Vaca Muerta: el boom shale y sus riesgos locales

El desafío alrededor de la expansión no convencional y la llegada de nuevos habitantes no solo debe pensarse desde el punto de vista provincial. Los municipios, tal vez los receptores inmediatos de este proceso, enfrentan una transformación que hoy luce más acelerada que ordenada.

El tránsito en Añelo, constante a toda hora. Foto: archivo Florencia Salto.

Si se repasa la evolución poblacional de Neuquén, es posible encontrar un salto demográfico marcado entre la década del 60 y la del 80, cuando la provincia pasó de tener 100.000 habitantes a casi 250.000.

Buena parte de la explicación pasó por la construcción de los grandes emprendimientos hidroeléctricos, proyectos que por su envergadura y difusión trajeron familias enteras desde el centro y el norte del país.

Un proceso similar comenzó, salvando las distancias del caso, desde que Vaca Muerta es realidad.

Rolando Figueroa cumplió sus 1.000 días como gobernador de Neuquén y, para difundir lo realizado hasta el momento, organizó una conferencia de prensa en la Casa de Gobierno el martes pasado.

Allí habló durante más de una hora, repasó lo que consideró los principales hitos de su administración e hizo foco en las obras, especialmente las viales, que se están impulsando desde el Poder Ejecutivo.

“No hay que naturalizar esto”, aseguró el mandatario, quien se mostró acompañado por la totalidad de su gabinete y la mayoría de los intendentes, lote encabezado por su principal aliado político, Mariano Gaido.

La exposición del gobernador dejó un dato que refleja como pocos la reconfiguración social que atraviesa la provincia: “Estamos creciendo a un ritmo de 30.000 habitantes por año. Es como recibir un Chos Malal anualmente o un Centenario cada dos años. Si tomamos los cuatro años de gestión, son 120.000 personas, una ciudad entera que tenemos que construir en un gobierno”, graficó.

De acuerdo al censo de 2022, Neuquén tenía poco más de 700.000 habitantes, siendo en aquella medición la segunda jurisdicción en incremento poblacional respecto al relevamiento anterior.

No es difícil imaginar que esa cifra ya tiene poco que ver con la estructura demográfica actual, atravesada con más intensidad que nunca por el fenómeno de los no convencionales.

Los números abren un interrogante válido para la provincia, pero también —y tal vez, especialmente— para los municipios, muchos de ellos desbordados por la incorporación de vecinos y la falta de recursos, más allá de la colaboración recibida desde el Gobierno neuquino en materia de aportes e infraestructura.

A esto se suma la ley de coparticipación y sus limitaciones, propias de una norma sancionada hace más de 30 años que ya no ilustra con fidelidad el peso relativo de cada localidad.  

Uno de los casos más emblemáticos es el de Rincón de los Sauces, donde se calcula que la población ya está cerca de duplicar el número que registró el Indec cuatro años atrás.

Este panorama no es exclusivo del corredor petrolero, ya que también es posible verificarlo en la región de la Confluencia. Plottier, por ejemplo, es el segundo centro urbano de Neuquén en cantidad de habitantes y tiene menos del 30% de sus calles asfaltadas.

Los desafíos estructurales se combinan con los locales, en su mayoría vinculados con la propia dinámica de la gestión pública y la negociación política. Un contexto que moldea, si de elecciones se trata, un 2027 más parejo de lo deseado por algunos jefes comunales.

“La verdad es que estoy conforme con la relación que tenemos”, dijo Figueroa al ser consultado por la relación con los gobiernos locales, encabezados casi en su totalidad por dirigentes de Comunidad y el MPN.

La administración del crecimiento resulta fundamental para los municipios, receptores inmediatos de un proceso que, por el momento, luce más acelerado que ordenado. Queda pendiente aún determinar la salida más adecuada para este embudo. Mientras tanto, la gente sigue llegando.  


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