La carrera hacia la Casa Blanca larga en un pequeño estado

El próximo presidente de Estados Unidos será elegido el 8 de noviembre, pero los candidatos empiezan a ponerse a prueba mañana en las peculiares asambleas de Iowa.

Por Redacción

Los caucus (elecciones en asambleas) de Iowa darán mañana la señal de largada en la carrera hacia la Casa Blanca, que culminará el 8 de noviembre con la elección del próximo presidente de los Estados Unidos.

Todos los ojos estarán puestos en Iowa, un estado rural y predominantemente blanco, en el que no vive más del 1,5 por ciento de la población nacional y en el que el voto hispano tiene poco peso, pero que al ser el primero en votar acapara toda la atención política y mediática.

El 1 de febrero se vota en Iowa, el 8 en las primarias de New Hampshire. Y cuando el 20 de febrero los republicanos hayan votado en Carolina del Sur, comenzará a despejarse el panorama y los precandidatos con menos apoyos empezarán a abandonar la carrera. En cambio, el precandidato que logre imponerse en esta primera etapa podrá contar con más fondos de campaña, más apoyos y atención pública y mediática.

Por ahora el multimillonario Donald Trump parte como favorito en las encuestas para las primarias republicanas, mientras que la demócrata Hillary Clinton no parece tener el primer lugar tan asegurado, ante el sorprendente empuje del senador Bernie Sanders, que cuenta con el apoyo del ala más izquierdista del partido demócrata.

Si “Donald”, como muchos lo llaman en Estados Unidos, logra imponerse en las primeras dos o tres citas electorales republicanas, será difícil de frenar en lo que queda de la campaña. En cambio, si perdiera en Iowa frente al senador hispano Ted Cruz, no le resultaría del todo fácil evitar que le vieran como un “looser” (perdedor), algo que él detesta. Él mismo lo ha dicho: “Yo, Donald Trump, soy exclusivamente un ganador”.

Las últimas encuestas lo favorecen. Casi todos los analistas han tenido que corregir los pronósticos que habían hecho a mediados del 2015. Decían que la campaña del magnate se iba a esfumar al poco tiempo, que hacía declaraciones pobres de contenido y que era inimaginable que fuese presidente. Ahora muchos de ellos ven posible que gane la nominación republicana y quién sabe si la presidencia.

Trump, que no es político sino un empresario de éxito, no parece precisar ni del apoyo del partido ni de donantes ricos para mantenerse en lo más alto de las encuestas. Le basta con canalizar y encender la ira de grandes partes de la población. Aparentemente, eso ha sido suficiente para lograr apoyos entre un electorado fiel, al que no le importa las barbaridades que diga el multimillonario, sobre los indocumentados mexicanos o los musulmanes.

En tanto Clinton confía que no le ocurra como el 2008, cuando un senador joven y poco conocido entonces llamado Barack Obama la derrotó en las primarias y fue elegido presidente.


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