“Devaluación… de la vida”
Cuántas veces por día, durante meses y años, hemos escuchado esta palabra. Para muchos necesaria, para tantos otros innombrable y para algunos, desconocida. Esta palabra a la vista de todos sólo parece aplicarse al desmerecimiento o la depreciación de una moneda, en nuestro caso el tan maltratado peso. Pero cuántos matices de nuestra actualidad y cuántas situaciones pueden demostrarnos que no sólo nuestra unidad monetaria se ha y se está devaluando. Valores primordiales de convivencia que ya no existen, normas de respeto que ya no nos encuentran incluidos y las que ya no nos interesan… estadísticas que día a día, aun cuando puedan modificarse, nos demuestran una realidad que pareciera ser tácita a nuestra percepción: la devaluación de la vida. El desmerecimiento o depreciación de la vida, en las rutas, en las canchas de fútbol, en el andar diario por las calles de la ciudad… ¿La famosa inclusión será tal? ¿No será que con lo económico y, por ende, el acceso a un mejor consumo y/o servicios no logramos solucionar la dichosa calidad de vida? Hoy en Bariloche nos toca parte de esa devaluación… de la vida. “Se matan hace mucho tiempo en el Alto”, diría un conocido. Y sí, esto no es nuevo, sólo que ahora fue en el ámbito escolar, tan cerca de esa segunda casa o familia que antes fue la escuela. Hoy todos hablan, hablamos, y somos fieles partícipes con nuestras opiniones a flor de piel y de índole profesional pero, Sres. gobernantes, autoridades de todos los niveles, profesionales, ciudadanos… ¿cuándo vamos a poder dar fin a esa terrible enfermedad que es la devaluación de la vida? Que menores, inmersos en una mentirosa inclusión sólo encuentren como vía de solución a diferencias con sus pares la vida del otro es una realidad que no hace más que demostrarnos que como sociedad hemos llegado a un grado de devaluación que poco importa cuando vale el peso y cuanto podamos comprar a fin de mes en el supermercado. Los valores, las normas de convivencia de una sociedad, no se compran con planes, subsidios ni paritarias. Se transmiten, se enseñan, se inculcan en una sociedad madura que no tiene la violencia y la intolerancia como primera respuesta a una diferencia, sino la comprensión y la posibilidad de, a través de las ideas, traducir la necesidad que tenemos de entendernos. Hoy lloramos algunos a un chico, a un menor, a un nene, un adolescente, parte importante de una familia que no sabe por qué les tocó a ellos. Pero, en el fondo, todos sabemos bien por qué se llegó a esto. No dejemos que se sigan devaluando la vida y nuestra sociedad. Carlos F. Palferro, DNI 21.384.934 Bariloche
Carlos F. Palferro, DNI 21.384.934 Bariloche