Cuatro décadas de pasión por la genética ganadera en la Patagonia
Con más de 500 madres Hereford y otro tanto de Angus de pedigree, la familia Sagarzazu consolidó una de las cabañas más prestigiosas del sur argentino. Tras un nuevo éxito en Palermo, Romina repasa la historia de un proyecto familiar nacido de la visión de su padre, explica por qué la genética cambió la ganadería patagónica y sostiene que el gran desafío ahora es transformar ese prestigio en una marca regional.
Por estos días, la ganadería patagónica atraviesa uno de los mejores momentos de su historia. Los premios obtenidos en la Exposición Rural de Palermo, el reconocimiento alcanzado por distintas cabañas del sur y la creciente demanda de genética producida en la región son el resultado de un proceso silencioso que comenzó hace décadas y que hoy empieza a mostrar toda su dimensión.
Entre quienes fueron protagonistas de ese recorrido aparece Cabaña Jotace, establecimiento familiar que desde hace más de cuarenta años trabaja sobre un objetivo claro: producir reproductores funcionales, adaptados a la Patagonia y capaces de mejorar rodeos comerciales en cualquier ambiente.
Su historia está íntimamente ligada a la de la familia Sagarzazu. Hoy la representa Romina, una de las referentes de la nueva generación, pero el motor sigue siendo Juan Carlos Sagarzazu, fundador de la cabaña y apasionado por la raza Hereford.
“Papá siempre fue un apasionado del Hereford. En el rodeo general que tenía necesitaba cada vez más toros y decidió empezar a hacer su propia genética con el tipo de animal que a él le gustaba: un toro adaptado a la Patagonia, carnicero, comercial, que produjera buenos terneros y buenas madres”, recuerda.
Papá siempre fue un apasionado del Hereford. En el rodeo general que tenía necesitaba cada vez más toros y decidió empezar a hacer su propia genética con el tipo de animal que a él le gustaba: un toro adaptado a la Patagonia, carnicero, comercial, que produjera buenos terneros y buenas madres”.
Romina Sagarzazu, cabaña Jotace.
Ese fue el punto de partida de un proyecto que comenzó seleccionando vacas de rodeo general en distintos establecimientos del sur argentino, mucho antes de convertirse en una cabaña de pedigree.
“Fue mejorando sobre un rodeo general hasta que llegó un momento en que dijo: quiero hacer una cabaña. Y ahí empezó otro camino completamente distinto, con registros, controles, seguimiento permanente y toda la exigencia que implica trabajar con animales de pedigree”, explica.
Años de genética
Hablar de genética suele remitir únicamente a campeones de exposiciones, pero detrás de cada animal hay décadas de selección y un enorme trabajo técnico.

Para Romina, sin embargo, todo ese esfuerzo tiene sentido. “Yo creo que el sacrificio siempre tiene su recompensa. La genética es un trabajo de muchísimos años y los resultados aparecen después de mucho tiempo”.
“Yo creo que el sacrificio siempre tiene su recompensa. La genética es un trabajo de muchísimos años y los resultados aparecen después de mucho tiempo”.
Romina Sagarzazu, cabaña Jotace.
Los antecedentes deportivos de Jotace son prueba de ello. En 2005 obtuvo su primer Gran Campeón Macho de Palermo con “Petaca”, un animal que todavía hoy sigue dejando huella en la raza. “Ese toro es el abuelo de la Reservada Gran Campeón que presentamos este año. Fijate lo que significa la genética cuando uno trabaja durante tantos años”, dice a Río Negro Rural.
Otro hito histórico
“En los 150 años de Hereford en la Argentina obtuvimos otro Gran Campeón con “Sembrador”. Ese toro produjo una enorme cantidad de hijos ganadores en distintas exposiciones del país. Esas son las cosas que hacen que uno entienda que la genética trasciende la propia cabaña. Como dice papá, la genética no tiene que quedar en casa sino que tiene que crecer en otros rodeos”.
Esa filosofía explica por qué numerosos reproductores nacidos en Jotace terminaron siendo padres o abuelos de nuevos campeones en distintas provincias.
“Hemos vendido animales a otras cabañas que después obtuvieron dos o tres grandes campeones con genética nuestra. Eso también es un logro enorme para nosotros”, destaca la productora.
El sello Patagonia
Si hay algo que entusiasma especialmente a Romina es el salto de calidad que dio la ganadería patagónica. Lo vio en Palermo, donde la región volvió a ocupar un lugar central.
“Lo que más valoro es cómo la Patagonia se ha engrandecido. Siempre digo que Hereford es la joya de la Patagonia, pero en realidad el crecimiento genético se dio en ambas razas y en muy pocos años”.
Ese crecimiento, sostiene, no fue casual. “Hace quince o veinte años que muchas cabañas vienen haciendo un trabajo muy serio de mejoramiento genético. Nosotros fuimos una de las primeras del norte patagónico y ese trabajo se fue multiplicando entre distintos criadores. Todos nos fuimos nutriendo entre nosotros y el mejoramiento fue rapidísimo”.
El porqué de la genética
Aunque Palermo suele concentrar la atención mediática, Romina insiste en que la verdadera misión de una cabaña está muy lejos de las pistas. “Nosotros hacemos genética para producir animales eficientes y rentables. Nadie tiene un toro de pedigree como mascota. El objetivo es que ese toro mejore un rodeo comercial”.
Por eso insiste en desterrar uno de los mitos más frecuentes entre los productores. “Muchos creen que un toro de pedigree necesita una alimentación imposible. No es así. El animal come pasto como cualquier otro. La diferencia aparece cuando ves todo el lote de terneros que produce. Ahí está la genética”.
La eficiencia reproductiva es uno de los principales indicadores. Actualmente Jotace trabaja con porcentajes superiores al 90% de preñez y destetes precoces que permiten mejorar la productividad del rodeo.
Una empresa familiar
Detrás de la cabaña trabajan varias generaciones de la familia. Juan Carlos y Silvia Sagarzazu siguen al frente del proyecto, acompañados por sus hijos y un equipo técnico que lleva décadas vinculado al establecimiento.
“Esto nació como una empresa familiar y cuarenta años después sigue siendo una empresa familiar. Papá sigue siendo el gran motor. Tiene una energía y una pasión enormes y eso nos contagió a todos”, cuenta Romina.
“Nosotros hacemos genética para producir animales eficientes y rentables. Nadie tiene un toro de pedigree como mascota. El objetivo es que ese toro mejore un rodeo comercial”.
Romina Sagarzazu, cabaña Jotace.
Actualmente la cabaña produce Hereford y Angus negro y colorado, con más de mil madres de pedigree entre ambas razas, además de un importante rodeo general.
Después de tantos años de crecimiento, Romina considera que llegó el momento de dar otro salto. No solamente producir buena genética, sino convertir a la Patagonia en una marca reconocida para la carne bovina. “La Patagonia es un diferencial enorme, pero todavía no hemos logrado presentarla con la fuerza que merece. Ahí hace falta un trabajo conjunto entre las cabañas y el Estado para construir un verdadero producto patagónico”.
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