Con la mora en alza, los préstamos personales y el financiamiento con tarjetas cayeron durante junio 2026
Los datos del Banco Central reflejaron una marcada contracción en las líneas destinadas al consumo familiar. Las entidades bancarias endurecen los requisitos ante el aumento de la irregularidad en los pagos. El stock total de créditos en el país representa menos del 10% del PBI, el nivel más bajo de toda la región. A
Foto: archivo Télam.
El acceso al crédito por parte del sector privado sigue sin mostrar signos de recuperación real. A pesar de que las tasas de interés exhiben niveles más accesibles y la inflación parece mantener su senda de desaceleración, el mes de junio cerró con números en rojo para el financiamiento de las familias argentinas.
Según los últimos datos oficiales, el stock total de préstamos en pesos tuvo una expansión casi nula del 0,3%. Este promedio general oculta un escenario dispar: mientras las líneas destinadas a las empresas mostraron un leve avance, los créditos vinculados al consumo diario sufrieron una clara retracción.
En concreto, el financiamiento destinado al consumo terminó con números negativos en todas sus variantes, registrando una caída del 0,8% frente a mayo en términos reales, es decir, descontando el efecto inflacionario.
El desplome del consumo y la precaución de los bancos
Las dos principales herramientas de financiación de los hogares exhibieron fuertes caídas. De acuerdo al Informe Monetario Mensual elaborado por el Banco Central, el uso de tarjetas de crédito sufrió una contracción del 4,2% en relación a junio del año pasado, mientras que los préstamos personales cayeron un 1,1% en la misma medición interanual.
Este pobre desempeño crediticio está directamente atado a un factor que preocupa en el sector financiero: el aumento de la morosidad. Un informe de la consultora 1816 calculó que la irregularidad en los préstamos para el consumo subió de un 12,1% en abril a un 12,7% en mayo. En el plano general del sector privado, el indicador avanzó del 7,3% al 7,7%.
Ante este panorama, las entidades bancarias decidieron poner un freno a la colocación de nuevos préstamos. La estrategia responde a una doble dinámica: por un lado, el consumo privado se encuentra estancado y no tracciona demanda; por el otro, los bancos necesitan reducir su exposición al riesgo para limpiar sus carteras de atrasos.
Para blindar sus números, las instituciones financieras optaron por priorizar la colocación de sus fondos en deuda pública, endurecer los criterios de calificación de los clientes, mantener tasas altas para el público general y congelar las actualizaciones de los límites de las tarjetas de crédito.
El repunte de los hipotecarios
El escenario restrictivo también impactó en el sector automotor. Pese a que la venta de vehículos usados y 0 km experimentó un leve repunte durante el último mes, el financiamiento no acompañó esa tendencia. Los préstamos prendarios mostraron una caída real del 0,4% respecto a mayo, profundizando una tendencia descendente que, según el Banco Central, se arrastra desde fines del año pasado.
La contracara en el segmento minorista fueron los créditos hipotecarios. Impulsadas por las líneas ajustadas por UVA, estas operaciones lograron un leve crecimiento mensual del 1,2% en términos reales y una contundente suba interanual del 63%. A diferencia del consumo corriente, los préstamos para la vivienda se mantienen como el segmento con menor morosidad del sistema, ya que las familias suelen privilegiar el pago de esa cuota por sobre cualquier otro gasto.
Los préstamos comerciales y el piso regional
A diferencia de los hogares, los préstamos comerciales continuaron siendo los más dinámicos del sistema. El informe oficial destacó un aumento del 1,5% mensual en términos reales, impulsado principalmente por los documentos a sola firma. Sin embargo, los adelantos en cuenta corriente —el salvavidas financiero más habitual de las pymes— se contrajeron un 1,5%.
El único segmento que exhibe un crecimiento robusto es el de los préstamos en dólares, directamente atado al boom exportador y al financiamiento de operaciones de comercio exterior. Esta línea creció un 48,7% en el último año, sumando 312 millones de dólares solo en junio.
A pesar de este nicho, el panorama macroeconómico refleja un rezago histórico. El crédito bancario en pesos representa apenas el 9,2% del Producto Bruto Interno (PBI), cifra que asciende al 12,3% si se suman las operaciones en moneda extranjera. Estos números confirman que la Argentina mantiene el nivel de crédito más bajo de América Latina, muy lejos del 47% que promedia la región.
El acceso al crédito por parte del sector privado sigue sin mostrar signos de recuperación real. A pesar de que las tasas de interés exhiben niveles más accesibles y la inflación parece mantener su senda de desaceleración, el mes de junio cerró con números en rojo para el financiamiento de las familias argentinas.
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