Del catálogo al viento de la Patagonia: la mirada de un arquitecto neuquino sobre el «boom» modular

Frente al desembarco de sistemas industrializados en la región, un profesional de Neuquén analiza por qué el análisis no debe limitarse al costo inicial y propone las preguntas clave para evaluar el clima, el suelo y el futuro del proyecto de vida.

Por Guillermo Lagger

Glamni es una de las empresas chinas que más creció al automatizar la produccón de casas plegables al estilo de las automotrices.

La creciente aparición de viviendas industrializadas en Argentina, particularmente aquellas provenientes de sistemas constructivos desarrollados en China, ha generado un importante debate dentro del sector de la construcción y entre potenciales compradores. Sin embargo, antes de emitir una opinión sobre estos productos o compararlos con los sistemas tradicionales, considero que existe una pregunta previa mucho más importante que cualquier análisis comercial o económico: ¿Qué significa una vivienda para quien va a habitarla?



La vivienda trasciende ampliamente la idea de un simple objeto construido. En ella confluyen aspectos emocionales, familiares, culturales, laborales y patrimoniales.


Existen viviendas concebidas para una familia que crecerá con el tiempo, viviendas vinculadas a actividades profesionales, viviendas pensadas para el retiro o incluso para ser transmitidas a futuras generaciones.

Por ello, antes de elegir cualquier sistema constructivo (desde una vivienda tradicional ejecutada in situ hasta una solución completamente industrializada, pasando por múltiples alternativas intermedias) resulta fundamental reflexionar sobre cuál es la visión de vivienda que se desea construir para el presente y para el futuro.

Por otro lado: ¿Qué quiero de mi vivienda para los próximos 10, 30 o 50 años?

En la cultura argentina, la vivienda suele concebirse como una inversión de largo plazo, muchas veces asociada al proyecto de vida de una familia. Desde esa perspectiva, el análisis no debería limitarse exclusivamente al costo inicial.

La cuestión económica es importante, sin duda. No obstante, cuando el análisis se reduce únicamente al argumento de que un sistema es «más barato», se corre el riesgo de dejar de considerar factores que, a largo plazo, pueden resultar determinantes tanto en términos económicos como de calidad de vida.


Entre los aspectos que deberían evaluarse aparecen cuestiones relacionadas con el diseño arquitectónico y la implantación del proyecto, por ejemplo:

  • ¿Cumplen con los estándares de eficiencia energética vigentes?

    Otro aspecto relevante es el relacionado con los sistemas de climatización. Si la
    vivienda incorpora equipos para calefacción o refrigeración, es importante
    comprender:
  • Qué vector energético requieren (gas, electricidad, otros).
  • Qué tecnología utilizan.
  • ¿El terreno está entre medianeras o se encuentra aislado?
  • ¿Se trata de un lote en esquina?
  • ¿Existe una topografía particular que deba respetarse o aprovecharse?
  • ¿Hay visuales destacadas que se quiera incorporar al proyecto?
  • ¿Cómo inciden los vientos predominantes?
  • ¿Cuál es la orientación solar más favorable?

    Estas variables forman parte de cualquier proyecto arquitectónico bien desarrollado y condicionan significativamente el comportamiento futuro de la vivienda.

    Del mismo modo, resulta pertinente preguntarse si estos sistemas industrializados contemplan aspectos vinculados con la eficiencia energética y el confort ambiental, por ejemplo:
  • ¿Aprovechan adecuadamente la radiación solar durante el invierno?
  • ¿Incorporan estrategias para evitar el sobrecalentamiento en verano?
  • Cuál será su costo operativo en el contexto energético argentino.
  • Si existen alternativas más eficientes o convenientes para la región donde se implantará la vivienda.

    Muy importante es considerar los aspectos legales y administrativos:
  • ¿Se encuentran adaptados a las normativas sísmicas, eléctricas y constructivas argentinas?
  • ¿Poseen aptitud técnica?
  • ¿Consideran las gestiones administrativas municipales y de los colegios profesionales?

    La etapa posterior a la compra también merece una reflexión. Al tratarse de
    productos industrializados, surge una pregunta inevitable: ¿Existe un servicio de postventa adecuado?

    Y en caso de requerirse mantenimiento, reparaciones o reemplazos: ¿Podrán realizarse utilizando materiales, mano de obra y tecnología disponibles
    localmente?

    La durabilidad y el mantenimiento de los componentes son variables que deben
    formar parte de cualquier análisis integral.

    Las necesidades habitacionales cambian con el tiempo. Las familias crecen, aparecen nuevos usos y surgen requerimientos distintos a los originalmente previstos. Por ello, es válido preguntarse:
  • ¿El sistema permite ampliaciones futuras?
  • ¿Existen módulos compatibles para incorporar posteriormente?
  • ¿Puede integrarse con sistemas constructivos convencionales desarrollados en el país?
  • ¿Qué nivel de flexibilidad ofrece para adaptarse a nuevas necesidades?

    En definitiva, las viviendas industrializadas constituyen una alternativa más dentro del amplio universo de soluciones habitacionales disponibles actualmente.

    No se trata de determinar si son buenas o malas en términos absolutos. La verdadera cuestión consiste en comprender si responden adecuadamente a las necesidades, expectativas y objetivos de quien va a habitarlas.

    Por eso, antes de dejarse llevar exclusivamente por argumentos comerciales o publicitarios, resulta conveniente detenerse y formular las preguntas correctas.

    Las respuestas a esas preguntas serán las que permitan determinar cuál es el sistema de vivienda más adecuado para cada caso particular.

    * Guillermo Laggrr es arquitecto – certificador, docente y auditor del Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas (PRONEV) – Docente en la EDH.


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