El STJ de Río Negro redefine el mapa judicial: apuesta a la IA y quiere dejar atrás la justicia «lenta»

Ricardo Apcarián, juez que presidirá el máximo tribunal rionegrino desde febrero, proyectó un plan centrado en la IA, la eficiencia presupuestaria y el freno a la demora en los fallos. Cómo se redefine el nuevo mapa judicial.

El Departamento de Informática Forense opera desde la capital de Río Negro. Foto: Marcelo Ochoa

A las puertas de su tercera presidencia en el Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Río Negro, Ricardo Apcarián se prepara para consolidar un modelo de gestión que busca romper con el estigma de la «justicia lenta». Con la mirada puesta en el 1 de febrero de 2026, el magistrado delineó una hoja de ruta donde la planificación estratégica y la tecnología no son solo complementos, sino el motor de una transformación estructural. Según explica, el objetivo es claro: achicar la brecha entre lo que la sociedad demanda y lo que el servicio judicial ofrece efectivamente en el territorio provincial.

La transición hacia este modelo no es improvisada. Con la calma de quien conoce los pasillos del poder desde 2013, Apcarián subraya que desde aquel momento se ha trabajado en un área de planificación que evita los vaivenes de los cambios de autoridades.

«Procuramos evitar que los objetivos cambiaran de acuerdo al presidente de turno», afirmó el juez, destacando que el norte de la justicia rionegrina se asienta hoy sobre la autocomposición de conflictos, la digitalización total de los procesos y una «obsesión» personal por los plazos de respuesta, especialmente en el fuero civil, donde la doble instancia todavía presenta demoras que promedian los 600 días.

Ricardo Apcarián durante la entrevista en la que definió los lineamientos de la próxima gestión. Foto Ceci Maletti.

Para el magistrado, la legitimidad de la Justicia no se construye con marketing, sino con resultados. En el diálogo, consideró que existe una brecha de credibilidad alimentada por la confusión entre el fuero federal y el provincial, una batalla que define como «perdida de entrada» en términos de imagen pública, pero que busca revertir mediante la celeridad.

«La celeridad es uno de los aspectos que más nos alejan de la sociedad y a eso le tenemos que poner el foco», aseguró. Bajo esta premisa, la proyección de su gestión en 2026 propone transformar la estructura administrativa de los tribunales rionegrinos para evitar que los procesos civiles sigan estancados en plazos que hoy rondan casi dos años en segunda instancia.


Inteligencia Artificial: una piedra angular de la estrategia 2026


Uno de los puntos más disruptivos de la plataforma de Apcarián es la creación de un Laboratorio de Inteligencia Artificial. Con una millonaria inversión proyectada, el STJ busca incorporar tres desarrolladores para implementar sistemas de IA que realicen tareas mecánicas y repetitivas.

El juez utilizó una analogía de su pasado en la gestión municipal para explicarlo: «Tenemos un esquema, como si fuera un trabajo de hacer cloacas y plazas; son trabajos de sostenimiento que quizá no se notan, pero que entregan mejoras al usuario».

Según el magistrado, un modelo híbrido ya entrenado podrá revisar demandas, validar datos y proponer una sentencia al juez en menos de 40 minutos. Los cañones apuntarán a una aplicación inmediata de esta tecnología será en las ejecuciones de títulos de crédito, como pagarés.

«Es mucho más probable que se equivoque un empleado revisando un número de documento que un sistema de IA», afirmó. Además, el plan incluye una novedosa «librería de prompts» para que los jueces mejoren su redacción, eliminando tecnicismos innecesarios, gerundios y latinismos.

«El sistema revisa si la demanda y el pagaré cumplen con todos los requisitos que establece el código y propone una sentencia directamente al juez», explicó. No obstante, el magistrado aclaró que la última palabra siempre será humana: «La visión por el modelo es mucho más certera para tareas mecánicas, pero el juez siempre revisa y firma».


Lenguaje claro y la justicia en el teléfono del ciudadano


Otro pilar fundamental del mapa judicial 2026 es el «Lenguaje Claro». Apcarián puso énfasis en que la rigurosidad técnica no debe ser una barrera para la comprensión ciudadana. «No hace falta escribir en latín para que la sentencia tenga un sentido técnico», reforzó. El objetivo es que cualquier vecino pueda entender por qué se tomó una decisión sin necesidad de un diccionario jurídico al lado.

Esta simplificación llegará incluso a las notificaciones. El STJ trabaja en un sistema de lectura de notificaciones mediante códigos QR. Un ciudadano citado como testigo, por ejemplo, podrá escanear el código con su teléfono y un asistente de voz le explicará, en lenguaje sencillo, qué debe hacer, dónde presentarse y qué implica su rol.

«La gente por ahí se asusta con una cédula técnica; esto permite que entiendan la mediación como una oportunidad de arreglo y no como una amenaza», destacó el juez sobre la necesidad de humanizar el contacto digital.


Infraestructura y el concepto de «edificios vacíos»


La modernización ha cambiado radicalmente el mapa físico de la provincia. Apcarián observó que las grandes estructuras diseñadas para la circulación de abogados y papel han quedado obsoletas. «Si vas hoy a los edificios, no hay abogados prácticamente; están vacíos», comentó. Esto llevó a una redefinición del plan de obras. En lugar de «edificios monumentales», la justicia rionegrina apuesta a espacios funcionales, con salas de audiencias equipadas y oficinas judiciales que optimizan el recurso humano.

A pesar de este vacío presencial, la inversión en infraestructura continúa en puntos críticos. El magistrado menciona la construcción de la Ciudad Judicial de Cipolletti y nuevos edificios en Catriel, San Antonio Oeste, Choele Choel y El Bolsón. La clave, según el juez, es llevar el servicio a donde están los conflictos crecientes, como el fuero de familia en las zonas de mayor impacto económico. «Tratamos de no replicar estructuras administrativas innecesarias, sino de optimizar lo que tenemos para estar cerca de la gente», explicó respecto a la distribución geográfica.


Autonomía y austeridad: la gestión de los recursos propios


El STJ defiende con énfasis la idea de un Poder Judicial «austero». Quien lo liderará este 2026 aseguró que, a diferencia de otros organismos, la justicia rionegrina financia gran parte de su equipamiento tecnológico y reparaciones edilicias menores con recursos propios, provenientes de la tasa de justicia, sin depender exclusivamente de rentas generales. «No tocamos rentas generales para comprar tecnología; tenemos una planificación de reemplazo de equipamiento cada tres años para que los sistemas soporten las nuevas herramientas», precisó.

Para Apcarián, la legitimidad se gana con productividad. El STJ cuenta hoy con tableros de control que informan al minuto cuántas causas entran y cuántas audiencias se realizan, permitiendo una trazabilidad total de la eficiencia de cada juzgado en la provincia.


El desafío de la credibilidad y el futuro laboral


Al analizar el fuero laboral, Apcarián destaca que es uno de los más eficientes, con un alto índice de conciliación gracias a la intervención personal de los jueces. «El secreto está en la inmediación. El juez habla con las partes y les explica los pro y los contra de la solución«, destacó. Esta práctica, sumada a la doctrina obligatoria del STJ y calculadoras judiciales en línea, busca que los conflictos se resuelvan antes de llegar a instancias superiores, reduciendo el litigio innecesario y dando previsibilidad económica a empresas y trabajadores.

Finalmente, el juez reconoció que el gran desafío para 2026 sigue siendo la credibilidad. Aunque admitió que la imagen de la justicia provincial suele quedar «arrastrada» por el desprestigio del fuero federal, confía en que la eficiencia será la mejor respuesta.

«Todo lo que implique bajar el índice de conflictividad y pacificar nos va a permitir ganar un poquito más de credibilidad», aseguró. Con la IA como aliada y una estructura despojada de formalismos vacíos, el mapa judicial de Río Negro se proyecta hacia una era de resultados tangibles y cercanía digital.

El camino se allana hacia una presidencia de Apcarián que tendrá un fuerte perfil de gestión basado en datos duros. «Somos servidores públicos y tenemos que ser y parecer», concluyó, reafirmando que el mérito es, simplemente, «ser digno de la función».


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