Coronavirus: el drama de recibir atención tardía o necesitar una cama en Bariloche

Con el aumento de contagios, se disparan diversos escenarios. Pacientes factores de riesgo que debieron atravesar neumonías en sus casas; otros sufrieron complicaciones y cuando los internaron, fue tarde.





Después de 10 días de síntomas fuertes tras un hisopado positivo de Covid-19, Alberto llegó a la guardia del Hospital Privado Regional (HPR). Como no había camas disponibles, el hombre de 76 años estuvo internado una noche en una de las camillas de la guardia hasta que pudieron trasladarlo a la sala. Su cuadro ya era grave y murió 15 días después.

Historias como las de Alberto se multiplican en las últimas semanas con la segunda ola que se traduce en un aumento estrepitoso de contagios y en más internaciones por casos comprometidos.

“Mi papá llegó tarde. Pero fue muy light el tema de la atención telefónica. Con su edad y los síntomas que tenía, lo mantuvieron en su casa. Llegó al hospital con una neumonía que ya no lo dejaba respirar”, cuestionó Natalia Gorbarán, su hija.

“Lo que no entiendo -añadió- es que hay muchos estudios de Conicet con ivermectina, por ejemplo, que evita la multiplicación del virus en el cuerpo para evitar que empeore. A mi papá, la médica no se lo quiso dar. Con plasma y suero equino, también hubo estudios exitosos aunque no suficientes”.

La familia se Alberto tomó la decisión de contactarse con un laboratorio en Buenos Aires que producía suero equino. “Nos dijeron que solo Río Negro y otra provincia no lo habían comprado pero que el resto de las provincias lo estaban usando”, contó y agregó: “Accedimos al suero pero mi papá ya estaba muy mal. Esto se usa los primeros cinco días de internación y mi papá ya llegaba a los 10. Todo muy tarde”.

La segunda ola también se llevó a un amigo de Alberto. Natalia contó que este hombre de 70 años terminó en la guardia donde le hicieron un hisopado y lo enviaron de vuelta a su casa. Como se sentía mal, le hicieron una placa que confirmó una neumonía. “Le dieron antibióticos pero volvieron a mandarlo a la casa. Siguió empeorando. La familia llamó a una ambulancia pero les dijeron que lo llevaran a la guardia porque ellos tenían orden de no llevar a nadie por la falta de camas. Murió al igual que mi papá”, dijo Natalia.

Dejaron a mi papá, de 76 años, esperando 10 días para ver si disminuían los síntomas. Llegó a la guardia sin poder respirar. En muchos casos, el personal hace lo que puede pero hay otras situaciones como éstas en la que se ignoran señales”.

Natalia Gorbarán

Días atrás, Genoveva, de 61 años, sintió un fuerte dolor de cabeza y dificultad para respirar. Con sus antecedentes de asma, concurrió de inmediato a la guardia de un centro privado.  “La llevamos al San Carlos y se encontró con una buena atención pero sin camas disponibles. Se consultó en otros centros pero la situación era la misma. Entonces, la dejaron en las camas de guardia pero sin certezas de que se liberara alguna cama”, contó Exequiel Díaz, su sobrino.

Dos días después, pudieron trasladarla a una sala. Exequiel reconoció que “la preocupación estaba en que se agravara el cuadro porque no iba a tener la atención necesaria. Pero por suerte, se estabilizó rápido”.

Cuando se agravan los síntomas

Doce días atravesó Gabriel con fiebre altísima que, por momentos, superaba los 39 grados. Tenía además, dificultades para respirar. Después de varios llamados al hospital, lo internaron con un cuadro de neumonía bilateral y asistencia respiratoria.

El 8 de abril, este hombre de 40 años arrancó con los primeros síntomas. Como la fiebre no bajaba y se agitaba, acudió a la guardia del hospital Ramón Carrillo donde solo consiguió un turno para hisoparse. Le indicaron que permaneciera aislado en su casa.

“Llamamos al hospital para consultar pero nos dijeron que eran los síntomas que iba a transitar. Como seguía mal, insistimos hasta que lo vino a buscar la ambulancia. Pero le aclararon que solo era para hisoparlo y no para revisarlo. Tuvo que hacer la fila con todos los demás por calle Moreno”, relató Marcelo Martínez, su hermano.

Por segunda vez, Gabriel se volvió a su casa pero como apenas podía caminar, se tomó un taxi. “En esas condiciones, transitó seis días más. Escribió varias veces al teléfono del hospital diciendo que se sentía mal, que le costaba respirar y que la temperatura no bajaba. Pero le insistían que eran síntomas normales del Covid”, recalcó Marcelo.

A la semana como el cuadro empeoraba, su familia insistió con el pedido de una ambulancia para poder trasladarlo. Le respondieron que no tenían y que “si ellos podían llevarlo, era lo mejor”. Esa tarde, con muchísima dificultad, Gabriel volvió a subir las escaleras de la calle Moreno. Adentro del hospital se lo llevaron en silla de ruedas a la guardia porque en el consultorio de respiratorios, no tenían oxígeno, añadió Marcelo. “Esperamos cinco horas hasta nos dijeron que tenía una neumonía grave con los dos pulmones afectados y era necesario internarlo”, detalló.

Estuvo internado ocho días en la Unidad de Cuidados Intermedios, con “bigotera” y máscara de oxígeno hasta que finalmente, obtuvo el alta médica. “Esos días, como nos quedamos sin contacto con él, nos dieron un teléfono para pasarnos los partes médicos a diario”, señaló Marcelo pero aclaró que “de los 8 días de internación, solo dos veces contestaron ante la insistencia de los parientes. Piden que trates de no ir pero nosotros nos vimos obligados a ir a diario para preguntar por el estado de salud de mi hermano”.

Paciente oncológica con neumonía aislada en su casa

Gabriela Borraro, integrante de la agrupación Nahuel Rosa, compuesta por pacientes oncológicas, contó que una compañera de 67 años sufrió una neumonía grave a raíz de un cuadro de Covid-19.

“Su hijo fue diagnosticado con Covid y ella empezó con síntomas. Estuvo siete horas en el HPR, le diagnosticaron neumonía pero le dijeron que no había camas así que la mandaron a aislarse a su casa pese a que es paciente oncológica y tiene diabetes”, especificó Borraro.

Le indicaron antibióticos, antivirales y corticoides. “Por suerte, está bien aunque bajó mucho de peso”, indicó y añadió: “No entramos en pánico pero te da miedo. Si se dio esta situación para ella, ¿qué le puede pasar a uno? En mi caso también, soy trasplantada, paciente oncológica y me pregunto cuándo llegará mi vacuna”, reconoció la mujer, de 55 años.

Marcelo era diabético, hipertenso y obeso. Un domingo después de jugar al fútbol, este hombre de 64 años arrancó con fiebre. Al día siguiente, el resultado del test rápido le confirmó lo esperable: Covid positivo.

“Se aisló en su casa pero nosotros notamos que se agitaba. Él decía que estaba bien hasta que un día dijimos basta y llamamos a una médica amiga. En seguida, se dio cuenta que no estaba saturando bien”, recalcó Florencia Richetti, su sobrina.

Llamaron de inmediato a una ambulancia pero no había ninguna disponible. Como Marcelo no tenía obra social y estaba a un mes de jubilarse, sus familiares lo llevaron en auto hasta la guardia del hospital Ramón Carrillo, donde quedó internado.

“No alcanzaba el oxígeno que le daban así que un martes a la noche nos mandó un mensaje diciéndonos que lo iban a entubar. Nos despedimos. Dos semanas estuvo así”. Marcelo no resistió.

En los últimos cuatro partes, los médicos ya reconocían que no había qué hacer. Los partes eran iguales para todos porque todo tenían los mismos síntomas. Por eso, es tan importante que la gente se cuide. Mientras esperábamos el parte, ves la realidad y la enfermedad te cambia la cabeza”, concluyó Richetti.


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