Japón, la Fed y el petróleo: el combo global que encarece las tasas y abre un escenario mixto
El rendimiento del bono japonés a 10 años tocó su nivel más alto desde 1996 y los mercados descuentan una ola de subas de tasas para septiembre. Para la Argentina es un escenario más caro y volátil a la hora de financiarse. El salto del crudo por la tensión en Medio Oriente abre una ventana para los proyectos locales.
Los paneles bursátiles reflejaron la reacción de los mercados internacionales ante las expectativas de nuevas subas de tasas y la disparada del petróleo. (Foto: gentileza)
El dinero se está poniendo más caro en todo el mundo, y esta vez el epicentro no es Estados Unidos: es Japón. El rendimiento del bono soberano japonés a 10 años alcanzó este martes el 3%, un nivel que no tocaba desde 1996. Hace apenas un año rendía la mitad, un dato que muestra la velocidad del giro. El movimiento cierra, en los hechos, la era del dinero barato que Japón sostuvo durante décadas y que financió buena parte del apetito por riesgo en el mundo emergente.
No fue un fenómeno aislado. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años trepó al 4,77%, su mayor nivel desde enero de 2025, y la deuda australiana marcó máximos desde 2011. Un índice de Bloomberg que sigue la deuda pública global subió por cuarta jornada consecutiva hasta el 3,72%, el registro más alto desde mediados de 2008. La foto es la de una suba de tasas larga y sincronizada, alimentada por una inflación que no cede, déficits fiscales amplios en las principales economías y una avalancha de endeudamiento corporativo para financiar el desarrollo de inteligencia artificial.
Fed, bancos centrales y petróleo: los tres motores detrás del salto en las tasas
Detrás del salto de esta semana hay tres motores. El primero es la Reserva Federal (Fed): tras los comentarios de su titular, Kevin Warsh, sobre la necesidad de controlar la inflación en el simposio de Jackson Hole, los operadores elevaron al 65% la probabilidad de una suba de tasas en septiembre, cuando el viernes previo esa chance era de apenas 34%.
El segundo es un calendario cargado: septiembre concentra las reuniones de casi todos los grandes bancos centrales, y los mercados ya descuentan por completo una suba del Banco Central Europeo (BCE) el 10 y le asignan una probabilidad del 92% a un alza del Banco de Japón el 18.
El tercero es el petróleo, que volvió a subir —el Brent avanzó hasta 1,2%, en torno a los US$91,5 por barril— por la reanudación de los combates en Medio Oriente.
El impacto en la economía argentina: crédito más caro, dólar fuerte y desarme de capitales
Cuando suben las tasas de referencia del mundo desarrollado, sube el costo del dinero para todos, y los emergentes más frágiles son los primeros en sentirlo. Para una Argentina que busca volver a los mercados internacionales de deuda, un escenario de rendimientos altos, dólar fuerte y menor tolerancia global al riesgo encarece cualquier intento de financiamiento y presiona al alza el riesgo país.
«El aumento de los rendimientos mundiales, el elevado precio del petróleo y la fortaleza del dólar estadounidense están impidiendo una recuperación más amplia del riesgo», advirtió al respecto Wee Khoon Chong, estratega macroeconómico de BNY.
A eso se suma una dinámica más sutil: durante años el yen barato funcionó como la nafta del sistema financiero global —los inversores se endeudaban en Japón a tasas mínimas para colocar esa plata en activos que rendían más afuera, emergentes incluidos—. Si Japón normaliza su política y ese negocio de carry trade pierde sentido, parte de esos capitales podría volver a casa y salir de los mercados de riesgo, un movimiento que a la Argentina la encontraría especialmente expuesta.
El salto del petróleo Brent: una ventana de oportunidad para Vaca Muerta
Acá aparece el matiz regional, y es importante. El mismo factor que enciende alarmas en las mesas financieras —el salto del crudo por la tensión en Medio Oriente— juega a favor de Neuquén y Río Negro. Un barril más caro mejora los márgenes de la producción no convencional y refuerza el atractivo de los proyectos de exportación e infraestructura que aceleran en la región.
En un momento en que la agenda regional pasa por conseguir inversión para Vaca Muerta, un precio internacional sostenido en torno a los US$86-91 es un viento de cola concreto para la economía local, aun cuando el contexto financiero global sople en contra.
Sin embargo, conviene no exagerar el golpe. Por ahora es más una amenaza a vigilar que un impacto que ya esté pegando: el desarme abrupto de posiciones en yenes todavía no ocurrió, las bolsas apenas se movieron —el índice de acciones de Asia-Pacífico incluso subió— y los mercados emergentes venían de su mejor agosto en más de dos décadas. La contracara del petróleo también es doble: un crudo más caro presiona los costos de energía y la inflación para el conjunto del país, no solo para las cuentas de las petroleras.
Las próximas señales están a la vista en el calendario: el dato de empleo de Estados Unidos de esta semana, la reunión del Banco Central Europeo del 10 de septiembre y, sobre todo, la decisión del Banco de Japón del 18. De ese combo dependerá si la suba de tasas global se consolida —con su doble filo para la Argentina— o si el mundo se toma un respiro.
El dinero se está poniendo más caro en todo el mundo, y esta vez el epicentro no es Estados Unidos: es Japón. El rendimiento del bono soberano japonés a 10 años alcanzó este martes el 3%, un nivel que no tocaba desde 1996. Hace apenas un año rendía la mitad, un dato que muestra la velocidad del giro. El movimiento cierra, en los hechos, la era del dinero barato que Japón sostuvo durante décadas y que financió buena parte del apetito por riesgo en el mundo emergente.
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