La atomización electoral favoreció mensajes cruzados

Por Redacción

Mario Rojas

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El último debate político en campaña que se recuerda en Neuquén fue en agosto del 2013, cuando se dio una circunstancia puntual como fue el acuerdo entre YPF y Chevron que aprobó la Legislatura. Eso le costó al gobernador Jorge Sapag perder por una humillante diferencia de votos con su contrincante interno Guillermo Pereyra. En las PASO de este año, prácticamente no hubo debate más allá de los diagnósticos críticos que ensayan los partidos que practican el famoso teorema del diputado mendocino Raúl Baglini, quien en 1986 postuló que, “cuando más lejos del poder está un dirigente, más irresponsable son sus posturas políticas”.

El otro condimento que tuvo esta campaña es la atomización de las elecciones. La provincia comenzó una carrera en las urnas desde el año pasado, cuando el MPN probó la fórmula Omar Gutiérrez Rolando Figueroa en internas abiertas para autoridades del partido. En febrero volvió a votar en internas al candidato a gobernador, en abril eligió el reemplazo de Sapag desde diciembre. Los intendentes jugaron sus cartas con el espacio de decisión que les cupo en el reparto del mazo y fijaron fechas de acuerdo a sus estrategias.

Los neuquinos ya fueron nueve veces a las urnas para elegir cargos en diferentes espacios geográficos y de poder, entonces el votante se desorienta y no acierta a indagar si Alberto Ciampini debe hablar de cómo solucionar el gran problema de los colectivos urbanos en Neuquén o si el intendente Horacio Quiroga es quien va a votar en el Congreso sobre cómo pagarles a los fondos buitre.

La última elección provincial del 26 de abril fue un muestrario de la ausencia de debate por acción u omisión. El candidato oficialista del MPN no respondió, en forma personal, ningún cuestionamiento que le propinaron con enjundia y picardía los competidores, que a la postre se ubicaron segundo y tercero. Ramón Rioseco del Frente para la Victoria apuntó al endeudamiento y el aumento de gastos sin recursos del gobierno y calificó que la provincia estaba fundida. Horacio Quiroga encontró un consejo exógeno y lo usó para criticar a la familia Sapag sin tener en cuenta el grado de resiliencia que tiene en los neuquinos. Al gobernador le molestaron, obviamente, los dichos pero no sacó la campana de cristal con la que protegió a sus candidatos y se preocupó en dividir en tres para no correr el riesgo de la polarización que le jugó una mala pasada en el 2013.

Desde que está en política, Sapag hace honor a un consejo que atribuye a su padre: es bueno que hablen de uno, aunque sea mal. Evita ponerse en el escenario cuando el auditorio le es adverso. Después de la huelga policial del 2013 mantuvo un prudente silencio hasta abril, cuando el tema se hubo disuelto. Y luego de las elecciones de abril sólo apareció públicamente en dos oportunidades en actos patrios. La provincia aplazó los pagos de los aguinaldos a los empleados públicos y puso sobre el debate la calidad de la paz social que compró cuando asumió en el 2007.

Este hecho pareció derrumbar el castillo de optimismo que se construyó en la campaña y, otra vez, no hubo palabras de Sapag para mantenerse erguido. Por otro lado, hay que decirlo, si no hay una intermediación mediática del gobernador difícilmente tenga posibilidades de continuación.

Neuquén

Los neuquinos fueron nueve veces a las urnas este año, con candidatos de postulación múltiple.