“Saber de dónde venimos, para entender para qué estamos”

Por Redacción

“Neuquén vive una triste realidad de miseria, ignorancia, enfermedad y hambre por las siguientes circunstancias: por la falta de trabajo remunerado, protegido y digno; por la abrumadora deficiencia alimenticia de los pobladores cordilleranos, en cantidad y calidad; por la carencia casi absoluta de protección sanitaria en la zona rural y por la desorganización de los centros asistenciales urbanos; por la magnitud de las enfermedades. El hambre y el frío hacen estragos en la población rural. Neuquén tiene uno de los más altos porcentajes del país en mortalidad infantil y tuberculosis”. A veces, necesito mirar hacia atrás y releer éste, el primer mensaje de Felipe Sapag ante la Honorable Legislatura el 7 de julio de 1963. Lo hago cuando siento que empiezo a perder la brújula; cuando comienzo a sentirme un empleado público y a creer que el sueldo me lo pagan el ministro o el gobernador y no la gente; cuando empiezo a creer que la historia comenzó conmigo, hace 26 años, cuando ingresé al sistema de Salud como técnico de mantenimiento y olvido que, antes que yo, hubo cientos de hombres y mujeres que dejaron su vida para que yo pudiera partir de una realidad diferente. Una realidad en la que, seguramente, todavía había mucho por hacer pero que ya había transitado la etapa más dura, la etapa en la que estaba todo por hacer, en la que no había nada más que desolación y miseria. Miro a mi alrededor y me encuentro con mucha de esa gente que fue parte de esa historia, de la historia profunda y dura, de la historia que muchos desconocen por creer que la historia comenzó con ellos y que ellos mismos son más importantes que la gente a la que deben servir. Y me viene a la memoria una frase de Horacio Heller que nunca olvidé, porque sintetiza el peligro de sentirse superior o imprescindible. Heller, haciendo una crítica a sus colegas, decía: “Los médicos estamos para cosas más importantes que para atender pacientes”, y con ello nos significaba que habíamos perdido de vista el norte que nos guía como servidores de la salud pública. Y al ver a esa gente que fue parte del comienzo de la historia aún con vida, tomo conciencia de que no fue hace tanto; no han pasado tantos años desde que Felipe Sapag pronunciara ese discurso y, aun así, nuestra realidad dista mucho de ser aquella con la que ellos se encontraron y a la que tuvieron que transformar. Ellos transitaban la geografía provincial a caballo o a pie para llegar hasta el último rancho a llevar una bolsa de leche, y yo a veces protesto porque no tengo disponible la cuatro por cuatro; ellos recorrían la cordillera con la nieve hasta las rodillas sin más abrigo que un poncho y un sombrero, y yo a veces protesto porque la calefacción de la camioneta funciona mal; ellos, hoy, cuentan sus historias con alegría y una profunda satisfacción por el deber cumplido, aun cuando no les haya reportado riquezas materiales y hoy vivan de una jubilación, y yo a veces siento que la carga que llevo es demasiada para lo que me pagan. Es en esos momentos cuando miro hacia atrás y busco en esa gente la razón por la que estoy. Ellos señalaron un camino; con aciertos y errores, pero con mucho sacrificio, lo delinearon y nos dejaron una huella. Es en esos momentos cuando la corta historia de este sistema de Salud le da una cachetada a mi soberbia y me regresa al camino. Es en esos momentos cuando siento que el mejor homenaje que puedo hacerles a esa gente, choferes, enfermeras, agentes sanitarios, polivalentes de mantenimiento y médicos, es continuar el camino que ellos marcaron. Seguramente tampoco obtendré riquezas materiales –después de todo, alguien dijo por ahí que nadie se hace rico trabajando–, pero mañana tendré historias para contarles a mis nietos y lo haré con el mismo sentimiento del deber cumplido que aquellos que escribieron las primeras páginas de esta historia. No hace tanto. Apenas un poco menos de cincuenta años. Gabriel Flores, DNI 12.818.274 Neuquén

Gabriel Flores, DNI 12.818.274 Neuquén