Interconexión eléctrica regional: un plan hacia 2040 que proyecta hasta US$ 5.000 millones en beneficios anuales
Un estudio de OLACDE presentado hacia 2040 revela que 12 de las 16 interconexiones eléctricas evaluadas integran el portafolio óptimo y proyecta beneficios netos de hasta US$ 5.000 millones anuales. Expertos y funcionarios debatieron sobre los desafíos de gobernanza, financiamiento y armonización regulatoria necesarios para concretar los proyectos.
En la XI Semana de la Energía se presentaron nuevos resultados del Plan de Interconexión Eléctrica Regional. De las 16 interconexiones candidatas evaluadas, 12 integran el portafolio óptimo en el escenario base y las 16 resultan valiosas en al menos uno de los escenarios analizados. El estudio proyecta beneficios netos de entre US$ 1.000 y US$5.000 millones anuales, según el escenario.
La sesión “Interconexión eléctrica para una región más integrada: avances y perspectivas del Plan Regional hacia 2040” reunió a representantes de gobiernos, bancos de desarrollo, empresas y organismos internacionales para analizar los resultados del Plan y las condiciones necesarias para llevar las oportunidades identificadas a proyectos concretos.
Impulsado por OLACDE junto con CELAC y la Comisión Europea, a través de EUROCLIMA y con implementación de GIZ, el Plan identifica corredores estratégicos y evalúa su desempeño frente a distintos escenarios de demanda, precios y condiciones climáticas, con el objetivo de aportar evidencia para las decisiones de infraestructura, regulación e inversión hacia 2040.

En la apertura, Guido Maiulini, jefe de Asesoría Estratégica de OLACDE, destacó la relevancia creciente de la integración eléctrica frente al avance de la electrificación. “La integración no es solamente un valor político: permite generar mayor economicidad en el abastecimiento, mayor seguridad energética y reducir emisiones”, señaló, al destacar también la importancia de sostener la cooperación regional y la planificación de largo plazo.
Desde la Comisión Europea, Myriam Ferrán afirmó que “las interconexiones crean los lazos necesarios para que la electricidad pueda fluir en todo el continente”. Planteó además que su desarrollo requiere abordar conjuntamente generación, transmisión e interconexiones, junto con las condiciones regulatorias, financieras y empresariales necesarias para materializar los proyectos.
Los resultados fueron presentados por Rodrigo Moreno, director del Centro de Energía ENLACE, quien explicó que el estudio evaluó 16 interconexiones candidatas bajo seis escenarios, que incluyen variaciones en los precios de los combustibles, mayor electrificación y fenómenos climáticos como El Niño y La Niña. “De las 16 interconexiones, hay 12 proyectos que integran el portafolio óptimo en el escenario base”, señaló. Al modificar los supuestos, las 16 resultan valiosas en al menos un escenario.
El análisis proyecta beneficios netos de entre US$ 1.000 y US$ 5.000 millones anuales, con relaciones beneficio–costo de entre 3,7 y 18,5 veces, según el escenario. Los beneficios provienen tanto de una operación más eficiente de los sistemas como de una mejor planificación de las inversiones en generación y almacenamiento.
Moreno destacó además que algunas de las interconexiones de mayor valor son aquellas que vinculan subregiones completas. Panamá–Colombia conecta Centroamérica con la región andina, mientras que Perú–Chile articula el sistema andino con el Cono Sur.
Moderada por Esteban Kiper, de OLACDE, la discusión abordó las condiciones necesarias para pasar de los resultados técnicos a la ejecución de los proyectos.
Arianna Spinelli, directora nacional de Energía de Uruguay, sostuvo que “la integración energética es un instrumento, no un fin en sí mismo” y destacó que la experiencia uruguaya demuestra el valor de la planificación de largo plazo para reducir costos de abastecimiento, al tiempo que todavía existe margen para aprovechar mejor las interconexiones instaladas.
Por su parte, Lisnely Valdés Bosquez, directora de Electricidad de la Secretaría Nacional de Energía de Panamá, destacó el valor estratégico de Panamá–Colombia para vincular Centroamérica con la región andina y fortalecer la resiliencia frente a eventos climáticos. Su desarrollo, señaló, requiere seguir avanzando en gobernanza y armonización regulatoria.
Desde ISA Energía Chile, Álvaro González sostuvo que “la planificación técnica y la planificación regulatoria tienen que avanzar al mismo tiempo” y sintetizó en confianza, gobernanza y adaptabilidad tres condiciones fundamentales para el desarrollo de las interconexiones.
Finalmente, Blas Rozada, de FONPLATA, puso el foco en la ejecución: “Los proyectos tienen que ser técnicamente sólidos, institucionalmente gobernables, económicamente sustentables y financieramente sostenibles”, y destacó la necesidad de combinar recursos públicos y privados con una adecuada distribución de riesgos.
Al cerrar la sesión, Maiulini planteó que profundizar la integración eléctrica regional implica “construir el largo plazo desde el presente”: sostener acuerdos, aprovechar mejor las instituciones regionales existentes y avanzar en una convergencia regulatoria progresiva que permita movilizar inversiones y reducir los costos de la energía para las industrias y los hogares.
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