Nuevas tecnologías, viejas prácticas
Un cambio tan significativo a nivel social merece una abordaje serio e integral: capacitación docente masiva y en servicio, revisión curricular y condiciones materiales en las escuelas.

Desde que los medios de comunicación masiva -especialmente la TV o el cine- ingresaron a las escuelas, se viene dando este debate: ¿cambia la práctica educativa al incorporar las tecnologías de la información y la comunicación? Los análisis pedagógicos y didácticos más críticos dicen que no necesariamente. En aquellos tiempos, en las jornadas institucionales concluíamos en que dar un contenido en formato audiovisual para que luego los alumnos copiaran y repitieran las ideas que el docente intentaba imponer como si el alumno no pudiera construir las suyas propias, seguía formando parte de la escuela tradicional y conductista.
Con las tecnologías digitales se actualiza el debate. Estas, además, tienen la particularidad de ser ubicuas. Ya no es el docente quien decide su entrada al aula, sino que están todo el tiempo, en todos los espacios que habitan los estudiantes.
Pero volvamos a las nuevas y viejas prácticas. Lucía Godoy -investigadora del CONICET- observó que, si bien en las prácticas áulicas se utilizan recursos digitales (como textos digitalizados que facilitan el acceso y distribución de materiales) o se busca información en Internet, siguen ancladas en las formas de lectura y escritura propias del material impreso y no de los lenguajes digitales.
Los entornos digitales han reconfigurado las prácticas de lectura, escritura y oralidad que además coexisten con diferentes sistemas semióticos. La lectura es interactiva, hipertextual, multimodal (con preeminencia del lenguaje visual), las fronteras textuales no son visibles y hay nuevas lógicas respecto a la autoría (el plagio, la originalidad).
Sin embargo, en el aula se proponen, por ejemplo, tareas de subrayado propias de la lectura lineal de los textos impresos, a la vez muy dificultosas para los textos nativos de Internet que son inestables e interconectados. Se proponen búsquedas de información en la web, pero con los mecanismos de búsqueda en bibliotecas, sin tener presente las habilidades que requiere la búsqueda en Internet. Incluso se considera que es indistinto buscar en una web o en material impreso.
No cabe hablar de nuevas prácticas, sino de las tradicionales en nuevos soportes, dice Lucía Godoy, y es algo que vemos día a día en las aulas y tratamos de revisar. Pero este desfasaje es completamente lógico y es el resultado de un desconocimiento de los cambios que las tecnologías digitales han provocado. Y el docente que está en el aula, con la computadora y el celular que se compró con su sueldo -que debe reponer velozmente en caso de obsolescencia-, o que tiene que hacer una vaquita con sus compañeros para pagar Internet y poder usar la plataforma institucional -como nos pasa en los IFDC-, suele ser el primer y a veces el único objetivo de estas críticas.
Un cambio tan significativo a nivel social merece una abordaje serio e integral: capacitación docente masiva y en servicio, revisión curricular y condiciones materiales en las escuelas; por nombrar solo tres condiciones básicas.
En Río Negro, los documentos de la llamada Pausa Digital, arribados a las escuelas en junio pasado, buscan que se regule el uso del celular en las instituciones y mencionan algunas acciones que podrían realizarse en clases con el dispositivo: búsqueda de información, producción de contenidos, trabajo con la huella digital. Indican para la escuela secundaria “incorporar el celular como herramienta pedagógica para la investigación, registro de experiencias, producción audiovisual…”.
Si bien estos documentos admiten que “estar inmersos en las tecnologías no significa saber usarlas”, esta incorporación da por supuesto que el conjunto de la docencia está formado para la alfabetización digital en las escuelas. Pero la realidad es que hoy queda librado al interés y voluntad de algunos docentes y entonces muere en la enunciación.
Lo más grave es que no hay ninguna discusión respecto a qué alfabetización digital enseñar, con qué objetivos, para qué ciudadanía; y cómo enseñar. Es decir, ante la falta de reflexión sobre el sentido curricular y la falta de conocimientos sobre las implicancias del cambio digital, el celular empezará ahora a tener pequeños permitidos en el aula para reproducir viejas prácticas.
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