“Evidentemente, el gran esfuerzo ha sido insuficiente”
Había una vez un viejo continente que se llamaba Europa, en el que durante siglos y siglos sus habitantes, a través de las fracciones o países que iban organizando, se vivían destrozando, reagrupando, con millones de muertos y cataratas de odio e incomprensión. Generaciones y generaciones con traumas y huellas imborrables, que se han ido a la tumba sin saborear las mieles de la integración, de la paz, de la concordia. Y llegó un momento, no hace mucho, que dijeron: “juntémonos, hagamos el esfuerzo, ya hemos pagado demasiado caro el costo de las divisiones”. Y así lo hicieron, no todos, pues el Reino Unido de Gran Bretaña, con su clásico espíritu avasallador, colonialista, ventajero y mezquino no logró quebrar su inercia histórica. Eliminaron barreras aduaneras, migratorias, tributarias y otras cuántas medidas más, entre ellas, lograron diseñar e implementar la moneda común: el euro. Pero evidentemente el gran esfuerzo llevado adelante, ha sido insuficiente, ya que hoy mismo las diferencias históricas, culturales, económicas y organizativas están jugándoles una pasada triste, grave, desalentadora. ¿Qué paso? ¿No valía la pena juntarse? A prima facie pareciera que el concepto de “cada uno se mata sus piojos como puede” debería ser la norma a seguir. Pero ese precepto volvería a poner a los poderosos y a los débiles en condiciones similares al momento en que comenzaron. Y otra vez tendrían que redefinir cómo funcionar, ya que hace tiempo que saben que separados serían presa de otros países o continentes, axioma del cual partieron al momento de integrarse. Parece el cuento del huevo y la gallina. La tendencia –es más, la realidad– indica que el camino a seguir inexorablemente es trabajar con intensidad para sortear las diferencias y dificultades que tienen y seguir apostando casi fatalmente a la integración. Pero también había una vez un continente más nuevo, llamado América del Sur, que fue colonizado por potencias europeas de la época –cinco siglos atrás– , fue “trozado” y se institucionalizó fracturado. Pues, no hace muchos años buena parte de sus gobiernos se plantearon lo mismo que los europeos: “juntémonos, seremos más fuertes y felices”. Y en eso están, trabajando arduamente coincidencias, limando diferencias. Uruguay y Brasil van a jugar sin fronteras. Han diseñado otras estructuras colaterales complementarias, supletorias: Unasur, ALBA, etc. Todos los esfuerzos están centrados en integrarse. Pero también hubo una vez una serie de comunas pobladas en un área geográfica, en el norte de la Patagonia, que respondía a “territorio nacional de Río Negro”, que se integró en municipios constituyendo la provincia de Río Negro. Y dictó su Constitución, su orden jurídico, económico, institucional, etc. La pregunta que surge después de las reflexiones previas es obvia: ¿qué nos pasa a los grutenses que en un mundo donde todos juegan a juntarse nosotros queremos separarnos? El detalle es que no somos EE. UU. ni Alemania ni Inglaterra. Somos una débil, pequeña, incipiente comunidad heterogénea desde lo idiosincrático, inmadura por lo nueva, adolescente por la historia vivida. Sigamos reflexionando en serenidad. Que el espíritu desarrollador que nos caracteriza no nos traicione. Dialoguemos, construyamos en hermandad. Que la coyuntura política no nos juegue una mala pasada. Marta Aranda, DNI 10.586.566 Las Grutas