roca que decidió apostar por un mercado considerado uno de los más exigentes del mundo.

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