«Quedate un día más»: el recuerdo de Mara Salto, la joven de Cipolletti que identificaron en el centro clandestino La Perla de Córdoba
Un pequeño hueso del pie izquierdo y un sorpresivo mensaje de WhatsApp terminaron con medio siglo de búsqueda para una de las familias históricas de Cipolletti. Quién era la joven estudiante de Medicina identificada en el ex centro clandestino La Perla.
María Luisa, Mara, Salto tenía 20 años cuando fue secuestrada por la dictadura militar. Foto: gentileza
Un mensaje de WhatsApp desde un número desconocido irrumpió el jueves 15 de octubre en el teléfono de Nina Salto. En tiempos de estafas virtuales, dudó en abrirlo. Era del Juzgado Federal de Córdoba y pedía una comunicación urgente. Diez segundos después de llamar, un funcionario judicial le confirmó lo que esperó durante 50 años.
María Luisa «Mara» Salto, la joven de Cipolletti, hija del exintendente Julio Dante Salto y desaparecida por las fuerzas militares desde 1976 había sido identificada por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
La identificación se logró con un 99,9% de compatibilidad genética de un pequeño hueso del pie izquierdo de Mara. La esperanza de encontrarla nunca se había apagado.
«Yo siempre dije: la vamos a encontrar, yo no me voy a morir sin que haya aparecido», relató Nina Salto, su hermana en diálogo con Diario RÍO NEGRO sobre la incansable búsqueda para saber la verdad sobre lo que había pasado con Mara durante la dictadura cívico-militar que inició en 1976.
«Pude abrazarme con mi hijo y lloré, me salió así. Era una cosa impresionante, porque vos llorás por un montón de cosas, lloras por cincuenta años», confesó.
«Quedate un día más»: cómo fue la última vez que vieron con vida a Mara en Córdoba
La última vez que Nina vio a su hermana fue en el cumpleaños de la menor de la familia. Mara estaba parando en su casa porque su propio domicilio ya estaba «marcado». El 27 de julio de 1976, Nina le pidó que no saliera: «Quedate un día más, está todo muy bravo».
Fiel a su compromiso con la Juventud Universitaria Peronista (JUP), Mara se negó. «Tengo que ir a la cita de control», respondió, en referencia a los encuentros pautados para verificar que los compañeros militantes no hubieran sido secuestrados. Nunca volvió.
Dos días después, el Ejército allanó la vivienda donde residía.
La búsqueda familiar fue inmediata y temeraria. Su hermano mayor, el «Flaco» Salto (médico residente en Córdoba), se presentó en el Tercer Cuerpo del Ejército a exigir respuestas. Por su arrojo, fue despedido de su trabajo.
A pesar de haber sufrido un ACV tiempo después, continuó buscándola «con el pensamiento», aferrado a la idea de que estaba exiliada en Europa. Fue a él, el histórico buscador de la familia, al primero que Nina le comunicó el hallazgo del EAAF.
«Esperaba que me golpeara la puerta», fue su respuesta al enterarse.
El horror de La Perla y las huellas del ocultamiento
Sin dimensionar inicialmente la existencia de los campos de concentración, la familia creyó que Mara estaba exiliada. La dura verdad llegó en los años 80 con el testimonio de Graciela Geuna, sobreviviente de La Perla.
Geuna confirmó que Mara estuvo cautiva allí unos 20 días. Luego la subieron a un camión. El vehículo regresó vacío a los 20 minutos.
El reciente trabajo del juzgado a cargo de Hugo Vaca Narvaja en la causa «Enterramientos Clandestinos» destapó los detalles de ese crimen cometido durante la dictadura militar.
- La fosa original: los restos estaban en los hornos de la Loma del Torito, dentro de la guarnición militar «La Calera».
- El encubrimiento de 1979: ante la histórica visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), los militares removieron la fosa con maquinaria pesada y trasladaron los cuerpos para ocultar el delito.
- El rastro forense: ese trabajo «desprolijo» dejó pequeños fragmentos óseos en el lugar, que hoy permiten al EAAF devolver identidades.
«No me digan que ahora vamos a tener paz. Pasé de tener una hermana desaparecida a una asesinada por el terrorismo de Estado», reflexionó Nina.
Y detalló el peso de la noticia: «Te mezcla tantas cosas, porque ahí viene el recuerdo de si habrá tenido hambre, frío, miedo, su dolor físico, su dolor psíquico… no tenés mucha paz, ni se cierra nada».
Ante las pruebas forenses irrefutables recuperadas por el juzgado de Hugo Vaca Narvaja, Nina fue contundente: «¿Quién niega que acá hubo una dictadura genocida? Ya es innegable».
Las «urracas» alfabetizadoras y un legado imborrable: el paso de Mara Salto por Cipolletti
Antes de convertirse en bandera de los Derechos Humanos, Mara era una adolescente tímida y estudiosa que tarareaba «Celos de mi guitarra» de José Luis Perales.
Con Nina, a quienes sus hermanos apodaban «las urracas», compartían todo. Incluso el miedo: la última película que vieron juntas fue Nazareno Cruz y el Lobo, tras meterse de prepo a un cine para ocultarse de un operativo de Falcon verdes en plena Córdoba.
Hijas de Julio Dante Salto (médico y exintendente protagonista del histórico Cipolletazo), ambas empezaron a militar a los 14 años. Como alfabetizadoras barriales en La Costa, enseñaban a leer a los adultos mayores.
La militancia y la resistencia atravesaron a toda la familia. Su hermana María Emilia «Beba» Salto —exconcejal de Neuquén capital— es sobreviviente de los centros clandestinos patagónicos y brindó un testimonio clave en los juicios de lesa humanidad de Bahía Blanca, tanto por su caso como por el asesinato de Daniel Bombara en «La Escuelita».
El legado de Mara, cuyo nombre integra el memorial de los 16 desaparecidos de Cipolletti, no se detuvo. En los años 2000, el sobrino nieto de Mara ya marchaba a los 3 años de edad sosteniendo su foto. «Ha trascendido la generación, el tema obviamente», reflexiona Nina.
El anuncio oficial de las identidades confirmadas en la Perla y lo que viene
La confirmación pública se realizará este viernes a las 9 de la mañana en los Tribunales Federales de Córdoba, donde el juez Vaca Narvaja anunciará la identidad de Mara junto a la de otros siete desaparecidos. La familia Salto viajará en pleno para la ocasión.
Mientras tanto, los antropólogos continúan trabajando 24/7 en el terreno cordobés, sorteando las recientes lluvias, ante la firme posibilidad de hallar más restos de la joven cipoleña. Una vez que finalicen las tareas, la familia cumplirá su última promesa: traerla de regreso a Cipolletti para que descanse junto a sus padres.
Un mensaje de WhatsApp desde un número desconocido irrumpió el jueves 15 de octubre en el teléfono de Nina Salto. En tiempos de estafas virtuales, dudó en abrirlo. Era del Juzgado Federal de Córdoba y pedía una comunicación urgente. Diez segundos después de llamar, un funcionario judicial le confirmó lo que esperó durante 50 años.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios