El gran reto de los indocumentados que van hacia Estados Unidos

Por Redacción

AP

Deben sortear a policías y criminales en México

ARRIAGA, México.- Albert, un emigrante salvadoreño, recibió un impacto de bala en el cuello cuando era perseguido por criminales en México, al tiempo que esquivaba los numerosos controles que buscan contener la oleada de centroamericanos indocumentados en su camino a Estados Unidos. Él y dos de sus familiares fueron sorprendidos por maleantes en su camino a Arriaga, un pueblo del estado de Chiapas ubicado a unos 230 kilómetros del río Suchiate, frontera natural entre México y Guatemala, donde el tren carguero conocido como “La Bestia” inicia la ruta hacia el norte. Este tren es utilizado desde hace décadas por indocumentados, pero el gobierno mexicano anunció que ya no tolerará esa situación e instaló un reforzado programa de seguridad en más de 1.000 kilómetros de su frontera sur, por donde cada año pasan unos 200.000 emigrantes ilegales, pese a que se saben expuestos a extorsiones, secuestros y crímenes. Apartados de las vías del tren, queríamos “esquivar a los agentes de migración”, sin saber que íbamos a “tener un encuentro con delincuentes”, cuenta este joven de 29 años, mientras se recupera de sus heridas en el Albergue del Buen Pastor. Pese a los dolores y constantes mareos que le dejó una bala en su cuello, Albert sonríe. Logró escapar del pandillero que quería robarle 70 dólares. El gobierno, que deportó a unos 6.000 centroamericanos en agosto, argumenta que su estrategia busca impedir que los indocumentados pongan su vida en riesgo sobre el techo del tren, donde también suelen ser presa de criminales. Las veloces y filosas ruedas de este ferrocarril han mutilado o matado a numerosas personas. Así, agentes del Instituto Nacional de Migración, la policía y el ejército realizan desde principios de agosto fuertes operativos en Arriaga. La ruta entre Arriaga y el río Suchiate es vigilada por vehículos de Migración que detienen indiscriminadamente autobuses para bajar a los emigrantes que van a bordo. Un trayecto que normalmente tomaría dos horas y media en automóvil, demora días para los emigrantes, que deben sortear obstáculos por el monte, como el centro de control interno de aduanas, que prácticamente es una segunda frontera a 60 kilómetros del Suchiate. También deben eludir tres puestos de migración y un destacamento militar que revisa minuciosamente cada auto. (AFP)