Marcelo Larraquy: “Gordon puso en valor su violencia en una época en que la violencia tenía valor político”
En una entrevista con Diario RÍO NEGRO, el historiador y periodista habló de su novela “Gordon”, que Netflix convirtió en una serie de ocho episodios que estrenará el próximo 18 de noviembre.
¿Fue acaso Bariloche el kilómetro cero delictivo de Aníbal Gordon? ¿Fue aquel 26 de febrero de 1971, cuando él, junto a una banda que apenas conocía, se robó todo lo que había en la caja fuerte del Banco Provincia de Río Negro de la por entonces pequeña ciudad lacustre rionegrina? De algún modo, sí. Es cierto que robaba desde hacía más de diez años. Había empezado con autos, luego siguió con los bancos. Pero el golpe en Bariloche fue otra cosa. Fue como suele decirse El Robo del Siglo. No por nada, Marcelo Larraquy, periodista e historiador, autor de catorce libros casi todos dedicados a la violencia política de los 60 y los 70 en Argentina, decidió comenzar “Gordon” con el robo en Bariloche.
¿Quién fue realmente Aníbal Gordon? Larraquy, que se cruzó a Gordon en varios de sus trabajos de no ficción, sobre todo cuando biografió a López Rega, pero todo en él era superficial. Apenas si era mencionado. Gordon siempre estuvo en la mente de Larraquy, del mismo modo que la ficción. Larraquy se debía un trabajo así y Gordon, lo supo de inmediato, era el personaje indicado.
Y no una sino dos novelas le dedicó a este hombre que tuvo a cargo el centro clandestino de detención, tortura y muerte Automotores Orletti: “Gordon” (Sudamericana, 2025) y “Gordón el aniquilador” (Planeta, 2026). Ambas obras inspiraron “Gordon”, la serie de ocho capítulos que Netflix estrenará el 18 de noviembre, donde Rodrigo de la Serna sobresale en la piel del feroz represor fallecido en 1987.
En un diálogo por videollamada con Diario RÍO NEGRO, Larraquy contó cómo fue que Gordon se convirtió en el personaje de su primera novela, entre otros asuntos literarios y políticos alrededor de la figura del ladrón devenido en agente de la SIDE en tiempos de la Triple A y figura central del accionar represivo de la última dictadura.
P: ¿Qué te impulsó a escribir ficción y por qué la figura de Aníbal Gordon para comenzar con tu primera novela?
R: La ficción casi desde adolescencia me interesó. Después, vino el periodismo, la carrera de historia. Pero yo, de adolescente, o en mis 20, leía mucha ficción y pensaba que mi carrera iba a ir por ahí. Después fui por otros caminos y ya pensaba que era imposible que hiciera una novela, como que era un deseo abandonado, digamos, o dormido, quizá. O aplastado por la cantidad de libros de no ficción, investigaciones históricas, etc. Y cuando terminé La Guerra Invisible, que era mi libro número 12, ya tenía el proyecto de Gordon en la cabeza para un libro de no ficción; de hecho, tenía una investigación, una matriz, pero sentía que era un poco más de lo mismo que había hecho en mis otros libros y que me tenía que animar a salir de ahí.
Además, Gordon permitía la ficción porque había muchos espacios historiográficos vacíos, prácticamente lo único que se hablaba de él era del secuestro de Guillermo Patricio Kelly, en agosto del 83. De la previo no se sabía nada, no se sabía quién era, había pasado como un rayo en la tormenta de los 70, incluso en el 83, aparece su nombre en la dictadura, pero no se sabía nada, como va preso y muere pronto, de hecho en los 80 no hay juicios de lesa humanidad, no hay juicios por talleres Orleti, centros de tortura. Comenzó a investigarse las cúpulas y Gordon quedó en el olvido.
Esa idea de recuperar un personaje que podía ser interesante de narrar en situaciones excepcionales, digamos que no venía de la política. Entonces cuando empecé a escribir en la ficción, digamos que justamente empecé con el encuentro con Acosta para el robo del Banco Provincia de Río Negro en Bariloche, que fueron siete capítulos que había tomado directamente de una crónica de La Nación y de La Prensa. En esos siete capítulos me sentí cómodo ficcionando.
P: ¿Cuándo decidiste que Gordon daba para dar ese paso hacia la ficción, ¿había un trabajo previo de investigación histórica, periodística, como los que venías haciendo, y a partir de ahí te largaste a hacer, lo venías trabajando en el otro tono, y de pronto hiciste el cambio de género?
R: Siempre hago una base material para una investigación, voy llenando una línea argumental, digamos, por dónde va la historia. Esa base me permite después ir delimitando los capítulos y después se va llenando con entrevistas que conseguí. Cuando trabajaba en ficción, donde los capítulos se alargaban porque conseguía más información, o cuando escribía, porque lamentablemente escribo largo, este libro Gordon el Aniquilador lo quise hacer más lacónico, algo más quirúrgico, en cambio Gordon, que cuenta lo de Río Negro, es más suelto, más salvaje, más desembozado, una narrativa más libre, o más desordenada también, dentro del orden que vos le ponés al texto.
Pero siempre trabajé con ideas de ordenar los capítulos, de cómo empezar, cómo terminar, y en el caso de la ficción, acá yo ya tenía como el camino, y después te dejas llevar, porque hay una tensión entre la lealtad a los hechos y también el respeto a la libertad creativa, entonces eso funciona como una tensión cuando estás escribiendo, que los hechos tampoco tienen que ser absolutamente así, porque si no es un documento, o un libro de no ficción.

P: ¿En qué momento dijiste esto tiene que ser literatura, esto tiene que ser ficción, una novela? ¿Hubo algo en particular del trabajo que te decidió cambiar el rumbo y escribir esa primera novela?
R: Primero, los huecos históricos que tenían, que eran imposibles de reconstruir porque acá no había muchas fuentes, pese a que hablé con algunas personas relacionadas de la justicia y otros que lo habían conocido, más toda la información que había conseguido a nivel periodístico de los diarios. Él aparece en los diarios nada más en agosto, septiembre, octubre del 83 con lo de Guillermo Patricio Kelly, y después cuando lo detienen. Pero de Orletti lo que había de él eran las causas judiciales. Iba a terminar siendo un rejunte de información, perdón que lo diga así, que por más que yo le pusiera la mejor narrativa, ya lo había hecho en «Galimberti», en «López Rega», pero con muchas más fuentes, acá las fuentes eran escasas, entonces digo, bueno, ¿cómo fue esto de alguna manera? Y ya cuando escribí la primera línea no lo pensé más, me solté y dije esto es ficción, quise probar, la primera tarde ya creí absolutamente que tenía que ser ficción.
Después me pasó algo muy interesante, que al año y medio después de ficcionar la escritura, cuando ya estaban todos los personajes planteados conseguí los archivos de las causas judiciales de la delincuencia. Eso me dio mucho voltaje narrativo. Y después empecé a llamar a la gente que aparecía en las causas judiciales. Llegué a entrevistar a una persona que tenía 100 años, que era un secretario de juzgado que lo había indagado ya de grande y todavía vivía. Lo busqué además de una manera muy fortuita, que aparecía su nombre, viste que a veces como colega, sabés que a veces te aparece un nombre perdido, escribís, mandás un mail y es como tirar un mediomundo al río y siempre sale algo.
Y ahí fue que me di cuenta de que eran dos libros, porque ahí dije, voy a ser el policial y después el político. Ahí en el medio pegué otro volantazo y dije, voy con dos libros.
Me gusta construir personajes en la acción, en mis otros libros de no ficción ya los contaba a los personajes desde la acción. Galimberti, López Rega, no los describía, yo simplemente contaba la acción y los diálogos. Era una manera que yo ya tenía de escribir con suspenso».
P: ¿De qué te nutriste desde el punto de vista de la escritura, del punto de vista literario, cómo fuiste encontrándole la vuelta a esta novedad que era para vos escribir ficción?
R: Ricardo Piglia y Roberto Arlt, los dos. Los cuentos de Piglia me gustaban mucho, la escritura de Arlt me gustaba mucho. Entonces volví un poco a leer eso. No me servían tanto otros autores viejos de mi época, el boom latinoamericano, digamos, en mi juventud. Y después otros que me gustaban también, tampoco me resultarían útiles. Sí me gustaban cosas de Hemingway, esos diálogos secos que de alguna manera están un poco representados cuando van a robar.
A mí me gusta construir personajes en la acción, eso no es tan lejano a mí, en mis otros libros de no ficción ya los contaba a los personajes desde la acción. Galimberti, López Rega, no los describía, yo simplemente contaba la acción y los diálogos. Era una manera que yo ya tenía de escribir con suspenso y con thriller, digamos. Por ejemplo, en mis libros anteriores, cuando cortaba un capítulo dejaba varias líneas abiertas, nunca cerraba un hecho, lo dejaba abierto. Un hecho del capítulo 3 que quedaba abierto reaparecía en el capítulo 7. Es decir que la estructura del thriller obviamente ya la venía trabajando, lo que no había trabajado nunca eran diálogos ficticios. Me llevó 40 años de alguna manera animarme.
P: Volviendo a ese otro volantazo que mencionás para escribir este segundo libro, ¿tu idea era solo el primer libro y la aparición de esos documentos, esos archivos, te llevaron al otro?
P: No, la idea era hacer todo, la parte delincuencial y de la parte política hasta la dictadura, en un solo libro. Cuando yo encontré los archivos me di cuenta de que la parte policial me interesó mucho.
P: ¿Qué fuiste descubriendo de la figura de Gordon respecto de todo lo que vos ya venías trabajando de la época, qué personaje fuiste construyendo?
R: El Gordon que encuentro como que la violencia era un valor muy apreciado y él tenía esa experiencia y además la inteligencia y el talento de la simulación. Después él adopta un lenguaje político-ideológico muy fuerte y termina siendo de los hombres necesarios para este mal, pero muy para la época, para la violencia de la época y sin ninguna base política. Tampoco López Rega tenía una base política más allá de haber estado junto a Perón en Puerta de Hierro y aprovechar esa situación. Al tener la parte documental de la delincuencia, yo encontré la raíz del personaje y eso me fue ya, después camina solo en los 70, no es que uno que aparece de golpe a los 40 años robé un banco, no, no, era mucho más profundo.
Los militares también tenían la idea de la delincuencia porque hacían lo mismo que él. En ese gran caos de la violencia y la anarquía del 75 ya están todos en la misma, todos hacen lo mismo que Gordon y Gordon lo lee muy bien a eso».
Además, lo que me interesaba de Gordon era la fachada: no parecía un delincuente. De hecho, cuando hablé con gente de Colón decían, ah sí, Aníbal y yo decía ¿cómo Aníbal? Aníbal, sí, el vecino el que andaba por acá, venía, saludaba… como que traspasaba de un mundo de urbanidad de caballerosidad a un mundo de violencia de un momento a otro.
Él tenía la búsqueda que es el dinero, ese es el norte. Después se da cuenta que hay dos situaciones que lo benefician. Una, que pasándose a la política ya va a tener una cobertura paraestatal y no lo va a perseguir la policía, al contrario, la policía va a estar subordinada a él. Y la otra es que él pone en valor su violencia en una época en que la violencia tiene un valor político. Y adopta el discurso rápidamente, él se concientiza de que tiene que depurar al peronismo, está haciendo eso para depurar al peronismo y después está haciéndolo que hace para aniquilar a la subversión. E el libro se muestra ese traspaso de su intervención dentro de la interna peronista y dentro de la dictadura; y que todo eso es distinto a ir a robar un banco. Ya le pone ese énfasis que es el énfasis de todos los grupos operativos.
Hay un capítulo que se llama El artista invitado, donde a él lo convocan para los operativos, ahí sí lo hace con una clara idea política, con un discurso político y lo expresa y lo pone de manifiesto porque él es también casi como el frontman del operativo de la AAA, el que va al frente, es el primero que abre la puerta o le abren la puerta. Te toca un tipoy te dice «soy el coronel tal», grande, cuarenta y pico de años, bueno, sí, es el coronel tal, adelante, y ahí entra la patota que eran pibes de veinticinco años. Eso se ve bien en la serie también, la diferencia de edad es también para él un hecho importante, si va un pibe de veinticinco nadie le abre la puerta.
P: ¿Cuándo se da ese quiebre en Gordon?
R: En los catorce meses que estuvo en prisión con los presos políticos, ese es el germen de todo, porque el germen de la violencia ya lo tenía, pero los catorce meses de convivencia con los presos políticos él termina siendo uno más, se termina transfundiendo en la época, absorbe la época la mira, la escucha y se da cuenta que puede jugar ahí con mucha más protección que en la delincuencia común
P: ¿Por qué elige el bando que elige? Porque él estando entre los presos no se transforma en un militante político como sus compañeros de celda
R: Ahí está la identidad anticomunista y antisemita original que tiene Gordon como un vecino y obviamente no va a ir al ERP, además no lo hubieran aceptado porque él tampoco quería ser un revolucionario, él quería jugar donde más cómodo le sentaba. Había una cosa anticomunista. De hecho, en el libro vos lo ves, esto es una información de un testimonio cuando dice «no, me dejaron la camioneta en el portón un comunista» y los tipos del ERP leen eso ¿Por qué dijo comunista? Y el tema del judío también lo tenía y encuentra en la derecha del peronismo que ese discurso estaba sentado. No es que no tenía nada de ideología, tenía la ideología de un vecino y tampoco era que no entendía la época, un ladrón entiende la cuestión política, no es que está ausente, sabe cómo actúa la policía, la época, los militares, quién lo persigue. Es un tipo que está atento constantemente y después ve una época fértil para sus objetivos y para su idea de seguir robando que es la protección y para eso lo da la política.
Además hay una cosa importante: si yo robo un banco como delincuente común quedo 10 años preso y vos que robaste un banco como yo pero sos guerrillero, salís porque robaste un banco con un sentido político. Gordon también se da cuenta de eso. Por eso los comunes también quieren salir y hay una parte que dice en una bandera del 25 de mayo, «los comunes con los guerrilleros», como diciendo salgamos nosotros también, si hicimos la misma.
A él lo seguían buscando por los delitos penales, estuvo prófugo, estuvo guardado y se fue acomodando a medida que se iba acomodando la época de protección, no es que salió a la calle y ya estaba. Yo vi todos los expedientes judiciales que lo buscaban todos los jueces, incluso le preguntan al jefe del penal ¿dónde está Gordon? No, Gordon salió con los presos políticos.
P: ¿Que sentís que pasó con la figura de Gordon a partir de este libro?
R: Que es un personaje nuevo que tiene la extraordinaria singularidad que no viene de la política, pero la política lo adopta porque le resulta necesario, a diferencia de la violencia que podía tener Galimberti con Montoneros, de López Rega con la Triple AAA, de la derecha del peronismo per se que podían ser militantes o militantes sindicales, este es un personaje único que cruza todo el entresijo de violencia y cuando llegan los militares, en vez de decir ‘hasta acá llegaste delincuente’, no, le dicen vení que te necesitamos para darte un centro de tortura. Los militares también tenían la idea de la delincuencia porque hacían lo mismo que él. En ese gran caos de la violencia y la anarquía del 75 ya están todos en la misma, todos hacen lo mismo que Gordon y Gordon lo lee muy bien a eso.
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