La inflación abril 2026 perforó el piso del 3%, pero el Gobierno corre contra la baja del consumo
La desaceleración del IPC al 2,6% en abril cortó una racha de diez meses en alza, pero encendió las alarmas en el equipo económico. Con el humor social en declive por salarios que pierden contra los precios, el oficialismo se queda sin margen para reactivar la calle.
La pax inflacionaria que tanto buscaba el Palacio Hacienda finalmente mostró su primer capítulo, aunque con sabor a poco. El 2,6% registrado en abril significó un alivio estadístico para la administración de Javier Milei, pero desnudó el verdadero desafío macroeconómico para lo que resta del año: los ingresos reales siguen en el subsuelo y la recesión amenaza con empantanar el consumo interno.
El propio Presidente debió reajustar sus promesas. Según indicó el periodista especializado Pablo Wende, el postergado objetivo de indexar la inflación mensual a un nivel de «0 y pico» —prometido inicialmente para el próximo mes de agosto— se trasladó formalmente para mediados de 2027.
El cambio de metas coincide con un marcado enfriamiento en las encuestas de humor social. La ciudadanía empezó a desplazar la preocupación por la suba de precios para poner en el centro del tablero dos nuevos temores: el miedo a perder el empleo y la certeza de que los ingresos ya no alcanzan para cubrir la canasta básica.
Las tres razones que frenan la reactivación salarial
Bajo la premisa oficial de «a menor inflación, mejores salarios», el mercado laboral formal e informal espera una recomposición que las consultoras privadas ven lejana. Como explica Pablo Wende, las empresas operan hoy bajo un esquema de extrema prudencia debido a tres factores concurrentes:
- Apertura y competencia: El ingreso de productos importados pone un techo a los márgenes de ganancia.
- Costos fijos en alza: El peso de las tarifas y la presión impositiva obligan a las firmas a moderar cualquier pauta salarial.
- Dólar planchado: El tipo de cambio apreciado resta competitividad cambiaria a los sectores exportadores tradicionales.
Los límites de la Fase 4 del plan monetario del Gobierno
Desde el Ejecutivo ratificaron que el equilibrio fiscal se mantendrá inalterable y que «no habrá atajos» mediante emisión monetaria ni reactivación de la obra pública para generar una falsa sensación de prosperidad. La única carta disponible es activar la demorada «Fase 4» del plan monetario.
Esta estrategia de remonetización prevé que los pesos emitidos por el Banco Central para comprar divisas queden en circulación en lugar de ser reabsorbidos por el Tesoro. Sin embargo, en el primer cuatrimestre el torniquete monetario siguió al extremo: el BCRA adquirió U$S 8.000 millones pero la base monetaria se contrajo un 5% nominal.
A pesar de que el comercio minorista y las PyMEs no muestran señales de rebote, las proyecciones económicas anticipan que el PBI argentino cerrará el año con una expansión cercana al 3%. El problema estructural radica en que el crecimiento está traccionado exclusivamente por sectores de capital intensivo que no generan empleo masivo a corto plazo:
- Agroindustria: Impulsada por la liquidación de la cosecha gruesa.
- Energía: Con proyectos de escala enfocados en la exportación de crudo y gas.
- Minería: Concentrada en la extracción de litio y minerales de exportación.
Wall Street mira de reojo el año electoral 2027
Las dudas sobre la sustentabilidad política del modelo económico impactan de lleno en los mercados financieros. El Riesgo País muestra una fuerte resistencia para perforar el piso de los 500 puntos básicos, un nivel considerado elevado para una economía que exhibe superávit gemelos y acumulación de reservas netas.
La desconfianza de los inversores internacionales quedó expuesta en la última licitación de deuda del Tesoro:
- Bonar 2027 (Año electoral): Se colocó con un rendimiento del 5,1%.
- Bonar 2028 (Post-elecciones): Tuvo que emitirse al 8,5%.
Esta brecha de rendimiento en títulos separados por apenas doce meses demuestra que Wall Street exige una tasa de retorno mucho más alta para los papeles que vencen bajo el mandato de la próxima conformación legislativa, manteniendo el beneficio de la duda hasta que los candidatos de la oposición expliciten su compromiso con el futuro pago de la deuda externa.
Articulo basado en la nota del periodista especializado Pablo Wende en Infobae.
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