Hesayne cumple 40 años como obispo
El sacerdote inició su tarea pastoral en Viedma y hoy, con 92 años, encabeza el Instituto Cristífero de Azul.
Aniversario
“Cuarenta años es poco”, bromeó Miguel Esteban Hesayne al ser saludado por Río Negro ayer al cumplir un nuevo aniversario en su función como Obispo de la Iglesia Católica.
“Es una gracia del Señor pero también un compromiso para seguir con la misión de anunciarlo como he prometido, nosé si siempre lo he logrado, en cada instante de estos 40 años”, aseguró en una breve comunicación telefónica entre otras entrevistas y la misa del mediodía.
A través de este medio saludó a los viedmenses y rionegrinos en general, asegurando que les dedica a diario sus oraciones con la intención que “se ubiquen en la vida para ser felices según el proyecto de Dios”.
El Papa Pablo VI lo eligió como obispo de la diócesis de Viedma el cinco de abril de 1975 pero el cuatro de junio de ese añorecibió la plenitud del sacerdocio en el Orden Episcopal en la catedral de Azul por monseñor Manuel Marengo, obispo de esa ciudad. Como co-consagrantes actuaron los monseñores Eduardo Francisco Pironio, obispo de Mar del Plata y Miguel Ángel Alemán, obispo de Río Gallegos. Se instaló en la diócesis de Viedma el ocho de julio del mismo año, a sus 52 años.
Hesayne fue obispo de Viedma por 20 años, hasta el 28 de junio de junio de 1995, cuando renunció por edad. Fue entonces nombrado obispo emérito de Viedma y desde ese momento dirige el Instituto Secular de los Cristíferos (cofundador junto a Beatriz Abadía) centrado en la formación integral del laicado en su ciudad natal de Azul.
A los 26 años fue ordenado sacerdote -el 12 de diciembre de 1948- en el seminario San José de La Plata. Fue profesor de literatura y latín en el Seminario diocesano de Azul y más tarde rector. Como cura párroco recorrió varias localidades y por 15 años fue capellán auxiliar no militar en el Regimiento de Azul y en la Base Naval Azopardo de la Armada Argentina.
Tuvo un rol episcopal intenso durante la última dictadura cívico militar en el país entre 1976–1983, siendo uno de los pocos miembros de la jerarqía de la Iglesia católica argentina en criticar abiertamente sus abusos y crímenes sobre los derechos humanos como el asesinato (enmascarado como un siniestro de tránsito) del obispo Enrique Angelelli por una “fuerza de tareas militar” en 1976.
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