Mes aniversario y saga tras el fundador Wiederhold
Mientras Moreno seguía en mula hacia el lago y asesinaban al jefe del correo y flamante telégrafo de Arroyito, se decretaba la fundación de San Carlos. Para entonces, su gestor de origen chileno-germano amasaba en su tierra una fortuna.
a noticia apareció en los diarios de Buenos Aires en la mañana del 10 de abril de 1902, es decir, tres semanas antes del 3 de mayo, el día evocado y elegido por un congreso de historia reunido en San Carlos de Bariloche en 1968 que consideró esa fecha como la de la fundación de San Carlos de Bariloche. Es la jornada más emblemática en el calendario festivo de la ciudad frente al lago desde entonces (el próximo jueves se cumplirá el 105º aniversario) y, como se sabe, lo que se evoca es la fecha del decreto que reservó las tierras entre otras- donde crecería el trazado urbano.
En realidad, el plan del Ministerio de Agricultura estaba urdido desde hacía meses porque en Buenos Aires bullían las expectativas sobre el tan esperado fallo arbitral del diferendo con Chile y la aceleración por definir todo lo que tuviera que ver con la franja de frontera cordillerana, gozaba de un prioridad sorprendente. Gabriel Carrasco, el enviado del Ministerio del Interior para informar sobre el gobierno neuquino asentado todavía en Chos Malal, pudo fechar el 7 de enero en la estación Neuquén del FC Sud británico el arranque de sus apuntes, dos días después de su arribo al lugar, donde describió lo que era parte del progreso que marchaba a la frontera: el puente «de siete tramos de hierro» que ponderó en su memoria.
Simultáneamente dos ingenieros de ese ferrocarril recorrían más al sur la posible traza de la línea que pensaban, entre otros destinos, llevar hasta el lago Nahuel Huapi que nunca se cumplió. La misma dirección llevaba el vertiginoso tendido telegráfico y fue por eso que el primer viajero netamente «turista» que ese verano paseó por la región (Aarón Anchorena), se encontró «en San Carlos» con el director nacional de los telégrafos, y cuando contrató al vapor Cóndor para hacer un paseo a la isla Victoria, entre otros invitados estuvieron los ingenieros ferroviarios del ferrocarril en planes de expansión.
Noticia desde el lago
En la página 5 de La Prensa de aquel jueves 10 de abril del año 2, por ejemplo, se leía uno de los titulares -discretos y a una columna, como estilaban los diagramas periodísticos de entonces- que databa el distante y bucólico origen de la noticia. «En el lago Nahuel Huapi», decía seguido de dos subtítulos; «La nueva Colonia», el primero, rematado con el que más podía provocar el entusiasmo entre inmigrantes y labriegos hacinados en los conventillos porteños a la espera y en demanda de nuevos horizontes: «Distribución de las Tierras».
La noticia así anunciada desarrollaba un breve comentario. Decía que se «hizo público … el decreto sobre la fundación de una colonia en Nahuel Huapi» con lotes «de 625 hectáreas junto al lago» de acuerdo a lo estipulado por la «Ley del Hogar».
¿Se había filtrado la noticia anticipadamente al 3 de mayo? Nada de eso. Es que el miércoles 9 abril se había firmado el decreto de creación de la colonia. Recién el 3 de mayo se extendieron sus disposiciones con otro decreto que, aludiendo al primero, rubricaron el presidente Julio A. Roca y el ministro de agricultura Wenceslao Escalante.
Que en un año fundamental para la región cordillerana sureña en que la corona británica estaba por dictaminar por dónde pasaría la línea limítrofe con Chile y el telégrafo seguía construyéndose en extensión afiebrada, y el hecho de que se resolvieran simultáneamente diferentes áreas de la consolidación de lo que se proponía mantener como territorio propio, hace difícil narrar dramáticamente cada paso de esa epopeya. Porque como en toda obra humana, había gratificaciones y desencantos, valentía y hasta heroísmo, pero también la miseria de las pasiones y hasta crimen. Y así como el entusiasmo cundía entre los constructores del telégrafo con el tendido del alambre de grosor Nº 7, a pesar de las penurias y riesgos que padecían por su trabajo en una región feraz, algo que compartían los guardahilos de a caballo que ya revisaban la línea, había desinteligencias y mezquindades. Para la Pascua del ya frío mes de marzo, por ejemplo, la línea telegráfica marchaba más allá de Paso Limay, había equipo transmisor instalado en Cabo Alarcón y el peón Higinio Carrera construía la casilla para el correo donde quedaría el equipo transmisor de Arroyito ya en funcionamiento.
Pascua sangrienta
Precisamente fue en esa Pascua que el jefe de correos de Arroyitos Fidel López festejó el día y corrió la bebida. Los detalles de la pelea que luego tuvo con su auxiliar Máximo Vilas quien mató a sus jefe a balazos- dieron actividad al telégrafo. Para el 2 de abril, los diarios aludieron a la colecta que abrieron los vecinos de Arroyitos para ayudar a la familia del asesinado López. Gracias al telégrafo, cuatro días después se dio cuenta de que Francisco P. Moreno acababa de partir a lomo de mula hacia Nahuel Huapi desde Cabo Alarcón, y también se dieron más detalles del crimen de Arroyitos.
El afiebrado trajín cercano en la frontera hizo que el mismo 9 de abril en que se firmó el primer decreto respecto a la Colonia Nahuel Huapi, La Prensa publicó que en Neuquén «el Correo y Telégrafo se trasladó al nuevo local frente a al estación terminal del FC Sud y al lado del palomar militar».
La noticia se completaba con datos de una epidemia de difteria en Chos Malal donde se preparaban a recibir al nuevo gobernador Juan I. Alsina.
Pero para el 3 de mayo de 1902, por ejemplo, hacía rato que el perito Moreno había pasado por el Nahuel Huapi con rumbo sur y el propio coronel inglés Thomas Höldich el árbitro de la corona- surcaba valles patagónicos. Casi cotidianamente había novedad respecto al telégrafo que iba rumbo al lago. Pero el puñado de vecinos de San Carlos, todavía ignoraba la suscripción del decreto definitivo, porque allí las comunicaciones aún eran lentas, toda una contrariedad para quienes quisieran postularse para alguna de las chacras destinadas a colonos, ya que el decreto del 3 de mayo estipulaba un plazo de sólo 60 días para recibir las solicitudes en demanda de la adjudicación de los lotes, como lo prescribía el artículo 5º del anterior decreto del 9 de abril.
Los lugareños, claro, no podían sospechar, siquiera, que el tres de mayo pasaría a ser la gran fecha local a festejar. Todos sabían que el verano que acababa de quedar sepulto con la primeras escarchas del otoño, era el séptimo desde Carlos Wiederhold, el chileno hijo de alemanes que era el verdadero fundador del establecimiento comercial que dio origen al breve caserío de San Carlos, ya hacía dos años que se había vuelto a Chile y vendido su establecimiento en San Carlos. Tampoco quedaron junto al lago su hermano y socio Germán que vivió en San Carlos con su esposa Clara Rotter Bitterlich, también de origen alemán pero nacida en Puerto Montt como su cuñado Carlos (Germán, en cambio, había nacido en Osorno el 16/8/1870).
El fundador y la viuda
Al parecer, la decisión del aún soltero fundador de San Carlos de volver a donde estaba la central de sus negocios, Puerto Montt, y donde él mismo había nacido el 9 de julio de 1867, también tenía que ver con un romance. Es que Francisca Rever Hischfeld, natural de Bohemia, cinco años mayor que él, era una belleza que pudo haber sido su amor imposible: levaba 12 años de casada con el carpintero Enrique Wittwer Birgel cuando en 1895 Wiederhold decidió instalarse comercialmente junto al Nahuel Huapi. Pero Francisca enviudó en 1898. La boda con Carlos Wiederhold fue en Puerto Montt el 27 de julio de 1901 y desde donde el novio proyectó su nuevo plan empresario e industrial exitoso en toda la provincia chilena de Llanquihue.
Una paciente recopilación de datos en viejos diarios chilenos y guías turísticas de los primeros años del siglo pasado puede encarrilar una saga de los Wiederhold, que eran varios hermanos y actuaron notoriamente en aquella región. Oscar Whiederhold fabricaba muebles y ataúdes en la calle Urmeneta de Puerto Mont. León Wiederhold sería pionero fabricante de bebidas gaseosas en Puerto Varas. Germán, el más bohemio de los hermanos fue fotógrafo en Osorno, pero era propietario del hotel Bellavista (que sobrevive) de Puerto Varas junto al lago Llanquihue cuando allí se encontraron en 1913 el perito Moreno con el viajero ex presidente norteamericano Teodoro Roosevelt.
A la vez Germán era allí subdelegado marítimo, mientras que Carlos desarrollaba plantaciones de lino para su posterior industrialización en Llanquihue, paraje ex Desague por el río Maullín. Cuando ese proyecto iba camino del éxito, Carlos Wiederhold enviudó (el 13 de abril de 1917) y su esposa Francisca fue enterrada en Puerto Montt. Para 1920 la fábrica de lino era «el único en su género que existe en Sudamérica».
Una crónica chilena aludía a la moderna maquinaria y al producto lo calificaba «como los mejores de Bélgica». El ya poderoso fundador de Bariloche «gira con un capital de más de un millón de pesos».
El 28 de julio de 1935 Carlos Wiederhold murió en Santiago de Chile. Su hermano Germán siguió su vida en Puerto Varas hasta el 25 de febrero de 1949 , mientras que la esposa que lo acompañó en su breve permanencia en San Carlos entre 1895 y 1900, le sobrevivió hasta el 6 de mayo de 1961. Ambos están enterrados en el cementerio católico de Puerto Varas.
FRANCISCO N. JUAREZ
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