Luego de años de trabajo en Vaca Muerta y de ahorro, Germán cumplió «el sueño de la chacra propia» en la Patagonia

Es hijo de un camionero y una portera y acumula casi dos décadas de trabajo y crecimiento en una empresa vinculada a la industria petrolera. En 2025 logró comprar nueve hectáreas en el Alto Valle del río Negro y ya comenzó a ponerlas en producción. Cómo se gestó y se concretó el anhelo de este trabajador.

Por Alan Agustini

Germán sembrando a mano la chacra recientemente comprada, tras muchos años de trabajo y ahorro. Foto: gentileza.

Germán sembrando a mano la chacra recientemente comprada, tras muchos años de trabajo y ahorro. Foto: gentileza.

Germán Schamberger tiene 37 años y una chacra de nueve hectáreas en Allen. La compró en 2025, después de años de trabajo en una empresa argentina de ingeniería, construcción y servicios petroleros vinculada a Vaca Muerta. Llegó allí con 18 años, apenas terminado el secundario, como ayudante de tareas generales. Hoy es jefe de obra.

Pero la historia de esas nueve hectáreas empezó mucho antes. Cuando era chico, Germán acompañaba a su papá, camionero, a retirar fruta de las chacras del Alto Valle para llevarla a los galpones de empaque. Recorría Centenario, Vista Alegre, San Patricio del Chañar, Cinco Saltos y otras localidades. Desde la cabina del camión empezó a conocer otra forma de trabajo y una vida que, con el tiempo, quiso hacer propia. Hoy, mientras limpia la tierra, siembra alfalfa y prepara nuevas parcelas, está construyendo esa chacra que durante décadas imaginó.


Todo empezó en las chacras de la Patagonia


Germán es oriundo de Centenario. Cursó el secundario en la EPET 22, donde se recibió de técnico mecánico. Su primer y único empleo formal fue en la empresa en la que todavía trabaja.

“En 2009 empecé ahí, con 18 años, cuando terminé el secundario. Pasé por todos lados. Entré como ayudante de tareas generales y hoy estoy ejerciendo como jefe de obra”, cuenta. En esos 18 años fue recorriendo distintas funciones hasta llegar a conducir obras vinculadas con una industria que transformó buena parte de la actividad económica de la región.

Habló con Río Negro Rural en comunicación telefónica desde uno de los principales yacimientos hidrocarburíferos de Argentina. Pero su vínculo con la producción viene de mucho antes de Vaca Muerta. Su papá era camionero y se dedicaba a retirar fruta de las chacras para trasladarla a los empaques. Su mamá trabajaba como portera en una escuela primaria.

Un retrato que todo lo dice: el trabajo y la satisfacción de estar cumpliendo un sueño.
Un retrato que todo lo dice: el trabajo y la satisfacción de estar cumpliendo un sueño. Foto: gentileza.

“Yo iba con mi papá en el camión desde muy chico. Recorríamos los valles de la zona: San Patricio del Chañar, Centenario, Vista Alegre, Cinco Saltos. Así empecé a ver cómo era la fruticultura y la vida y el trabajo en la chacra”, recuerda.

La experiencia quedó grabada. No era solamente el paisaje de las alamedas, los frutales y los canales. Era la dinámica cotidiana de quienes trabajaban esas tierras. Desde la primaria, dice, empezó a imaginarse con una propia. “Para mí era un sueño tener una chacra desde que tengo uso de razón. Desde que iba a la primaria”, resume.

Los años de trabajo en Vaca Muerta le permitieron ahorrar y acercarse a ese objetivo. También recibió una ayuda decisiva que le posibilitó acceder a parte del dinero necesario para concretar la compra.


Primeras nueve hectáreas en el Alto Valle


La oportunidad apareció a través de un ingeniero agrónomo, reconocido en el Alto Valle por su trabajo al frente de chacras de una empresa frutícola. Germán había entablado amistad con él y comenzaron a recorrer distintas alternativas. “Estuvimos mirando varias y esa me gustó mucho”, relata.

La elección no fue solamente emocional. El ingeniero le enseñó a mirar algunos indicadores del terreno. Entre ellos, la alameda. “Me explicó que cuando uno llega a una chacra tiene que mirar la alameda: si es prolijita, pareja, si no tiene altos y bajos, quiere decir que es buen suelo. Él también vio determinados yuyos y me dijo que era buena tierra. Así que encaré por esa chacra.”

La propiedad tiene nueve hectáreas y le costó US$100.000. Una parte la pagó con sus ahorros y otra mediante una ayuda financiera de la empresa donde trabaja.

La famosa alameda que, según le indicó un ingeniero agrónomo amigo, era señal de un buen suelo.
La famosa alameda que, según le indicó un ingeniero agrónomo amigo, era señal de un buen suelo. Foto: gentileza.

En 2025 concretó la compra y en 2026 recibió la escritura. La propiedad incluía maquinaria en desuso y deteriorada, que Germán decidió recuperar. El tractor, por ejemplo, necesitó importantes reparaciones para su puesta en funcionamiento.

También encontró malezas, basura y sectores que necesitaban una limpieza profunda. “Cuando llegué me encontré con muchísimo yuyo y muchísima mugre. Saqué cuatro contenedores de basura”, cuenta.

Con su hermano mayor, Juan Enrique, y Don Juan, quien vivía allí con su familia y hoy continúa trabajando con él, puso manos a la obra. Limpiaron la chacra, acondicionaron los espacios y trabajaron sobre la acequia y el canal secundario.

“Fue todo a pulmón. Mi hermano me dio una mano tremenda y Don Juan también. Hoy ya está todo limpito.”


Limpiar, sembrar y producir


Con la tierra acondicionada, llegó el momento de empezar a producir. A finales de agosto de 2026 terminó de sembrar las primeras cuatro hectáreas de alfalfa. Lo hizo de una manera tan artesanal como concreta: a mano.

“Las cuatro hectáreas las sembré al voleo, con la mano. Pasamos las rastras muchas veces, sacamos los yuyos y nos asesoramos con un amigo de mi papá que produce alfalfa. Agarramos los tachos de 20 litros y empezamos a revolear las semillas”, relató Germán Schamberger.

Juan Enrique volvió a ser parte de la tarea. También su hija Guadalupe, de 12 años, ayudó con la distribución de las semillas y empezó a entusiasmarse con la chacra. Ya se ven los brotes de alfalfa.

La idea es convertir esa producción en rollos o fardos. Para eso, Germán sabe que todavía necesita incorporar maquinaria. Está pensando en una enfardadora, un rastrillo y otros equipos que le permitan trabajar de manera más independiente.

«Estoy haciendo realidad mi sueño. Estoy muy feliz con eso».

Germán Schamberger, futuro productor agrícola de Río Negro.

“Me falta maquinaria hoy para ser un productor independiente. Quiero modernizarla porque me interesa mucho. En algún momento quiero dedicarme a la chacra”, cuenta.

Las otras cinco hectáreas también tienen destino. Está preparando dos para una huerta en la que pretende producir cebolla, papa, morrón, zapallo y/o otras verduras, para su comercialización. También quiere incorporar maíz para hacer silo y, a partir de allí, tener algunos animales.

La chacra conserva además una hectárea y media de manzanas Granny Smith. Germán la está acondicionando con la intención de recuperar ese monte y, más adelante, producir fruta para vender.

Dato

US$100.000
Es lo que pagó Germán por las nueve hectáreas en Allen.

El riego es por manto, por lo que la producción depende de los canales. Por estos días, buena parte del trabajo consiste en mantener en condiciones esa infraestructura y aprovechar el agua disponible para lograr las primeras producciones.

Todavía falta mucho para que las nueve hectáreas alcancen todo su potencial. Pero para Germán, una parte fundamental ya está cumplida: la tierra que durante años imaginó mientras acompañaba a su papá en aquel camión que recorría el Alto Valle ahora es suya. “Estoy haciendo realidad mi sueño. Estoy muy feliz con eso.”

Su objetivo es seguir invirtiendo en maquinaria y transformar progresivamente la chacra en una unidad productiva que le permita depender cada vez menos de terceros. Y, algún día, dejar las obras para dedicarse por completo a esas nueve hectáreas que empezó a trabajar con su hermano, con Don Juan y una de sus tres hijas, Guadalupe.


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Germán Schamberger tiene 37 años y una chacra de nueve hectáreas en Allen. La compró en 2025, después de años de trabajo en una empresa argentina de ingeniería, construcción y servicios petroleros vinculada a Vaca Muerta. Llegó allí con 18 años, apenas terminado el secundario, como ayudante de tareas generales. Hoy es jefe de obra.

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