“El Riachuelo y el Alto Valle”

Por Redacción

A fines de enero de 1536 la brillante armada de don Pedro de Mendoza fondeaba en el brazo norte del antiguo Riachuelo; este nombre sugería el poco aprecio que, ya desde entonces, se tenía por este curso de agua. A pesar de todo, don Diego de Mendoza lo consideró apto para puerto, pues no había muchas opciones. Ulrico Schmidel escribió: “Allí levantamos una ciudad que se llamó Buenos Aires, esto quiere decir buen viento”… “Los susodichos querandís nos trajeron alimento diariamente a nuestro campamento durante catorce días y compartieron con nosotros su escasez en pescado y carne”… En el Riachuelo había peces de buen tamaño pues eran capturados con rudimentarios arpones. Hoy para ver peces allí es indispensable ser diputado oficialista. La realidad actual es que el Blacksmith de Nueva York y la Cruz Verde de Suiza lo incluyeron dentro del top ten de los lugares más contaminados del mundo, con 15.000 industrias que lo usan de cloaca ante la irritante indiferencia de éste y anteriores gobiernos. Sanearlo llevará mucho tiempo, muchas vidas de pobres y muchos miles de millones de dólares que aportaremos nosotros. En el Alto Valle de Río Negro y de Neuquén están comenzando a repetir la historia del Riachuelo. Según Claudio Andrade, ya hay más de 160 pozos petrolíferos declarados en las chacras de la más rica zona frutícola del país. El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, afirmó que el petróleo y la fruta pueden convivir perfectamente y el senador Miguel Pichetto niega que en el Valle haya fracking, aunque las torres de los pozos interrumpan el paisaje verde de los frutales. ¿La necedad es imprescindible para prosperar en política? ¿Será el dinero lo que les impide pensar y ver? Por más seguridades que den las empresas, este tipo de explotación debería estar rigurosamente prohibida en el Valle. Aunque les resulte más oneroso, se les debe obligar a que perforen sobre la meseta, donde el riesgo queda minimizado. Un accidente siempre es posible y no hay razón honesta alguna para poner en riesgo la tierra, la fruta, el agua, la salud y el futuro de la población de Río Negro. El agua del río Negro es el agua de prácticamente toda la provincia y su calidad no debe ser puesta en juego. La roca madre del shale es mucho más amplia que el ancho del valle del río Negro. Si bien “la necesidad tiene cara de hereje”, existen límites que no se pueden sobrepasar sin consecuencias gravísimas para nosotros y nuestros hijos. Como señala Andrade, no bien los clientes de nuestra fruta sepan que fue cosechada a metros de un pozo petrolífero, nos borrarán definitivamente de su lista de proveedores por irresponsables, condenándonos a la pobreza por no poder ofrecer fruta de calidad a los mercados más exigentes. Los actuales políticos de Río Negro no padecerán esta consecuencia, pues tienen ingresos alternativos y un guiño desde Buenos Aires. A los políticos, ¿les interesa el futuro de los productores y del país? Si no hay cambios, nos acecha un nuevo Riachuelo. Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca

Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca