“¿Cuánto cuesta un café?”
Tuve que viajar por el día a Buenos Aires. Muy temprano –casi de madrugada– en el Aeropuerto pedí un café en jarrito y dos medialunas y pagué $ 27, pero es sabido que los precios en los aeropuertos –por misteriosas razones vinculadas a las tasas aeroportuarias– son más elevados. Ya en Buenos Aires y necesitando hacer un poco de tiempo hasta la hora de mi reunión, pedí otro café en jarrito (esta vez cortado) con dos medialunas, en la zona de Paraguay y Libertad y me cobraron $ 20. Algo después y teniendo que aguardar hasta la hora de otro encuentro, ya frente a la plaza San Martín, el mismo pedido costó $ 34. Sí, un 75% más caro y a no más de cinco cuadras del bar anterior. Ante mi pedido de explicaciones el mozo se limitó a responderme: “Y sí… no le discuto”, y me cobró los $ 34, jugándose su propina, ya que sólo le dejé el peso restante. ¿Cuánto cuesta entonces un café con dos medialunas?, me preguntaba mientras caminaba hacia mi nueva reunión. Recuerdo que hace menos de un mes, en Venecia –uno de los sitios más caros de Italia y que a su vez es uno de los países más caros de Europa– un café doble (o lungo) cortado y un croissant grande me costaron 7 euros, lo que al cambio oficial equivale a poco más de $ 50, pero ese precio era similar al de otros lugares cercanos, con muy pequeñas diferencias, digamos entre 6,50 y 7,10 euros. Lo que me asombró de lo que me ocurrió en ese bar de Buenos Aires –además de advertir que nos estamos aproximando rápidamente a los precios venecianos, sin contar con ingresos venecianos– es la tremenda diferencia de precios en el mismo producto y a pocas cuadras de distancia. Eso es lo que me llevó a pensar, entonces, en cuánto cuesta un café. Porque entiendo que los precios de los alquileres de los locales pueden ser mayores frente a la plaza San Martín, ¿pero eso impacta de esa forma en el precio de un café en jarrito? El proveedor de café no puede cobrar en un negocio un 75% más que en otro; los jornales del personal son, por convenio, los mismos; los impuestos al comercio tienen la misma alícuota; la luz, el gas e internet cuestan lo mismo en todas partes. ¿Dónde está la diferencia? En la eterna “viveza” criolla unida a la “estupidez” pacifista. Es que creo sinceramente que estamos viviendo un descontrol absoluto con el tema de los precios y que cualquier comerciante pone los que quiere o le vienen en gana, sin ningún análisis de costos ni razonables expectativas lucrativas. Lo lamentable es que deberíamos ser nosotros –la vapuleada clientela– quienes nos neguemos a pagar esos precios exorbitantes, y sin embargo no lo hacemos y la fiesta sigue sin fin. Ni qué decir de los restaurantes, en donde –muchas veces– la famosa adición viene “cantada”, de viva voz, y además hay que cancelarla en efectivo. Terminado mi periplo porteño y ya en el Aeroparque, el consabido café en jarra con dos medialunas me costó $ 37 –por eso de Aeropuertos 2000, en donde todo lo pagamos más caro–. Entonces quise probar lo que ocurría aquí, en Cipolletti. En una muy conocida esquina céntrica, el sábado por la mañana, exactamente por el mismo pedido, pagué $ 24, que no está mal, después de todo. Rodolfo V. Rivarola DNI 4.426.433 Neuquén
Rodolfo V. Rivarola, DNI 4.426.433 Neuquén