Las Grutas: cuando las ballenas te avistan a vos

Dos habitantes del golfo San Matías, Iván Carpintero y Fede Saurin, relatan sus experiencias al cruzarse con los gigantes del océano y los lobitos marinos. Son  fanas de los deportes náuticos y tienen encuentros frecuentes en el mar.



Iván en una de sus incursiones con la tabla. Acá, con sus fieles compañeros

Iván en una de sus incursiones con la tabla. Acá, con sus fieles compañeros

“Muchas veces me encontré con ballenas. La última vez fue hace unos días, éramos varios navegando. Estábamos llegando al Buque (una playa que está al sur de Las Grutas) y un poco antes, a sólo 800 metros nuestro, apareció una. Cuándo te ven es rarísimo lo que pasa. Porque parece que ellas vinieran a avistarte a vos”.

Fede Saurin y sus experiencias en el golfo San Matías.


El que cuenta esta anécdota es Iván Carpintero, instructor de Kite surf y titular de una escuelita de ese deporte que funciona al aire libre, en el balneario de San Antonio La Mar Grande. Pero como fanático de todos los deportes náuticos, son muchas las historias que tiene para compartir de ésas en las que él se sintió el avistado

Mirá el video del encuentro de Iván con lobitos marinos


“Estamos en un lugar de privilegio acá… tenemos un montón de fauna marina para ver. Y de todas las especies, los lobos marinos y las ballenas son los más receptivos. Los lobitos marinos son como perros. Se acercan a curiosear, salen y entran del mar como si quisieran jugar.

Iván en su mundo marino.

Cuando les doy clases a chicos les pregunto ¿Te dan miedo los lobos? Si dicen que no, les pido que se den vuelta. Y allí se maravillan cuando ven a uno tan cerca y se dan cuenta de que todo ese tiempo estuvo siguiendo la clase. Si les temen no digo nada y los alejo un poco para que no se sientan inquietos. Pero los lobitos son así, juguetones, curiosos…” contó Iván.

Imágenes virales
Coincidió con él Federico Saurín. Fede es fotógrafo y ama el kite, el stand paddle y otros deportes de agua. Y hace poco compartió unas imágenes que se viralizaron, en las que se ve una ballena jugando a metros suyo.


“Lo que pasa es que se da como una simbiosis con estos animalitos. Es como si navegáramos con ellos. No nos ven como algo extraño o como una amenaza.

"Pero coincido en que los más receptivos son las ballenas y los lobos. Las toninas, los delfines, ésos van muy rápido, es distinto. Pero es real que los lobitos actúan mansos, te buscan juego, como perritos… y las ballenas, pese al tamaño, también”, contó Fede.

Los lobitos son curiosos y amistosos.


“Nos pasa siempre que vamos, por caso, al Puerto San Antonio Este. En el pontón del muelle se juntan un montón de lobitos. Y cuando pasamos no se esconden, muy por el contrario. Nos buscan, nos miran, entran y salen del agua, llamando la atención” dijo.

"Los manijas del viento" en acción en el golfo San Matías


Con las ballenas, si bien son animales diferentes, “la ‘onda’ es igual” compartió Fede. Aunque reconoció que la primera vez que vio una se intimidó un poco.

Espectáculo. El avistaje convoca en el golfo.

“Fue buceando. Apareció y sentí que tenía como una pared enorme cerca mío. Porque tuve consciencia ahí, en el agua, de lo descomunal de su tamaño, en comparación al mío, que estaba al lado. Todo habrá durado como 10 minutos. Las ballenas son lentas, se mueven suaves…”, relató el joven.

Diego hacía SUP en Monte Hermoso cuando se acercó una ballena que lo rozó y lo hizo caer. Navegó dos horas con ellas.


De su experiencia más reciente, con aquella ballena de la que pudo tomar un videíto que enseguida se hizo viral, todavía recuerda los sonidos.


“Escuchás la respiración, pero además gritan fuerte, hacen un sonido grave, potente. Que se escucha tan nítido estando cerca… Después es como te digo, son más lentas por su tamaño. Todo lo que hacen es suave… y te despiertan tanta admiración…”, dijo Fede.

El día de la marejada aprovecharon para hacer kite en una pista de motos en Punta Verde.

Otro contacto cercano
Además, recordó también que, en una oportunidad, vio a un ballenato junto a su mamá. “Pensé, cuando la vi, que al estar con la cría tendría una reacción diferente y se iría, pero no. Estuvimos un rato navegando, compartiendo el mismo espacio. La ballenita se sumergía y salía, nadando alrededor de su mamá. Como cualquier chico inquieto. Fue hermoso”, recordó el fotógrafo.

Otro show: el de las toninas.

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