“Benedicto XVI denunció la hipocresía”

Por Redacción

El Papa recordó, el Miércoles de Ceniza, que Jesucristo había condenado la hipocresía religiosa, el comportamiento de quienes buscan el aplauso. Sin dudas se refirió a Jesucristo, que les dijo hipócritas a los fariseos. Toda la biografía de Jesús de Nazareth como hombre se puede resumir en esta fórmula: “Fue el Mesías y luchó contra los fariseos”, nos dice el padre Castellani. La vida de Cristo no fue un idilio ni una elegía, sino un drama: no hay dramas sin antagonistas. El antagonista de Cristo, vencedor en apariencia, fue el fariseísmo. El fariseísmo es el gusano de la religión. Es la soberbia religiosa, es la corrupción más sutil y peligrosa de la Verdad más grande. El fariseísmo es un vicio espiritual, es decir, diabólico, continúa diciendo Castellani. El fariseísmo es el famoso pecado contra el Espíritu Santo, “que no tiene perdón en esta tierra ni en la otra. El fariseísmo es eterno. La decadencia de la religión es fariseísmo. Los fariseos se creen justos, de modo que engañan a los demás, comenzando por engañarse a sí mismos. Dijo el Papa: “…pienso en particular en los atentados contra la unidad de la Iglesia y en las divisiones del cuerpo eclesial”. No tengo dudas de que Benedicto XVI está acorralado por los fariseos, como lo estuvo Jesucristo. Es el drama de Cristo y de su Iglesia. Benedicto XVI tuvo el coraje de levantar la excomunión a los obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, ordenados por monseñor Lefebvre. Esta actitud le valió el reproche de muchos. “Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que hoy nos encontramos depende en gran parte del derrumbe de la liturgia” (esto lo afirmó Benedicto XVI). “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado también para nosotros sigue siendo sacro y grande, y no puede ser repentinamente prohibido por completo o incluso juzgado dañoso” (carta de Benedicto XVI a los obispos en la ocasión de la publicación del Motu Proprio del 7/7/07). El Papa reafirmó la vigencia del Misal de San Pío V, de la misa en latín, que fue recibido con alegría por los católicos tradicionalistas. Este gesto público y valiente le atrajo más enemigos dentro de la Iglesia. El Papa buscó la unidad católica en la verdad. Pero su decisión no fue aceptada en la Curia Romana. Por primera vez un papa agobiado por los escándalos de los sacerdotes en todo el mundo acusados de pederastas u homosexuales intentó sin éxito aplicar sanciones y no esconder a los culpables. Se le vino encima la negativa de los obispos y las conferencias episcopales a dejar a la luz y la Justicia civil estos escándalos de los eclesiásticos. La complicidad de obispos en el ocultamiento de tan graves pecados públicos se extendió. A Benedicto XVI no le obedecían, lo traicionaban. Recuerdo un viaje a Roma que hice en el 2006 desde Santander. A la ida y a la vuelta me tocó de compañero de asiento un canónigo del episcopado español. Al regreso cambiamos información y cuando le toqué el tema de los escándalos en la Iglesia, de abusos de menores y homosexualidad, me contestó que cuando él le informaba a un señor obispo español de algún sacerdote que difundía falsa doctrina era sancionado, pero cuando informaba de un clérigo abusador, homosexual o degenerado, a los obispos les entraba por un oído y les salía por el otro su denuncia. Le pregunté por qué y me contestó: “Porque ellos tienen ese problema en sus pares y por sobre ellos (cardenales)”. Sé que es grave, pero es necesario que alguien lo diga. El escándalo del mayordomo del Papa, es obvio, no se reduce a él, dado que formó parte de una conjura contra Benedicto XVI. Es lo que el presbítero Julio Meinvielle llamó “complot contra la Iglesia”. El Papa ha estado rodeado de traidores. Julio Eduardo Posse, DNI 4.417.090 Bariloche

Julio Eduardo Posse, DNI 4.417.090 Bariloche