“La situación ganadera del norte neuquino”

Por Redacción

En relación a la carta del lector, el señor Gabriel Palmili, publicada el 14/12 pasado, paso por alto sus injustas y apresuradas críticas a mi persona, remitiéndome a mi artículo original, que le invito a releer con calma. En ningún momento acuso a los pequeños pobladores-productores ganaderos de usar y abusar del recurso. Aludo sí a un proceso de degradación de los recursos naturales y de desertificación, que viene acentuándose desde hace más de un siglo a esta parte, del que los habitantes del medio rural son víctimas y no victimarios. Como en muchos lugares de la Patagonia árida y semiárida, el origen de este negativo proceso de deterioro ecológico y social radica en la inestable tenencia de la tierra por parte de los descendientes de antiguas familias, que décadas tras décadas han sido compelidas a la marginalidad y la marginación al no regularizarse la situación legal de las tierras que ocupan. Explícitamente, en mi artículo aludo a la lenidad de las políticas estatales de adjudicación y transferencia de las tierras a sus legítimos ocupantes –que son quienes las trabajan–, transferencia que está literalmente pautada en la Constitución Nacional y las constituciones de casi todas las provincias patagónicas. En un trabajo que realizamos en la Universidad del Comahue, publicado en la década de los 80 por el Departamento de Geografía, sobre la base de datos oficiales de las direcciones de tierras y colonización, advertíamos que la tercera parte de la Patagonia (unas 28 millones de hectáreas) eran fiscales, pero no libres de ocupación y explotación. En Neuquén, el 45% de su territorio estaba en desordenada ocupación precaria, y esta situación no parece haber mejorado mucho en la actualidad. Si usted conoce el territorio como dice, sabrá de la situación de debilidad económica, social y política que esto supone. Ocurre, entonces, que “tierras de nadie” son “usadas por todos” sin que haya estímulos concretos para introducir mejoras y cuidar racionalmente la renovación y sustentabilidad de los recursos. Como no tiene sentido alambrar ni introducir mejoras de explotación, los pobladores deben adaptarse a la realidad, de ahí la prevalencia de caprinos en estos campos, pues esta especie animal es muy gregaria (anda en piños) y sólo requiere “pastores” para su cuidado. Claro que tales pastores son los miembros más jóvenes de la familia, que por lo tanto no pueden concurrir a la escuela con la asiduidad deseable. Tampoco hay posibilidad de mejorar el ganado, pues las técnicas de inseminación o adquisición de reproductores de calidad no están al alcance de gentes tan pobres, que para sobrevivir no tienen más remedio que sobrepastorear los campos, si es que el frecuente clima hostil no les diezma sus crías. En cuanto a la vegetación, el pastoreo-ramoneo libre y extensivo implica un severo proceso de selección: los animales consumen las hierbas y arbustos más apetecibles, de modo que malezas y plantas tóxicas crecientemente ocupan mayores espacios o el suelo queda desnudo y sujeto a la erosión. Desde el punto de vista zootécnico, generación tras generación las razas se deterioran por consanguinidad y además tienden a sobrevivir los animales más rústicos y sufridos, que no suelen ser los más productivos. En cuanto a la trashumancia, que es una estrategia impuesta de hecho por la disímil oferta forrajera de las invernadas y las veranadas, debe reconocerse que sí implica una importante pérdida energética en el tránsito de primavera hacia arriba y de otoño hacia abajo. Energía del alimento que en vez de transformarse en carne, leche, pelo o lana es dilapidada en las enormes distancias recorridas. Coincido con usted en que “la situación podría ser mucho peor”, pero de seguir así la parábola de la desertificación seguirá cayendo en picada. No se trata de echar ni acusar de “mala praxis” a nadie. De lo que se trata es que la “tierra sea entregada a quienes la trabajan” y cada familia o miniempresa de nuestros campos pueda desarrollar racionalmente sus emprendimientos con la debida asistencia tecnológica y financiera de los organismos estatales y privados, pero en libertad, sin condicionamientos espurios, maniobras electoralistas o aprovechamientos de “la pobre inocencia de la gente”. Y me hago cargo de todos los entrecomillados. Ing. Agr. Carlos A. Abadie DNI 4.359.865 San Martín de los Andes

Ing. Agr. Carlos A. Abadie DNI 4.359.865 San Martín de los Andes