Dejó la Policía, construyó una casa con sus propias manos y ahora da clases de yoga en Traslasierra
Tras 25 años en la fuerza y un profundo dolor por la muerte de su hijo, Pablo Ibaceta encontró paz en las sierras de Córdoba junto a su esposa Patricia. Cómo levantó su hogar con materiales reciclados: "Las paredes las hice con pasto del vecino".

Tras jubilarse de la Policía Federal y atravesar la dolorosa pérdida de su hijo Nahuel, Pablo Ibaceta vendió sus pertenencias en la provincia de Buenos Aires y se instaló en Villa Las Rosas, Córdoba. Allí levantó su vivienda mediante técnicas de bioconstrucción, utilizando barro, madera reciclada y materiales descartados.
El cambio no fue repentino, sino el resultado de un proceso interno. Tras 25 años en la fuerza, el agotamiento laboral dio paso a otra búsqueda: «Los últimos años en la fuerza ya no estaba siendo feliz. Había algo que me estaba avisando que necesitaba otro camino», recordó Ibaceta.

Junto a su esposa Patricia, comenzó a estudiar yoga. «Ambos decidimos estudiar yoga y nos recibimos como profesores. Empecé a conectar con una parte más espiritual y consciente de mí mismo. Sin saberlo, me estaba preparando para lo que vendría después», dijo a Infobae.
El proceso de construcción y los materiales
La vivienda se encuentra emplazada a unos dos metros de altura, sostenida sobre una estructura de pilotes de madera. Para levantar los muros se aplicaron técnicas de bioconstrucción que priorizan el uso de recursos locales y la reutilización de elementos descartados para minimizar el impacto ambiental.


El método contempló la mezcla de barro y fibras vegetales obtenidas del entorno inmediato. Al detallar el origen de los insumos para los cerramientos, Ibaceta sintetizó: «Hice las paredes con el pasto del vecino».
La llegada a Traslasierra y la reconstrucción
La radicación en el valle cordobés se concretó tras una serie de vivencias asociadas a un profundo dolor familiar y a la necesidad de hallar un refugio para sanar. Al arribar a Villa Las Rosas durante un viaje de introspección, el impacto emocional fue determinante para definir el destino.
«Estábamos caminando por la plaza y me puse a llorar. Se me erizó la piel. Miré a Patricia y le dije: ‘Es acá. Este va a ser nuestro nuevo lugar para vivir'», relató.


Con el terreno adquirido a través de un contacto local, la casa quedó finalizada consolidando un espacio de residencia permanente. Lejos del ruido urbano, la rutina actual combina la vida en contacto con la naturaleza, la meditación y el dictado de clases de yoga, orientando su día a día hacia el bienestar y la superación personal.
Parte de los fondos para levantar el nuevo hogar provinieron del seguro tras la muerte de su hijo, un hecho que redefinió por completo el sentido del espacio. Al respecto, reflexionó: «Transformé ese dolor en este lugar. No busco hacer un negocio. Quiero que la gente encuentre herramientas que a mí me ayudaron cuando estaba roto».

Tras jubilarse de la Policía Federal y atravesar la dolorosa pérdida de su hijo Nahuel, Pablo Ibaceta vendió sus pertenencias en la provincia de Buenos Aires y se instaló en Villa Las Rosas, Córdoba. Allí levantó su vivienda mediante técnicas de bioconstrucción, utilizando barro, madera reciclada y materiales descartados.
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