Mariela Arocena: la diseñadora que lleva la identidad de Neuquén a las pasarelas del país
Desde sus inicios en Senillosa hasta los grandes locales en Buenos Aires y las pasarelas de Chile, Mariela Arocena ha sabido llevar el telar mapuche y la lana merino a un lenguaje contemporáneo. Una charla sobre el valor del "slow fashion", el trabajo colaborativo con tejedoras y el desafío de crear piezas únicas con sello local.
Cuando Mariela Arocena era niña, ya dibujaba la ropa de sus muñecas. «Una vecina tejía y yo le hacía comprar los hilos para que hiciera mis diseños», contó la diseñadora criada en Senillosa. Esa pasión que la acompañó a lo largo de su vida se materializó hace más de 25 años en una marca propia, llegó a locales de Buenos Aires, recorrió las pasarelas de Neuquén y otras partes del país. Su última colección, Esencia, incluso llegó hasta Chile. Fue halagada por modelos reconocidas como de Ingrid Grudke.
Arocena rememoró aquellos primeros pasos y se asombró de su osadía. A los 22 años vio a una tejedora en una plaza de Buenos Aires y le pasó sus diseños para que los confeccionara. «Compré hilado de seda, un hilado muy fino, y con ella hice mis primeras seis prendas», relató. Con esas piezas se presentó en un local de la Galerías Pacífico y la dueña quedó fascinada.
«Yo no tenía nada más que esas seis prendas. Y me dijo: ‘¿vos tenés producción?’. ‘Sí’, le dije yo. Y salí a buscar tejedoras para armar más prendas. Con ella trabajé muchos años en un local muy importante», recordó con cariño.
Vivió 10 años en Buenos Aires y en 2002 volvió a Neuquén. A lo largo de los años Mariela se desarrolló laboralmente en otra área, pero siempre buscó cultivar su «pasión», «su cable a tierra». Ahora, ya jubilada desde el año pasado, se dedica por completo al diseño y se entusiasma ante los proyectos que van surgiendo. «Se vienen muchas propuestas para la segunda parte del año», afirmó.

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Identidad, fibras naturales y el arte de lo hecho a mano
El corazón de la marca Mariela Arocena es el tejido. “Mis colecciones siempre tienden a ser hiperfemeninas, con el detalle en la puntilla y los rasgos de estilo romántico. Es una fusión entre esa delicadeza y una conexión muy fuerte con el trabajo artesanal, con lo que transmiten las comunidades en cada pieza”, comentó la diseñadora.
Uno de los grandes motores de Arocena es rescatar técnicas tradicionales para integrarlas a un lenguaje moderno. “Mi idea siempre fue llevar el telar mapuche a una escuela contemporánea. Por ejemplo, ahora viajé a Jujuy y traje lana de llama, pero le incorporé el hilo dorado: eso lo hace una prenda contemporánea y fina, siempre respetando el origen”, señaló.
La identidad territorial es otro pilar fundamental de su marca, utilizando la pasarela como una vidriera de los recursos de la región. Mariela trabaja activamente con productores locales para obtener materia prima de excelencia. “Siempre quise trabajar con la identidad del lugar. En mis colecciones pongo cápsulas con lana de la zona: lana merino y fieltro de Chos Malal. He trabajado también con la cooperativa de Zapala, mi fuerte es trabajar con las lanas naturales”, remarcó.
Este proceso de creación no es solitario, sino que se basa en un modelo colaborativo donde el respeto por el oficio es primordial. Para la diseñadora, el resultado final es el fruto de un diálogo constante con quienes ejecutan sus ideas. “Mi diseño es importante, pero también lo es el trabajo del artesano; si no, yo no podría hacerlo. Tengo tejedoras que son maestras, son artistas, y me siguen en mis locas ideas”, enfatizó Mariela.
En un mundo dominado por la inmediatez de la «moda rápida», Mariela apuesta por el camino inverso: el valor del tiempo y la exclusividad. “La base de lo mío es el respeto al trabajo hecho a mano, al trabajo con tiempo, a que sean prendas únicas. Trato de utilizar hilados naturales y mantener ese respeto por lo artesanal”, reflexionó la diseñadora.
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El desafío de diseñar y la magia de la pasarela
Arocena no es ajena a la compleja realidad que atraviesa el sector. «Está muy duro para el que diseña y para el que lo intenta, o para cualquier chico joven que quiera empezar”, afirmó. Sin embargo, lejos de desanimarse, sostiene una teoría: “Yo creo que dentro del diseño nos puede llegar a favorecer. Cuando todo es tan masivo y vos hacés algo distinto, eso te ayuda. Tenés que encontrar el nicho”.
Para Arocena, el éxito no solo radica en la comercialización, sino en la capacidad de emocionar y de ver el diseño como una forma de arte que trasciende las tendencias. Su mensaje para quienes dan sus primeros pasos es la perseverancia y el aprovechamiento de los espacios de visibilización que han ido ganando terreno en la región como Enhebra y el Instituto Visso.
“Hay mucha gente que lo hace a pulmón y yo siempre trato de apoyar eso. El diseño en Neuquén ha crecido muchísimo, aunque todavía nos falten espacios institucionales para que el diseñador se pueda mostrar”, aseguró.
El momento culminante de su proceso creativo lo vive en la pasarela, donde sus piezas cobran vida. Mariela recordó el desfile por los 25 años de Silkey en el hotel Hilton, donde figuras de la talla de Ingrid Grudke abrieron su pasada. “Me encantó encontrarme con gente muy sencilla, muy humilde y generosa. Que personas destacadas del ambiente te digan cosas lindas es hermoso, pero yo disfruto que cualquiera lo lleve. Ver que la modelo disfruta lo que yo diseño le da un plus”, señaló.
Para ella, cada desfile es un ritual que vive con la intensidad de un debutante. La conexión con el público es, en definitiva, el premio mayor a tantos años de trabajo. «Me imagino como los actores, ¿viste? Estar arriba del escenario y ver a la gente, a mí me pasa eso. Ver a la gente disfrutar es algo que me re emociona, me ha pasado muchas veces que se acerquen y me digan cosas lindas. Esa parte es muy especial y es lo que más disfruto de este camino», confesó con la voz entrecortada de la emoción.
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