Dilma, cada vez más débil y aislada

Por Redacción

Contexto

Los pedidos cada vez más recurrentes de apertura de un juicio político contra Dilma Rousseff, el aislamiento al que la somete un Congreso hostil y las dificultades para agilizar soluciones a la crisis económica, mantienen acorralada a la mandataria brasileña. Más allá de que aún no existen fundamentos jurídicos para iniciar un juicio político que pueda derivar en su destitución, la sombra del “impeachment” se instaló en la agenda política brasileña en un proceso que debilita a un gobierno con niveles de rechazo que rondan el 64 %. La última voz en favor de la destitución fue la del diputado Bruno Araújo, líder en la Cámara Baja del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), principal opositor del gobierno. “Llegamos al límite de una insatisfacción clara y significativa que debe ser construida de forma legítima y dentro de las reglas constitucionales en la forma de un pedido de destitución de la presidenta Dilma”, dijo. Según aseguró el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, un “enemigo” de Rousseff pese a integrar el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), principal socio del gobierno, no existen “fundamentos jurídicos” para promover la iniciativa. Pero su negativa a abrir un proceso no significa que esté de su lado. Junto a su correligionario y presidente del Senado, Renan Calheiros, Cunha ha promovido duras derrotas de Rousseff en el Parlamento. Es por eso que analistas conciden en que la presidenta se ha convertido en “rehén” del Congreso, de cuyo aval depende la rápida puesta en marcha del ajuste fiscal imprescindible para que el país retome el crecimiento y se frene la inflación. Además, Rousseff esta “maniatada” por su ministro de Hacienda, Joaquim Levy, un economista ortodoxo que representa la carta de credibilidad de Brasil ante inversores.