Nuevas tecnologías para un riego más eficiente: del agua aplicada al agua aprovechada

El uso de imágenes satelitales, sensores y sistemas de aplicación variable permite ajustar el riego a las necesidades reales de cada sector del campo. Cómo integrar estas tecnologías para mejorar la eficiencia hídrica, optimizar el uso de insumos y evaluar los beneficios productivos y económicos.

Por Dr. Octavio Lagos*

Del agua usada al agua aprovecha: el trecho que hay que recorrer. Foto: archivo.

El riego por pivote central se ha convertido en una herramienta importante para la agricultura moderna. Su capacidad para cubrir grandes superficies, automatizar la aplicación del agua y alcanzar buenos niveles de uniformidad lo transforma en una alternativa atractiva para numerosos sistemas productivos. Sin embargo, disponer de tecnología de riego no significa necesariamente utilizar el agua de manera eficiente. El desafío actual consiste en avanzar hacia un manejo que considere no solo cuánto regar, sino también dónde, cuándo y cómo hacerlo.

En un escenario de creciente incertidumbre hídrica y mayores costos de producción, mejorar la eficiencia del riego requiere combinar una adecuada operación de los equipos con información sobre las necesidades de los cultivos y la variabilidad existente dentro de cada predio. Las imágenes satelitales, los sensores y los sistemas de riego de precisión (control de aplicación variable) ofrecen nuevas posibilidades para alcanzar ese objetivo.

¿Cuánta agua necesita realmente un cultivo?


La programación del riego comienza por estimar la demanda hídrica del cultivo. Una herramienta fundamental es la evapotranspiración, que representa el agua transferida a la atmósfera mediante la evaporación desde el suelo y la transpiración de las plantas. Normalmente para estimar las necesidades de un cultivo se relaciona la evapotranspiración de referencia, que refleja las condiciones atmosféricas, con un coeficiente que representa las características y la etapa de desarrollo del cultivo.

Tradicionalmente, esta estimación se ha realizado utilizando estaciones meteorológicas, bandejas de evaporación y otros instrumentos de medición. Estos antecedentes siguen siendo esenciales, pero tienen una gran limitación: una estación entrega información representativa de un entorno determinado y no necesariamente refleja toda la variabilidad que existe dentro de un predio.

Con riego homogéneo en toda el área también puede verse variabilidad dentro de un predio.
Con riego homogéneo en toda el área también puede verse variabilidad dentro de un predio. Foto: gentileza.

Dos sectores de un mismo campo pueden presentar diferencias de suelo, topografía, disponibilidad de agua y desarrollo vegetal. Por ello, aunque la demanda promedio esté bien estimada, algunos sectores pueden recibir más agua de la necesaria y otros experimentar déficit.

Las imágenes satelitales: una nueva mirada al campo


Las imágenes satelitales permiten observar la evolución de los cultivos y estimar la evapotranspiración en distintas zonas de una superficie agrícola. Mediante modelos que utilizan información del balance de energía de la superficie, es posible estimar el flujo de energía asociado a la evaporación y transpiración y, a partir de este, calcular el consumo de agua. Por ejemplo determinar espacialmente la demanda en mm/día. Esta información permite reconocer diferencias espaciales en el uso del agua, identificar sectores con comportamientos anómalos y mejorar la programación del riego. También puede contribuir a detectar problemas que no siempre son visibles desde los caminos o mediante una inspección superficial del cultivo.

Con imágenes satelitales se pueden identificar sectores anómalos y mejorar la programación del riego. Foto: gentileza.

Sin embargo, las imágenes no reemplazan las mediciones en terreno ni el conocimiento del productor. Su mayor utilidad se obtiene al combinarlas con información meteorológica, sensores de humedad del suelo y observaciones agronómicas. De esta manera, es posible construir una visión más completa del estado del cultivo y tomar decisiones de riego mejor fundamentadas.

Riego de precisión: aplicar el agua donde se necesita


La variabilidad dentro de un predio plantea una pregunta relevante: ¿es necesario aplicar la misma cantidad de agua en toda la superficie cubierta por un pivote central?

El riego de precisión busca responder a esta interrogante mediante la definición de zonas de manejo y la aplicación de diferentes láminas o tasas de riego de acuerdo con los requerimientos de cada sector. Para ello, se puede integrar información sobre las características del suelo, el desarrollo del cultivo, la evapotranspiración y la humedad disponible.

Recomendación de riego en base a evapotranspiración. Foto: gentileza.

Los sistemas de aplicación de tasa variable (o riego de precisión) permiten modificar la entrega de agua durante el desplazamiento del pivote. De esta forma, el equipo puede ajustarse a las necesidades específicas de distintas zonas, en lugar de operar bajo una estrategia uniforme para todo el predio.

La implementación de estos sistemas requiere, no obstante, una evaluación técnica y económica. Es necesario definir el tamaño adecuado de las zonas de manejo, comprobar la uniformidad de aplicación, analizar el efecto sobre las unidades de bombeo y determinar si los ahorros de agua y energía justifican la inversión. La tecnología debe traducirse en beneficios concretos para el productor y no limitarse a incorporar automatización.

La aplicación de fertilizantes y productos fitosanitarios


Los pivotes centrales también pueden utilizarse para aplicar químicos con el agua de riego. Normalmente es común aplicar fertilizantes mediante fertirriego, pero también es posible la aplicación de otros productos fitosanitarios mediante quimigación. Fungicidas, herbicidas e insecticidas son solo algunos ejemplos. Estas alternativas permiten integrar operaciones, reducir costos y ofrecen oportunidades para mejorar la distribución de insumos, siempre que se realicen bajo condiciones técnicas apropiadas.

Aplicar químicos con el agua de riego requiere un cuidado especial en la formulación de las soluciones madre y los caudales de inyección. Un control especial se debe tener con la lámina aplicada. Bajas láminas de agua permiten localizar el producto a aplicar en la canopia del cultivo si ese es el objetivo (insecticidas o fungicidas), por otro lado laminas mayores permiten llegar al suelo donde están presentes algunas malezas indeseables. La quimigación, sin embargo, no debe considerarse una solución universal. Su aplicación requiere verificar que el producto esté autorizado para ese uso, asegurar una distribución adecuada y cumplir las exigencias de seguridad y protección ambiental. La decisión debe basarse en la eficacia demostrada, las características del cultivo y las condiciones de operación del sistema.

Medir, evaluar y comprobar los resultados


La incorporación de nuevas tecnologías debe acompañarse de evaluaciones que permitan determinar sus beneficios reales. No basta con estimar el ahorro potencial: es necesario medir el agua aplicada, la energía utilizada, la respuesta del cultivo y los costos asociados a la operación.

En el riego de precisión, también resulta fundamental comprobar que los cambios en la tasa de aplicación se traduzcan en una distribución adecuada dentro de cada zona. Los sensores y sistemas de control pueden facilitar estas tareas, pero necesitan una correcta instalación, calibración y mantención.

La evaluación técnico-económica debe considerar las particularidades de cada establecimiento. Las soluciones apropiadas para una explotación de gran superficie no necesariamente serán las más convenientes para un productor de menor escala. Por eso, la investigación aplicada, las experiencias demostrativas y la capacitación cumplen un papel esencial en la transferencia de estas tecnologías al sector agrícola.

Conclusión


El futuro del riego por pivote central no depende únicamente de disponer de equipos más modernos, sino de utilizarlos con información y criterios de manejo adecuados. Las imágenes satelitales permiten reconocer la variabilidad de los cultivos; los sensores ayudan a conocer las condiciones del suelo; y los sistemas de aplicación variable ofrecen la posibilidad de ajustar el riego a las necesidades de cada zona.

Estas herramientas amplían las posibilidades de mejorar la eficiencia hídrica, reducir costos y fortalecer la productividad agrícola. Sin embargo, su éxito depende de integrar tecnología, conocimiento agronómico, evaluación económica y una operación adecuada de los equipos.

La meta no es simplemente aplicar menos agua, sino conseguir que una mayor proporción del agua aplicada quede disponible para el cultivo y contribuya efectivamente a la producción. En definitiva, el desafío del riego moderno es pasar de una aplicación uniforme a un manejo informado y preciso, en el que cada decisión responda a las necesidades reales del campo.

(*) ¿Quién es Octavio Lagos?
El Dr. Octavio Lagos es profesor asociado del Departamento de Recursos Hídricos de la Facultad de Ingeniería Agrícola de la Universidad de Concepción en Chile y actualmente es el director del Consorcio Tecnológico del Agua (CoTH2O).
Lagos posee un grado de Ingeniero Civil Agrícola de la Universidad de Concepción en Chile y en 2005 finalizó su maestría en Ingeniería Agrícola con especialización en recursos hídricos. En 2008 obtuvo el grado de Doctor en Ingeniería en la Universidad de Nebraska Lincoln, Estados Unidos, y durante 2017-2018 finalizó un postdoctorado en la Universidad de California Davis.
Su experiencia e investigación actual están relacionadas con la medición y modelado de la evapotranspiración anual en cultivos y huertos frutales, ingeniería de riego (aspersión y microrriego), así como con el uso de teledetección en la demanda de agua. Proyectos asociados a recursos naturales bajo escenarios de sequía, variabilidad y cambio climáticos.

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