Es otro hombre que golpeó a una mujer
El actor está detenido y acusado de golpear a su esposa y a su suegra. El caso trasciende los límites de lo privado, adquiere relevancia pública y sirve para hablar de los mitos que giran en torno a la violencia contra la mujer.
VIOLENCIA DE GÉNERO
No es chiste y no da gracia. No es un “confuso episodio”. No es otro escándalo del espectáculo protagonizado por un famoso. Es otro caso más inscripto en los claros límites de la violencia de género. Es una violación a los derechos humanos de las mujeres que, en su expresión más extrema, se cobra vidas, en nuestro país y en el mundo.
El actor Matías Alé fue detenido esta mañana acusado de agredir a su esposa y a su suegra en su casa. Fue trasladado a una clínica privada para ser asistido por una crisis nerviosa y permanece allí con custodia policial.
Fuentes policiales dijeron que Alé fue imputado del delitos de “lesiones leves agravadas por el vínculo, atentado y resistencia a la autoridad”. Todo habría comenzado con una discusión con su esposa María del Cuello Molar, de 23 años, con quien se casó hace poco más de un mes, a la que luego se sumaron su suegra y los vecinos.
Un llamado al 911 alertó a la policía que cuando llegó al domicilio también fue agredida. Los efectivos dijeron que la mujer aseguró haber recibido golpes por parte de su marido y que el actor “estaría bajo los efectos de algún tipo de sustancia tóxica”.
El caso trasciende los límites de lo privado, adquiere relevancia pública por la exposición permanente a la que el actor está sometido y bien sirve como disparador para dar cuenta de algunos de los mitos que giran en torno a la violencia contra la mujer.
Pero ¿qué es violencia contra la mujer? La Plataforma de Acción de Beijing la define como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada”.
La violencia de género no es un hecho aislado, ni privado ni individual es un problema social que atraviesa todas las clases sociales, niveles educativos y profesiones. Si bien no existe un perfil único para definir a la mujer maltratada y al varón violento es posible extraer algunos rasgos característicos, relevados en un manual elaborado por Amnistía Internacional.
La mujer no se queda en una relación violenta porque “le gusta” o “es masoquista”. Está inmovilizada por el miedo, por la angustia, está anulada como persona, avergonzada, y muchas veces sin información al alcance para saber cómo salir de la violencia.
En general, el maltratador es un hombre socialmente muy seductor, que a puertas cerradas ejerce su poder a través de sometimientos físicos y psicológicos.
El varón violento suele hechar mano a un discurso muy convincente y elaborado, que se contrapone a las dificultades que tienen las mujeres para hablar del tema.
El hecho de que sea alcohólico, esté drogado o esté pasando por un momento difícil en su vida profesional o laboral no son nunca atenuantes. Hay muchos hombres con problemas de adicciones o sin trabajo que no maltratan a las mujeres.
Nada justifica que una mujer sea golpeada, hostigada física o psicológicamente, martirizada o asesinada por la simple condición de ser mujer. La violencia de género no tiene que ver con lo que las mujeres sean, hagan o dejen de hacer sino que tiene su raíz en “prácticas sociales conformadas por el machismo, la misoginia y la violencia normalizada contra las mujeres, que se traducen en atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres”, sintetiza la antropóloga mexicana Marcela Lagarde.
Natalia López natalial@rionegro.com.ar