San Martín de los Andes, último rincón de terapia intensiva en Neuquén

La ocupación en la provincia es casi total, pero el gobierno no dará marcha atrás. En el sur hay disponibilidad, aunque advierten que “es cuestión de tiempo” para que se sature. El Castro Rendón tenía ayer cuatro pacientes esperando que se libere un lugar.





El Castro Rendón llegó al 100% de su capacidad esta semana. Foto: Florencia Salto.

El Castro Rendón llegó al 100% de su capacidad esta semana. Foto: Florencia Salto.

El gobierno provincial aseguró ayer que el momento que enfrenta Neuquén por la pandemia del coronavirus es como “una tormenta muy fuerte, de esas que traen rayos y granizos”. Esa metáfora utilizó para pedirle a la población que se resguarde, especialmente los adultos mayores y personas con enfermedades de base, pues no retrocederá a un aislamiento compulsivo pese a que la ocupación de camas de terapia intensiva es casi total.

Tras las declaraciones esta semana de la ministra de Salud, Andrea Peve, pidiendo a los intendentes que acondicionen los cementerios frente al aumento de la mortalidad, el vocero oficial fue ayer el jefe de Gabinete, Sebastián González. “Una fase 1 la empezamos en marzo en situación social, económica y laboral que era distinta. Hoy, después de ocho meses, estamos en una situación muy compleja desde lo social, desde lo económico, lo laboral, lo anímico y mental de la población. Si alguien está esperando que volvamos a adoptar medidas que se tomaron en otro contexto, probablemente no va a ser así la cosa", aseguró.

El martes a la noche, el parte oficial del ministerio de Salud informó que la ocupación de camas de terapia intensiva para todas las patologías había llegado al 99%. Es el número más elevado desde que se inició la pandemia y significaba que había apenas dos camas libres de un total de 175.

En la foto de ayer, la única ciudad que tenía disponibilidad era San Martín de los Andes. El jefe de la zona sanitaria IV, Néstor Sáenz, confirmó que había cinco pacientes internados en terapia intensiva de la Clínica Chapelco, por lo que aún quedaban cinco unidades desocupadas. El profesional indicó que, si bien hasta ayer la situación parecía más holgada que en el resto de la provincia, “es cuestión de tiempo” para que alcance una saturación.

“Ya hemos recibido pacientes de otras zonas como Aluminé y Cutral Co. El martes casi nos mandan un paciente desde Neuquén, pero por suerte se pudo solucionar y fue hacia el hospital de Zapala”, confirmó. Los pacientes que estaban internados ayer en la clínica privada eran de San Martín de los Andes, Junín de los Andes y Las Coloradas. Dos con diagnóstico de covid-19 y tres con otras patologías.

En Zapala, donde está emplazado el polo de atención para la zona centro, el trabajo estaba “al límite”. El director del hospital, Darío Píccoli, indicó que durante toda la semana el porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva osciló entre el 95% y el 100%. Señaló que están recibiendo pacientes desde “donde se necesite” y confirmó al menos una derivación desde la capital. El jefe de la zona sanitaria II, Carlos Quarín, también dijo ayer que se estaban haciendo gestiones para sumar dos camas críticas a las 14 que están funcionando, lo que demandaría una reorganización de personal e infraestructura.

En números

27
camas UTI cada 100.000 habitantes hay en Neuquén, promedio superior a la media nacional del 25,8.
400%
aumentó su disponibilidad el hospital Castro Rendón, que en marzo tenía solo 10 unidades críticas.

En Neuquén capital, prácticamente no hay margen. El hospital Castro Rendón alcanzó un 100% de ocupación de sus camas críticas y lo mismo ocurre en las clínicas privadas desde hace semanas.

Durante la tarde, el director del hospital regional, Adrián Lammel, detalló que había cuatro pacientes respirados en la unidad intermedia esperando que se desocupara una de terapia intensiva “en algún lugar”. “Esta situación de tener gente esperando empezó el martes. Estamos con las camas muy justas”, planteó el médico.

Las camas de “espera” son parte de las 23 que incorporó recientemente el hospital en el cuarto piso para atender pacientes con cuadros moderados, pero equipamiento de complejidad en caso de que se necesitaran para estas situaciones. “Todo lo que planificamos de mayor contención lo estamos teniendo que aplicar”, advirtió Lammel.

Dijo que la mayor preocupación es que “con este nivel de contagios, la cuestión va a seguir empeorando porque indefectiblemente hay una cuestión matemática: hay gente que va a necesitar internarse o que va a morir”.


Análisis: Las dudas que Gutiérrez no consigue despejar

POR FEDERICO ARINGOLI

Desde hace semanas es difícil descifrar cómo intenta el gobierno frenar el aumento de contagios, que llevaron al sistema de Salud a tener una ocupación del 99% en terapia intensiva. Tener solo dos camas disponibles pareció no inmutar a las autoridades. Lo mismo ocurrió con el mensaje de la ministra Andrea Peve, que le pidió a los intendentes que preparen los cementerios por un aumento de la mortalidad. Ayer fue el jefe de Gabinete, Sebastián González, el elegido para hablar con la prensa: apeló a la responsabilidad social.

En resumen, el gobernador Omar Gutiérrez envió dos mensajes: uno a los intendentes y otro a los ciudadanos. Para hacerlo se apoyó un situación de colapso, como buscando el efecto aleccionador de la dramática foto que muestran los hospitales de Neuquén.

Lo que resulta paradójico con uno de los mensajes es que la ciudadanía podría reclamar la responsabilidad completa. Es decir, sí apelan, para un tema de salud pública, a la conducta personal, por qué no levantar completamente todas las restricciones aún vigentes y apostar solo a la iniciativa individual como medida. Es porque la realidad sanitaria pide otra cosa.

Una de las dudas que no se despejan es si las medidas de contención, que implicarán mayores restricciones, no se toman por la crisis económica o por el impacto político sobre la imagen de los dirigentes. En la pandemia parece que las muertes tienen un menor costo político que la cuarentena. Otro interrogante tiene que ver con la ciudad de Neuquén. Alguien debería responder por qué es tan fácil hablar de Fase 1 en el interior neuquino y es tan mala palabra en la capital.

Finalmente, también cabe preguntarse qué pasará si después de las duras advertencias y la foto de un sistema sanitario al límite, todo sigue igual. Qué mensaje descodificará la sociedad si todo se diluye como en el cuento del lobo y el pastor mentiroso.


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