Dialogar para construir

Por Redacción

Buenos Aires

Hace más de 150 años que estos sentimientos atávicos nos atraviesan e impidieron, en una etapa fundacional de nuestra historia, que la Constitución de 1853 consolidara el pasaje de un país a una nación. Una razón de ese traspié fundacional es que la provincia de Buenos Aires, tal vez el distrito más importante del país en ese momento, no participó de la convención constituyente.

Estos odios y miedos históricos tienen nombres y apellidos: Bartolomé Mitre vs Justo de Urquiza, Julio Argentino Roca vs Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen vs José Félix Uriburu, Pedro Aramburu vs Juan Domingo Perón.

A los dirigentes mencionados los denomino como actores privilegiados, porque el odio y el miedo son del orden de lo personal. Obedecen básicamente a la vanidad humana, en este caso vehiculizada a través de la lucha política por el poder.

Esta lógica bélica debe mutar en una lógica lúdica regida por el diálogo, que es lo que posibilita el encuentro con el otro diferente sin que el enfrentamiento sea a muerte.

Al quedar la aniquilación del otro fuera del juego, la confrontación se civiliza, se hace cívica y se sitúa dentro de lo que llamamos civilización. Como resultado de esta operación la violencia desaparece y con ella también el odio y el miedo.

Diálogo es hacerle un gol al odio. No somos aún una nación; el odio es aquello que hace demasiado tiempo lo imposibilita. Obliguémonos jurídicamente a dialogar como posibilidad fundacional de constituir una Nación.

Daniel Maccagnoni – republicracia@gmail.com


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