Silvia Mercado: “Perón fue cínico, Kirchner lo odiaba pero copió»

Escrito desde más de 30 años de militancia en el peronismo, el libro de la periodista Mercado raspa descarnadamente la historia del movimiento.

Por Redacción

entrevista a la autora de «el relato peronista»

-¿Sigue siendo peronista después de este libro?

-Sí, claro. Me afilié en el 83 y luego me integré a la Renovación, quizá la expresión más fundada en ideal democrático que marca la historia del peronismo.

-Su libro nace de la saturación por los términos en que desde el peronismo se asume la historia del movimiento. ¿A lo largo de su acercamiento a la política hubo algún relato que evitó, que no creyó sobre esa historia del peronismo y en los que ahora cree?

-Evitar, no me parece. No asumir como posible o verdad, es posible. Me marca un espíritu inquieto. Escuchaba desde piba. Pispeaba… Mi padre -radical- siempre me habló, por ejemplo, de la naturaleza represiva dura, muy dura que ejerció el peronismo sobre todo tipo de oposición. Y yo en mi libro develo claramente las características, alcances, naturaleza represiva e intolerante que montó Perón a poco asumir en el 46. Una estructura conducida por un hombre que eligió con inteligencia desde esa inmensa facultad que tuvo para conocer a la gente. Ahí fueron funcionales el general Velasco, en la Federal… Solveyra Cáceres en inteligencia. Cada uno en su tiempo, pero siempre direccionados a un objetivo: el control social sí o sí.

-Sin embargo usted señala que este cariz represivo fue, dialéctica de la historia mediante, muy suavizado por la oposición, a no ser la más extrema. ¿Por qué ese proceso?

-Porque mucho de lo que vino tras la llegada de la Libertadora con su patético sueño de creer que se podía sacar de juego al peronismo por meros decretos, leyes, todo a partir de ahí no fue bebé de pecho en materia de torturar, asesinar. Hubo mucha complicidad del grueso de la oposición en hablar en voz baja o avalar, por ejemplo, las masacres de junio del 56. Tomo un solo caso… Y claro, la criminalidad de la dictadura del 76 colocó a nivel de «nada» -por así decir-, por no ser comparable, lo sucedido durante los dos primeros gobiernos de Perón en materia represiva…

-¿Se comete un error al medir la represión en términos de números de muertos? Porque durante esos dos gobiernos hubo no muchos más de media docena de muertos. Un obrero del diario «La Prensa», el médico Ingallinella…

-Yo hablo de la represión como esencia de un poder. Perón logró un inmenso control de los medios, los sindicatos, pasaron a mejor vida estructuras políticas que lo habían ayudado a ganar el poder. El Partido Laborista, por caso.

-Su anterior libro, «Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina» impactó porque colocó en escena a un personaje que si bien tenía historia no había nada escrito sobre él específicamente en los términos que usted lo coloca. ¿Perón y Evita hegemonizan la lupa de la historia?

-Bueno, es una interpretación válida, desde ya. Pero hay mucho silencio desde el peronismo sobre aquel peronismo. Ese silencio hace a lo que va y viene en mi nuevo libro: la protección del relato… de un solo relato…

-En términos del italiano Renzo De Felicce, «presencia de todo bien ausencia de todo mal»….

-Y, sí. Pero un relato que se descascara, que no resiste cuando uno va sobre él, al menos creo cumplir ese mi objetivo. Hay cuestiones realmente extrañas en todo esto. Por ejemplo, la pronunciada ausencia de memorias de quienes fueron funcionarios de Perón en aquellos dos gobiernos. Hay una y otra más allá. Esa ausencia hace a la protección de mitos, de liturgias, de resguardo de aquello que no fue como se lo contó. Y el caso Apold, muy atrapante, es paradigmático que su historia se vaya construyendo de a poco. En general, hay una referencia, no mucho más… Era un hombre inteligente, perceptivo…

-Suele decirse -sin ninguna prudencia en términos de comparación- que era el Goobels de Perón, pero éste tenía sólida formación intelectual…

-Pero quizá podamos referenciarlo y dejemos de lado el tema de manejo de los medios, en cuanto al valor que le dan a la escena pública en línea a cohesionarla tras una política. Apold mostró un inmenso talento, mucha calidad, para manejar lo escénico a favor de Perón, de Evita. Hombre de reflejos, de experiencia en la vida, sabía -ésta es una de las vigas que sostienen mi libro sobre él- del valor que los argentinos le acreditamos al melodrama. Si uno se detiene en el Apold comprador de medios, presionando a los medios y presionando a los que se resistían mediante el monopolio estatal en el manejo del papel, o domesticando de una u otra manera, incluso con la patota en la calle, a propietarios de medios… Bueno, uno se queda con un Apold…

-¿El más duro?

-No en esos términos porque él era una pieza decisiva, generadora de ideas para un aparato de poder duro en la práctica política. Pero está el Apold del montaje de escenas, de organizar los sentimientos, la sensibilidad y ponerla en escena con fines muy definidos, claro…

-En su nuevo libro arremete muy fuerte contra una piedra basal del peronismo: el 17 de octubre como expresión espontánea…

-Y fundamento…

-Sí. ¿Usted no cree en la sinceridad de esa carta del 14 de octubre del 45, Perón a Eva y estando él preso en Martín García y que recién tomó estado público en 1968 cuando él, en Madrid, se la entrega a Félix Luna y en la que Perón le decía a Eva que pediría el retiro y se irían juntos a Chubut, a trabajar los campos de su familia?

-No creo en esa sinceridad. Como sostengo en el libro, Perón trabajó el 17 de octubre. Era un hombre del golpe del 43…

-Todo un tema la prolongación que usted hace de ese golpe en cuanto a definir la duración del Perón en el poder…

-¡Doce años!… No 10, como generalmente se identifica. Perón, consustanciado desde lo ideológico con aquel proceso del cual ha sido gestor, proceso reaccionario, cuna de mucho extremo de derecha, como educación en manos de Martínez Zuviría y mucho más, proceso con proceso con mucho de la ideología de la Cruz y La Espada… bueno, Perón quiere buscar una alternativa para ese proceso, quiere salvar incluso a su GOU, mentor intelectual de aquel golpe y del cual fue uno de los mentores. Luego, hace todo lo posible para ser detenido siendo un hombre del poder y de ahí en más, movilización mediante, al poder… Hablo desde fuentes, argumentos…

-Eva sale mal de su libro…

-No, sale con lo que pienso de ella. Era simple, algo bruta, sincera en su devoción a Perón… No tenía pensamiento abstracto…

-El sesentismo peronista suele, con cierto rubor, reconocer que Perón los usó…

-Y algo más: que era un hijo de puta.

-Y eso…

-Y eso, como lo he declarado, es lo que piensa Kirchner de Perón… Luego es igual. Perón fue cínico, Kirchner lo copió. Manejo de hombres, situaciones, desprecio por la oposición, fundamentalmente la encarnada por los medios… ¡Y el poder, el poder!

carlos torrengo

carlostorrengo@hotmail.com