Para Amnistía Internacional es un golpe a la libertad de expresión en Rusia
La condena aplicada hoy por un tribunal ruso a las integrantes del grupo de punk rock Pussy Riot es un duro golpe a la libertad de expresión en ese país, afirmó Amnistía Internacional, que considera a las tres mujeres presas de conciencia, detenidas únicamente por la expresión pacífica de sus creencias. Las mujeres fueron acusadas de “vandalismo basado en el odio religioso” por interpretar una canción de protesta en la principal catedral ortodoxa de Moscú en febrero. “Se trató de un juicio con motivación política a raíz de una protesta que, si bien tuvo potencial ofensivo, fue legítima. Rusia está poniendo límites inaceptables a la libertad de expresión”, dijo Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina. “Las autoridades rusas deben anular la resolución judicial y poner en libertad a las integrantes de Pussy Riot de forma inmediata e incondicional”, declaró, por su lado, John Dalhuisen, director del Programa Regional para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional. “En respuesta a la ola de protestas que acompañaron las recientes elecciones presidenciales y parlamentarias -agregó- se introdujeron una serie de medidas que restringen la libertad de expresión y de asociación. Este juicio no es sino otro ejemplo más de los intentos del Kremlin de disuadir y deslegitimar la disidencia”. Pussy Riot interpretó la canción de protesta “Virgen María, líbranos de Putin” en la catedral de Cristo Salvador de Moscú el 21 de febrero, con las caras de las integrantes cubiertas con pasamontañas. La canción pedía a la Virgen que se hiciera feminista y desterrase al presidente Vladimir Putin. También criticaba el apoyo a Putin que mostraban algunos representantes de la iglesia ortodoxa rusa. Fue una de las diversas actuaciones organizadas como protesta contra Vladimir Putin en el periodo previo a las elecciones presidenciales de Rusia de marzo. Las autoridades rusas detuvieron en marzo a las integrantes de Pussy Riot, Maria Alekhina, Nadezhda Tolokonnikova y Ekaterina Samutsevich, cuya liberación fue reclamada por más de 200 personalidades de la cultura rusa, escritores, músicos y actores conocidos, firmantes de una carta abierta que recogió luego alrededor de 45.000 adhesiones.