Especialista chilena expuso en Roca sobre los desafíos de la fruticultura en la región: «El Alto Valle tiene todo un potencial de crecimiento»
La doctora en ciencias de la agricultura Karina Buzzetti participó en una jornada organizada por el CPIA y Syngenta sobre el manejo integrado de plagas. En dialogo con Diario RÍO NEGRO, destacó la importancia de optimizar los programas fitosanitarios para elevar la calidad, reducir costos y responder a las exigencias climáticas y de exportación.
Durante el encuentro, Buzzetti habló sobre las principales plagas que afectan los cultivos de pepitas. Foto: Juan Thomes.
Este martes, General Roca fue sede una Jornada de Actualización Técnica que reunió a profesionales y técnicos vinculados a la actividad frutícola en el Alto Valle, organizado por el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica de Río Negro (CPIA) y la empresa agrícola Syngenta.
La jornada tuvo el objetivo de poner en discusión herramientas fundamentales para la toma de decisiones sanitarias, como el monitoreo de plagas y el seguimiento particular de cada establecimiento. Además, fue una oportunidad para exponer los distintos productos disponibles que hay en el mercado para el rubro.
El encuentro, desarrollado en el Auditorio del Diario RÍO NEGRO, contó con la exposición central de Karina Buzzetti, doctora en ciencias de la agricultura. Desde su experiencia en la agricultura chilena, repasó las principales plagas que afectan a los cultivos de pepita y trazó puntos de contacto y diferencias con la realidad productiva argentina.

La especialista también puso el foco en la evolución de los programas fitosanitarios y en cómo las exigencias legales y técnicas fueron moldeando las estrategias de manejo. La discusión apuntó así hacia una agricultura que requiere decisiones cada vez más específicas.
Tras su exposición, Karina Buzzetti conversó con este medio sobre las diferencias y similitudes entre los sistemas productivos de Chile y Argentina, el potencial que ve en el Alto Valle y los desafíos que atravesará la región durante los próximos meses.
Entrevista a Karina Buzzetti
PREGUNTA: ¿Cuáles fueron los ejes de la jornada?
RESPUESTA: Se abordaron las principales plagas que afectan los cultivos de pepitas, tanto en Chile como en Argentina. Entendiendo que nuestras realidades pueden tener similitudes y diferencias. De la experiencia que ha tenido la agricultura en Chile, se buscó poder transmitirles el crecimiento, tanto de cómo se han madurado los programas fitosanitarios, cómo han decantado las restricciones entre los aspectos legales, hasta los aspectos técnicos que nos competen.
P: ¿Cuáles son las principales diferencias que ves entre Chile y Argentina en este aspecto?
R: Chile tiene un marco legal en términos del uso de los plaguicidas que es exigente respecto a la cantidad de regulaciones que hay que cumplir, además de que está concentrado en la exportación del fruto. Por lo tanto, estamos mucho más restringidos. Ahora, cuando tú tienes una producción local como le ocurre a Argentina, que está orientada por ejemplo a la agroindustria, ahí volvemos a parecernos. Porque la agroindustria, con la producción de jugos, también es muy restringida, ya que no le gusta tener ni plagas, ni le gusta tener residuos detectados de la fruta. Entonces, ahí podemos volver a coincidir. ¿Cuándo nos diferenciamos? Cuando la fruta se queda en un mercado interno que puede ser interesante, porque el mercado interno tiene más tolerancia a tener insectos o a tener residuos, dependiendo de la realidad. Es un control menos estricto y necesitan menos aplicaciones.

P: ¿Cuál es el panorama que ves en el Alto Valle?
R: Tienen un potencial de crecimiento tan grande que es muy interesante, porque de partida tienen algo que es de gran valor. Tienen la misión de alimentar —que es el gran valor y desafío— y el compromiso que está involucrado en ello. El mismo interés que tuvo la charla refleja un compromiso desde los mismos productores y desde los equipos técnicos de poder ir mejorando quizás algunas prácticas. Entonces, el potencial es enorme. Argentina es un país que tiene todo para poder crecer, pero tiene obviamente limitantes que son propios de la producción. Está, por un lado, lo que es costos, la parte que tiene que ver con los cumplimientos normativos, que de todas maneras hay que considerarlos y ponernos en discusión, como el hecho de tener plagas que muchas veces no las esperamos. Las plagas no son tan predecibles como nosotros quisiéramos, uno puede tratar de trabajar con alertas, con monitoreo, con estas revisiones tempranas, pero eventualmente siempre va a haber algún factor que uno no puede controlar: clima, movimiento de plagas, contaminación cruzada de insectos, etc. Es ahí donde tiene todo un potencial de crecimiento para trabajar en conjunto como Alto Valle.
P: ¿Cuál considerás que es el manejo sanitario ideal para la región?
R: Lo planteo en tres aspectos. El primero incluye el diagnóstico personalizado sobre cuáles son realmente sus riesgos, y eso incluye también conocer a sus vecinos. El segundo es un manejo integrado que respete el posicionamiento de la herramienta en los momentos que sean de menor impacto contra los enemigos naturales. O sea, no solo solucionar un tema de forma puntual, sino ir mejorando el manejo en conjunto. Y el tercero es esta optimización que lleva a una reducción de costos del programa fitosanitario, puesto que requieren menos intervenciones o están mejor utilizados los recursos. Si no se optimiza por costo, se optimiza por rentabilidad o por el hecho de que tienes una mejor calidad de la producción final. Son esos tres puntos.
P: El Servicio Meteorológico Nacional prevé una primavera con una mayor cantidad de lluvias y temperaturas más bajas. Con ese panorama ¿Qué cosas hay que tener en cuenta desde la producción?
R: Desde mi punto de vista, obviamente pueden aumentar los riesgos de desarrollo de enfermedades. Ahora, en el caso de las plagas, hay conceptos que los tratamos muy bien en la charla y que tienen que ver con las propiedades químicas, en cuanto se utilicen. Inclusive, hablando de bioplaguicida, si tú tienes un producto que no está formulado para resistir el efecto del lavado que tiene la lluvia, puede que tú quedes con la percepción de que controlaste, porque hiciste una aplicación, una intervención fitosanitaria, pero que en realidad la lluvia degradó ese producto, lo lavó y quedas nuevamente desprotegido. Entonces, debe considerarse cuándo ocurren esas lluvias y en qué cantidad, para saber si es que puede o no afectar los tratamientos que ustedes ya llevan haciendo.

P: ¿Cómo influye este marco en la proliferación de hongos o de insectos?
R: Las condiciones de alta humedad en primavera, con temperaturas más cálidas, suele ser de mayor incidencia de hongos. Cuando hace más frío, pero con humedad alta, puede haber proliferación de bacterias, por ejemplo. De todas maneras podemos tener situaciones limitantes, que también van a tener que estar observando constantemente. El concepto del monitoreo es algo permanente de ahora en adelante, tanto para plagas, enfermedades u otros.
P: ¿Qué más hay que tener en cuenta?
R: Dentro de esto nosotros estamos trabajando muy fuerte en el uso responsable de plaguicidas, que no es sólo utilizarlo como decía, sino utilizarlo simplemente porque sí. Es saber si tengo la necesidad, en el fondo del diagnóstico, trabajar enseñando en la parte de educación de aspectos técnicos y también de los riesgos. Y obviamente la optimización del uso, que es esta transferencia que se ha hecho hoy en día, tiene esa relevancia.
Este martes, General Roca fue sede una Jornada de Actualización Técnica que reunió a profesionales y técnicos vinculados a la actividad frutícola en el Alto Valle, organizado por el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica de Río Negro (CPIA) y la empresa agrícola Syngenta.
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