OPINIÓN: ¿Por qué Francisco convoca a tantos jóvenes?
Por Esteban Pittaro (*)
Más de 40 mil jóvenes argentinos viajaron estos días a participar de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Río de Janeiro y no es la primera vez que miles de católicos argentinos se movilizan para estos encuentros internacionales de magnitud.
Toda una generación estuvo marcada por su asistencia a la JMJ de Buenos Aires en 1987, con la presencia de Juan Pablo II, quien celebró la Misa del Domingo de Ramos en la avenida 9 de Julio, quizás sin saber que participaban de un primer evento fuera de Roma, un hito para la Iglesia contemporánea.
Muchos estuvieron años más tarde en las ediciones de Roma, París, Colonia, Madrid o Sidney. Pero, ciertamente, jamás se llegó siquiera soñar con un número tan abultado como el de ahora, que convertirá a la delegación argentina como la más importante, detrás por supuesto, de la local brasileña.
Lo lógico es pensar que la designación de un argentino como Papa sea el principal disparador de tan abrumadora respuesta. Y es cierto. Pero no se explica todo sólo con el nuevo cargo de nuestro argentino más popular.
El católico adulto argentino es miembro de una suerte de “mayoría silenciosa” que no suele terminar de entender si expresar públicamente aquello en lo que cree está bien o está mal. Bautiza a su hijo y se casa por Iglesia, pero al nombre de Dios lo compara con estrategias de autoayuda. Este fenómeno se acrecienta en las urbes.
El joven católico crece rodeado de esa incertidumbre del adulto. Sabe que puede peregrinar a Luján, pero no sabe hasta dónde puede hablar de Jesús en la Universidad. Sufre porque no entiende lo que se le viene, aprende, desaprende y crece.
Además, Francisco es una bocanada de aire fresco para los medios de comunicación. De golpe, todos tienen que aprender a hablar de la Iglesia con nuevas palabras, como “escándalo”. Es un descubrimiento también para el mundo político que, misteriosamente, de manera unánime, está orgulloso de un viejito al que en 80% de los casos ignoraban y al que ahora aplauden cuando les dice en la cara que “el poder es servicio”.
Delpo y Messi quieren la foto con él y, encima de todo, tiene una excelente estrategia de penetración en redes sociales. Sus tuits, mensajes salidos de sus palabras que él mismo aprueba para la red del pajarito, tritura cualquier equipo de contenidos de cualquier famoso.
El mundo adulto da su guiño y el mundo joven católico estalla. Se siente a gusto porque vé que hay esperanza de que las cosas que mamó en el colegio o en casa de los abuelos no haya que tirarlas al cesto cuando empiecen las responsabilidades. Escucha en la radio que hay gente que reza, como él mismo lo hace para una prueba del colegio. Escucha en la tele hablar sobre que Jesús perdona siempre y se encuentra de golpe con que es el mismo mensaje del catequista, preceptor, maestra o de la abuela.
El joven se siente a gusto. Y peregrina. Va al encuentro de otros jóvenes y del Papa. Viaja desde la villa o desde el country, desde Buenos Aires o desde Ushuaia. Es feliz y agradece al mundo adulto que haya sabido dejarse conquistar por este Papa. Y sueña con que tras esta JMJ y tras este Papa, cuando le toque ser adulto, pueda seguir en la Argentina siendo fiel a aquello que hoy va a Río a proclamar.
(*) Es profesor de la Universidad Austral y tiene un doctorado en Periodismo de Religión.