Cuando la falta de aire puede ser señal de algo más: qué enfermedad puede estar detrás

La hipertensión pulmonar tromboembólica crónica puede aparecer después de una trombosis y provocar falta de aire progresiva. El especialista Marcelo Nahim explicó por qué suele demorarse el diagnóstico y cuáles son las alternativas de tratamiento.

La enfermedad constituye el estadio final de la enfermedad tromboembólica venosa.

Una trombosis en una pierna después de una internación, un viaje prolongado o incluso una inmovilización por un esguince puede ser el comienzo de una enfermedad que, en algunos pacientes, avanza silenciosamente durante años. Se trata de la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica, una patología poco conocida y con un importante nivel de subdiagnóstico.

El tema fue abordado en la columna de salud de Sonia Costantini en RÍO NEGRO RADIO, junto al doctor Marcelo Nahim, cirujano cardiovascular y jefe de Cirugía Cardiovascular y del programa de trasplante cardíaco del Hospital El Cruce, de Florencio Varela.

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La enfermedad constituye el estadio final de la enfermedad tromboembólica venosa. El proceso puede comenzar con un trombo formado en las venas profundas de las piernas. Ese coágulo puede desplazarse por el sistema venoso hasta el corazón y llegar al pulmón, donde provoca una embolia pulmonar aguda.

Marcelo Nahím.-

En algunos casos, esos trombos no desaparecen y atraviesan una transformación hasta convertirse en una suerte de tejido cicatrizal que queda adherido dentro de las arterias pulmonares. La obstrucción dificulta la circulación de la sangre y genera hipertensión pulmonar.

Cuál es el principal síntoma


Uno de los grandes problemas es llegar al diagnóstico. El síntoma principal es la disnea progresiva, es decir, una falta de aire que puede alcanzar niveles incapacitantes.

Nahim relató que existen pacientes que llegan a un punto en el que no pueden caminar siquiera diez metros sin quedarse sin aire. Sin embargo, los primeros estudios respiratorios pueden resultar normales porque el problema no está necesariamente en la entrada de aire a los pulmones, sino en la circulación sanguínea a través de las arterias pulmonares.

Esto puede llevar a que los pacientes recorran distintos especialistas y reciban inicialmente otras explicaciones para sus síntomas.

“En Argentina esa odisea diagnóstica es de dos años y medio”, señaló Nahim. El especialista definió una de las claves para sospechar la enfermedad como una “disnea discordante”: una falta de aire intensa que no coincide con lo que muestran inicialmente los estudios clínicos.

Un antecedente puede resultar fundamental: haber sufrido previamente una trombosis en las piernas.

Cuándo puede comenzar el problema


La enfermedad tromboembólica puede tener su origen en un coágulo que se forma en las venas profundas de las piernas. Ese trombo puede desplazarse por el sistema venoso hasta llegar al pulmón y provocar una embolia pulmonar.

Marcelo Nahim explicó que estas trombosis pueden aparecer en situaciones cotidianas, como viajes prolongados, períodos de inmovilización o durante una internación.

Sonia Costantini.-

Según señaló, el 60% de los trombos en los miembros inferiores se produce durante una internación o dentro de los tres meses posteriores.

Por eso, el especialista remarcó la importancia de prestar atención a los antecedentes de trombosis, especialmente cuando aparece una falta de aire persistente que no encuentra una explicación clara.

Una cirugía de complejidad


Cuando la enfermedad está instalada, una de las alternativas es la tromboendarterectomía pulmonar, una intervención de alta complejidad que se realiza en pocos centros especializados.

La lógica, explicó Nahim, es concentrar estas operaciones en equipos que realicen una cantidad importante de procedimientos. La experiencia acumulada permite mejorar los resultados y beneficiar a los pacientes.

El Hospital El Cruce fue pionero dentro del sistema público argentino en realizar este tipo de intervenciones.

La cirugía busca retirar el material que obstruye las arterias pulmonares y restablecer la circulación.

“Limpiamos todo el sistema de cañerías del árbol arterial pulmonar, el izquierdo y el derecho”, graficó el especialista.

Después de la operación, los pacientes deben permanecer anticoagulados de por vida para reducir el riesgo de que la enfermedad vuelva a aparecer.

Un paciente de 18 años


Durante la entrevista, Nahim recordó uno de los casos que más claramente muestran la dificultad para detectar la enfermedad.

El paciente había sufrido un esguince de tobillo jugando al básquet a los 14 años y debió utilizar una bota. Una semana después desarrolló una trombosis venosa profunda. Con el paso del tiempo comenzó a perder capacidad respiratoria, aunque el cuadro siguió avanzando sin ser identificado.

A los 17 años, durante su viaje de egresados a Bariloche, sufrió un síncope mientras realizaba una actividad física. Los estudios revelaron entonces que tenía el corazón severamente dilatado y fue trasladado al Hospital El Cruce. Finalmente fue operado.

“Está curado, está curado de su enfermedad”, contó Nahim al explicar la evolución del joven.

Unos 5.000 argentinos podrían tenerla sin saberlo


Para Marcelo Nahim, uno de los principales desafíos es aumentar el conocimiento sobre la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica, tanto entre los pacientes como dentro del propio sistema sanitario.

El especialista sostuvo que el subdiagnóstico es un fenómeno mundial y señaló que en Argentina deberían realizarse unas 400 cirugías por año, mientras que actualmente la cantidad es considerablemente menor.

A partir de las proyecciones realizadas por los especialistas, estiman que unos 5.000 argentinos podrían convivir con esta enfermedad sin haber recibido todavía el diagnóstico.

Nahim explicó que los síntomas pueden confundirse con otras patologías: en pacientes menores de 40 años, muchas veces se los atribuye al asma y, entre los mayores de esa edad, a la EPOC.

Para aumentar la capacitación y difusión, se conformó una asociación médica dedicada específicamente a esta enfermedad, que realizará un congreso el 1 y 2 de octubre, con dos jornadas centradas exclusivamente en su diagnóstico y tratamiento.


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