“Gestión transparente”

Por Redacción

Los argentinos venimos transitando caminos escabrosos que hacen tambalear las convicciones ciudadanas, lo que no es bueno para construir una república sustentable. Ésta se constituye cuando está compuesta de organismos e instituciones representativas de todos los integrantes de la Nación (1810, 1816, 1853, 1994). Ello presupone que los mismos deben lucir transparentes para justificar y hacer digna la representatividad, lo que habilita participar con honor desde el más humilde lugar ciudadano al más encumbrado del sofisticado concierto de naciones. Una república para ser respetable interna y externamente debe tener, en primer término, instituciones representativas previsibles en el mediano y largo plazo. Las improvisaciones caracterizan nuestro actual andar y operan en forma muy negativa sobre el cuerpo social. Teóricamente el organigrama que rige nuestro país está diseñado en un esquema federal, aunque al andar se dibuja la fachada unitaria. El problema es que los ocupantes de las funciones, empezando desde las más altas, son flacos de principios y no están al nivel requerido, manejándose a su propio arbitrio en forma desmesurada, haciendo que las instituciones de la República se deterioren en desmedro de la dignidad que deberían ostentar. En general, la conducción no es previsible, y por lo tanto no es confiable. La repetición de estas mediocres gestiones producen acostumbramiento y vicios que se instalan como modalidad y se naturalizan en el cuerpo político-social. Cada vez se va a hacer más difícil revertir esa tendencia, que se acentúa mediante la utilización de procedimientos propios del populismo, la demagogia y la corrupción, que culminan en acentuada ignorancia y marginalidad. A la larga el individuo, que percibe su injusta situación social, termina reclamando sin medir la modalidad del pedido, aunque interfiera o moleste la actividad de terceros cuya única culpabilidad es la de ser conciudadanos. Esa forma de actuación acerca a la intolerancia colectiva y por lo tanto a la anarquía. Los ocupantes de lugares expectantes deberían considerar este deterioro que se percibe –no hay mediciones ni estadísticas– en el ámbito ciudadano como lacras originadas en la marginalidad, la pobreza extrema, la incultura, la inseguridad, etcétera, que socavan las instituciones republicanas. Sin embargo debemos albergar esperanzas de cambio a partir de las próximas elecciones generales en las que participaremos todos. Es deseable que así sea, para el bien de la República. Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén

Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén