El Gran Premio de la Confluencia se metió en el mapa de los históricos

En su primera edición, el Gran Premio logró combinar organización, precisión deportiva y paisajes exigentes, con una convocatoria que desbordó previsiones y confirmó el crecimiento de los autos clásicos en la región.

Por Redacción

El campeonato, que comenzó en marzo, transita su etapa final. El 20 de septiembre se disputará la última fecha, donde se definirán cinco de los seis campeones.

El Gran Premio de la Confluencia tuvo un debut que dejó huella. Para Juan Lamborizio, miembro de Escudería Patagonia y comisario deportivo de la prueba, la repercusión “superó ampliamente nuestras expectativas”. La explicación, según detalla, está en un concepto clave: se trató del “gran premio de casa”, una condición que llevó al equipo organizador a redoblar esfuerzos en cada aspecto del evento.

“Pusimos especial énfasis en cada detalle”, asegura a diario Río Negro. Ese trabajo se reflejó, sobre todo, en el desarrollo deportivo. La medición y la elaboración de las hojas de ruta fueron puntos centrales, en línea con el estándar que la entidad busca sostener. Aunque la competencia es un paseo regulado, Lamborizio remarca que la precisión en ese documento resulta determinante para que la regularidad se desarrolle correctamente.

El entusiasmo que generó esta primera edición también se tradujo en números. “Tuvimos que ampliar el cupo de participantes”, cuenta, y agrega que incluso hasta el último día siguieron llegando consultas de interesados en sumarse. La convocatoria, sumada al clima de camaradería, dejó un balance más que positivo: “No solamente por la cantidad de participantes, sino por la posibilidad de reunir a grandes amigos y sumar nuevos a esta actividad”.


Un parque que cuenta historias


En paralelo a la organización, Lamborizio debió asumir un rol clave como comisario deportivo, encargado del desarrollo integral y la fiscalización de la prueba. Esa responsabilidad le impidió, según admite, compartir tanto tiempo con los participantes y conocer en profundidad las historias detrás de cada auto.

Aun así, hubo un aspecto que volvió a destacarse: la diversidad. “Nos sorprendió la enorme variedad del parque automotor”, señala. Desde una Chevrolet de 1946 hasta un Chevrolet Impala 1963, el evento reunió modelos de distintas épocas y estilos. A eso se sumaron marcas como Mercedes-Benz y BMW, junto con clásicos nacionales emblemáticos: Renault 12, Peugeot 504, Ford Falcon, Coupé Chevy y Coupé Torino, entre otros.


Cada uno de esos vehículos, destaca, encierra una historia propia. Aunque en esta edición no pudo profundizar en cada relato, el organizador remarca que ese es uno de los valores centrales de este tipo de encuentros: la conexión entre los autos, sus dueños y el público.

La Patagonia como desafío


El entorno fue otro de los grandes protagonistas. Para Lamborizio, la Patagonia ofrece un escenario difícil de igualar. “Sus paisajes y condiciones cambian prácticamente kilómetro tras kilómetro”, explica, y subraya que incluso dentro de la estepa neuquina cada tramo implica un desafío distinto.

Factores como el clima, el viento, las lluvias recientes y las variaciones de altimetría entre bardas obligan a una planificación minuciosa. “Para quienes organizamos estos eventos, todo eso implica un enorme trabajo de coordinación”, reconoce. Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, esas condiciones son parte de la esencia que distingue a la prueba.


El campeonato, que comenzó en marzo, transita su etapa final. El 20 de septiembre se disputará la última fecha, donde se definirán cinco de los seis campeones. Uno de los navegantes ya se aseguró el título de manera anticipada, mientras que el resto de las categorías llega con definiciones abiertas.


Recorrer distintos puntos de la provincia a lo largo de seis fechas representó un desafío tanto para los participantes como para la organización. Pero el balance, insiste Lamborizio, es ampliamente positivo: “Es un gran placer compartir esta actividad con gente extraordinaria”. En ese espíritu, la Escudería Patagonia no solo construye competencias, sino también una comunidad que crece carrera tras carrera.


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