El baleado dijo que el policía le tiró a sangre fría

Denuncian a los efectivos por abusos constantes.

Por Redacción

Yamil Regules

NEUQUÉN (AN).- En las calles polvorientas y serpenteantes de la toma La Familia se palpita un ambiente de temor y odio.

Hasta los perros muestran las heridas que les quedaron de la refriega que en la madrugada del lunes hubo allí con la policía.

Los vecinos y el adolescente de 17 años que resultó baleado cuentan una historia de abusos policiales, marginación y olvido.

En la toma hablar de bandas, balaceras y policías que empuñan gomeras forma parte del día a día.

Ayer, a dos días de lo que para la policía fue un enfrentamiento y para los vecinos un ataque, “Río Negro” llegó a la casa del menor que recibió el balazo en su ingle derecha. El adolescente, flaquito y alto, oteó de un lado a otro la calle antes de salir de su casa, y llegó rengueando al encuentro.

Con su madre Susana al lado contó: “me apuntó a arruinarme, no a matarme. Ese milico me tiene visto hace rato. Me viene insultando, me apunta con la escopeta cuando pasa en el móvil y con una gomera”.

Agregó: “Se calentó porque le dije que lo iba a denunciar. Al rato, cuando salí a la calle me tiraron con piedras y yo les tiré un par de piedras. Ahí me tiraron y este milico se me acercó como a unos 15 metros y me dijo que se metía en el culo la denuncia pero que a esa no me la saca nadie. Me apuntó y me tiró a sangre fría”.

Una vecina dijo que vio todo desde la ventana de su casa. Susana enfatizó que no denunció que su hijo estuviera tirando piedras sino que la ambulancia se lo llevó desde el mismo lugar de la refriega.

Carolina, dueña de la casa donde comenzaron los incidentes, aseguró que “iba pasando un móvil y de pronto cayeron piedras, pero no se de dónde. Pero ahí se bajaron los policías y empezaron a insultarnos y a querer meterse a mi casa”.

Explicó que “empezamos a gritar porque había hasta dos bebés y entonces salieron los vecinos y llegaron tres móviles más de la policía”.

Los vecinos y el herido aseguran que en los incidentes participaron cuatro móviles policiales y una docena de efectivos. Para la policía fueron siete y sus armas son las que están secuestradas a la espera de poder cotejarlas con el proyectil que se esperaba anoche extraer de la cadera del chico.

“Ahora cómo vivimos. Con los chicos encerrados entre miedo y bronca, así los van a hacer delincuentes”, dijo Mirta, otra vecina.

“Si no hay respuestas nos vamos a movilizaremos para que el ministro –de Seguridad, Gabriel Gastaminza– haga algo con esta policía”, agregó.

Susana exhibe las placas que muestran el proyectil incrustado en el cuerpo de su hijo.