La retirada israelí entró en la recta final

En las próximas dos jornadas se completaría el desalojo de las colonias israelíes de la franja de Gaza. El primer ministro Sharon criticó la resistencia con violencia por

Por Redacción

FRANJA DE GAZA.- El Ejército israelí comenzó a desalojar ayer Katif y Atsmona, dos colonias de la franja de Gaza que todavía estaban habitadas y en las que no encontró una gran resistencia por parte de sus habitantes, resignados a ver desaparecer en breve las 21 implantaciones judías de este territorio.

Se espera que en los próximos dos días, Israel termine la evacuación de todos sus asentamientos de la franja, ocupados desde hace 38 años, y complete el desalojo de cuatro colonias del norte de Cisjordania que también forman parte de este plan de retirada. Los responsables israelíes ordenaron la destrucción inmediata de parte de las casas abandonadas de las colonias de Dugit y de Peat Sade.

Por la mañana, el Ejército entró por la fuerza en la colonia de Katif, donde los jóvenes los recibieron con barricadas en llamas a los soldados y policías que llegaban a expulsarlos de sus casas.

La resistencia a las fuerzas del orden en este asentamiento en el que vivían unas 80 familias, de las cuales unas 20 ya habían abandonado sus hogares, fue más bien simbólica.

El primer ministro israelí Ariel «Sharon cortó las ramas del árbol de Gush Katif (bloque de colonias de Gaza) pero volverán a nacer cuando él ya no sea nuestro dirigente. Serán más y más fuertes y un día regresaremos a Gaza», declaró el rabino Menahem Burstein, un uruguayo residente en Jerusalén.

El coronel David Swissa, a cargo de la operación militar, movilizó a 2.000 soldados, la mayoría de ellos sin armas, para desalojar Katif, una implantación agrícola religiosa creada a principios de los '80. Esta colonia está marcada por la tragedia ya que una mujer y sus cuatro hijas fueron asesinadas en el 2004 en un ataque palestino, un crimen que marcó profundamente a los habitantes del asentamiento.

Los militares rezaron junto a los colonos en la sinagoga, donde se procedió a la retirada de la Torah (escrituras sagradas judías), lo cual indica el cierre de este lugar.

Casi al mismo tiempo, los soldados entraron sin problemas en las colonias de Atsmona y Slav, que ya había sido en parte evacuada por sus habitantes.

Por otra parte, el primer ministro Ariel Sharon criticó ayer el apoyo dado por los colonos a «extremistas que llevaron a cabo actos salvajes que rozan el crimen», para oponerse a algunos desalojos. Se refería sobre todo a Kfar Darom, colonia donde sus habitantes, atrincherados en el tejado d la sinagoga, echaron ácido a los policías el jueves e hirieron a varios agentes.

En Cisjordania, el desalojo afectará a cuatro colonias del total de 120 existentes en este territorio. Se trata de Ganim y Kadim, que ya están prácticamente vacías, y Homesh y Sanur, donde se atrincheraron más de 1.500 activistas opuestos a la retirada. En esta región, los israelíes que se oponen a la evacuación de las colonias de Cisjordania lanzaron un cóctel molotov a los militares que patrullaban la región, informó Dan Halutz, jefe del estado mayor del Ejército israelí.

Las cuatro implantaciones, en las que viven 500 personas, deberán ser evacuadas el miércoles y jueves, según el calendario previsto. El control de estas implantaciones tampoco corresponderá totalmente a la Autoridad Palestina ya que Israel se reserva el control de sus accesos.

Los palestinos siguen esperando sin embargo que esta retirada sirva para relanzar la Hoja de Ruta, plan de paz internacional para la región que exige el fin de la colonización judía y prevé la creación de un Estado palestino.

Pero Sharon ya ha advertido de que la retirada de la franja no implica que en Cisjordania vaya a ocurrir lo mismo, ni que su Estado vaya a renunciar a partes de Jerusalén. (AFP/DPA)

Los palestinos aguardan impacientes

CIUDAD DE GAZA.- Para los palestinos de la Franja de Gaza, los asentamientos judíos que están siendo evacuados de forma unilateral por Israel son el origen de limitaciones y humillaciones.

Sobre todo tras el estallido de la segunda Intifada hace casi cinco años, el Ejército israelí subordinó la vida de los 1,4 millones de palestinos a la seguridad de los 8.000 colonos. Desde entonces, para los palestinos resulta muy difícil cruzar las fronteras con Israel y Egipto.

Los puntos de control israelíes dificultan en grado extremo los movimientos dentro de la Franja, de sólo 30 kilómetros de longitud. Los productos deben ser descargados en la frontera. Los pescadores no pueden faenar a más de 30 kilómetros de la costa.

Todo esto hace que los palestinos se consideren los prisioneros de la «mayor cárcel al aire libre del mundo».

La mayoría de los partidos políticos y diferentes agrupaciones ya han realizado sus «declaraciones de victoria». En los bastiones del movimiento radical Hamas cuelgan pancartas verdes con la inscripción: «Hoy Gaza, mañana Jerusalén».

«Me sentí feliz cuando vi las imágenes por televisión», cuenta Mahmud Abu Hoza, un habitante de 20 años del pueblo beduino Al Siafa, en el norte de la Franja. «Feliz como una persona a la que se le devuelve la tierra que le había sido robada. Feliz como una persona que recibe un porcentaje de aquello que le pertenece», agrega su padre, Zidan Abu Hoza.

El restante 99% lo constituye para él Cisjordania, Jerusalén Este y los millones de refugiados y deportados palestinos cuyo derecho a regresar está siendo cuestionado.

«Pero miremos hacia el futuro», continúa este beduino de barba gris envuelto en su yalabiya, su caftán, blanco. «La evacuación no va a cambiar nada si no se levanta el cierre de la frontera». (DPA)

Los asentamientos judíos son destruidos

PEAT SADE (franja de Gaza).- La pesada maquinaria se hunde en la fina arena de la franja de Gaza mientras rompe las paredes de las casas de los colonos judíos en Peat Sade. «Nunca he destruido, sólo he construido», dice entristecido el obrero israelí Shmuel Sivoni en la tarde del domingo. En dos días, no quedará en pie ninguno de los 61 edificios erigidos en este asentamiento de la franja de Gaza. Ya ahora parece Peat Sade un pueblo fantasma.

La familia Hazan, cuya casa fue la primera derribada ayer, ha dejado maldiciones escritas en las paredes de su vivienda. Considera que la retirada de la Franja de Gaza es venderse a los palestinos.

«Vergüenza para el país. Sharon, avergüénzate», han escrito. «Nosotros, los habitantes de Peat Sade, regresaremos, con la ayuda de Dios». Esta casa de gran tamaño fue vaciada del todo. Incluso se llevaron las tejas. Sólo quedan las paredes pintadas de un alegre amarillo, verde y azul.

En el jardín están esparcidas fotos de familia que recuerdan la fiesta de graduación del hijo en una unidad de élite israelí. De las casas no van a quedar más que los cimientos. En los últimos días, los soldados tomaron posiciones para asegurarse de ello.

Un oficial israelí recalca que son obreros civiles los encargados de esta tarea, no los soldados. «A nivel emocional, es una tarea difícil», dice el suboficial Eli Ezer.

La infraestructura del suelo, cables eléctricos y canalización del agua será asumida por los palestinos. Pero la Autoridad Nacional Palestina insistió en que las casas fueran destruidas, haciendo valer para ello las obligaciones que según el Derecho Internacional tiene una fuerza de ocupación cuando abandona la zona.

Y es que a los más de 1,4 millones de palestinos que viven hacinados en la Franja de Gaza las villas de las 1.550 familias de colonos judíos no les sirven de mucho.

Ellos necesitan viviendas para su grande y creciente población. Cuando dentro de unas semanas asuman el control de la zona, los palestinos no hallarán en los asentamientos abandonados mucho más que carreteras y tuberías. En Ganei Tal, cuyos habitantes acordaron con el Ejército israelí una retirada voluntaria, los trabajadores arrancaban ayer palmeras y olivos.

En la sinagoga de Ganei Tal, los colonos trabajan duro empaquetando cuidadosamente toda la decoración interior. «En el sentido estricto de las leyes religiosas judías, una sinagoga vacía no es más que un montón de piedras y cemento. Aun así, de lo que aquí se trata es de símbolos», explica un experto. (AFP)


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