Kirguistán apela a una intervención rusa para salir del horror

Por Redacción

Cadáveres de niños delante de casas uzbekas incendiadas y madres gritando de dolor. Las imágenes del horror en el sur de Kirguistán son cada vez más pavorosas. La comunidad uzbeka acusa a saqueadores kirguises de asesinar, sólo en la ciudad de Yalal Abad, a 700 de sus miembros. Por el momento no hay pruebas. Pero observadores independientes creen que el gobierno maquilla las cifras oficiales de 120 muertos. El motivo: el gobierno de transición debería entonces admitir su fracaso, apenas dos meses después del derrocamiento del autoritario presidente Kurmanbek Bakiyev. Rusia ya no descarta enviar tropas de paz para estabilizar el sur de la república, sacudido en los últimos días por sangrientos enfrentamientos étnicos, afirmó el jefe del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev. Una alianza militar encabezada por Rusia ya ha elaborado un plan anticrisis para detener los choques entre uzbekos y kirguises, dijo Patrushev. Mientras, testigos afirman que las calles siguen siendo escenario de saqueos, incendios y disparos. El gobierno interino que encabeza Rosa Otunbayeva apuesta a que los disturbios no desbordarán hacia otras regiones. Pero expertos consideran que toda Asia central es un polvorín con suficientes extremistas para hacerla explotar. Para enfriar los caldeados ánimos, la dirigencia kirguisa busca la ayuda de soldados de paz rusos. Hace ya 20 años, en 1990, se produjeron violentos choques entre uzbekos, que conforman el 15% de la población local, con los kirguises (70% de la población). En aquel entonces, las tropas –aún soviéticas– permanecieron por meses. El conflicto entre uzbekos y kirguises se debe principalmente al acceso a la tierra y el poder en el extremadamente fértil valle de Fergana. Ambos grupos étnicos hablan turco y comparten la misma religión, el Islam. Pero mientras que los kirguises eran históricamente nómadas y criadores de ganado, los uzbekos cultivaron la tierra y dominaron el comercio. En la era soviética las tradicionales formas de vida fueron desbaratadas y el valle del Fergana se dividió en tres estados: Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán, con minorías en cada uno de estos países. Al ser el mayor grupo étnico en el Valle de Fergana, los uzbecos quieren que su idioma sea el oficial. Pero el gobierno teme que si cede a la demanda seguirán reclamos de otros grupos étnicos, como los tayikos, y Kirguistán se desintegre. Además, la ciudad de Osh es un centro neuronal del tráfico de drogas de la vecina Afganistán, así como un centro de comercio de mercancías procedentes de la vecina China. Esto ha creado un suelo fértil para el crimen organizado y la corrupción. Se cree que los uzbecos han estado a cargo del tráfico, con el apoyo tácito de oficiales kirguises. Pero el reciente golpe de Estado que acabó con el poder del presidente Kurmanbek Bakiyev rompió este equilibrio. (AP/AFP/DPA)


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