«Argentina no es un país racista»: Conicet rechaza las acusaciones y llama a dar un debate con perspectiva histórica
Tras las acusaciones que se viralizaron luego de la final del Mundial, el investigador Rolando González sostuvo que el país no tiene una tradición institucional segregacionista, aunque advirtió sobre la persistencia del racismo estructural y la xenofobia.
«Argentina no es un país racista«. Así lo resaltó el investigador superior del Conicet en el Centro Nacional Patagónico (Cenpat), Rolando González José, tras las acusaciones que surgieron hacia el país en la final del Mundial de Fútbol. «Argentina es el país más racista del mundo», plantearon desde diversos ámbitos y las acusaciones se viralizaron por las redes sociales.
Desde el instituto que depende del Conicet, con base en Puerto Madryn, recalcaron que se trata de un debate que vuelve a la agenda una y otra vez. «Si nos remontamos a años atrás, el entonces presidente Alberto Fernández cometió un desliz discursivo al decir que descendíamos de los barcos europeos. Con Macri pasó algo parecido. Es un debate que atraviesa la sociedad y sale con algún disparador que es aleatorio», aseguró González José. Este antropólogo y biólogo dirige el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas del Cenpat, del Conicet.
En este caso, advirtió, el motivo fue futbolero y surgió tras los partidos con Inglaterra y España. «Se puede decir que Argentina no destaca como país que haya tenido instituciones o legislación normativa de tipo segregacionista como han tenido Estados Unidos o Europa«, evaluó, al tiempo que consideró que «tampoco es un país en el que hayan organizaciones de tipo ultraderecha persiguiendo inmigrantes u organizadas de alguna manera por las redes». Ni se registran ataques violentos contra colectivos de inmigrantes.
González José advirtió que no se puede decir que «el principal problema de Argentina sea el racismo» lo que «no quiere decir que no existan narrativas racistas y xenófobas. El racismo estructural se solapa con la aporofobia -la discriminación al pobre-. Son categorías que se solapan«.
En este sentido, recalcó que «las clases más desprotegidas, más vulnerables son mayormente pueblos originarios o inmigrantes de países vecinos y ahí se descarga cierta discriminación. Tiene su correlato material en el acceso a la salud, educación, las prácticas de las fuerzas de seguridad. Hay casos de detenciones por portación de cara que atraviesan un componente de aparofobia, pero también de racismo».

Argentina, recordó González José, abolió la esclavitud en 1853 y, en 1813 ya existía «la Libertad de Vientres lo que significa que los hijos de esclavas y esclavos nacían libres». «Esto a diferencia de países como Estados Unidos. Estados como Alabama, incluso hasta 2000, tenía vigente la legislación de segregación racial y no permitían los matrimonios interétnicos», destacó.
El investigador superior del Conicet valoró que Argentina ha tenido instituciones como el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) y resaltó el caso del Preámbulo, como «un manifiesto antirracista, de apertura y garantismo al inmigrante».
«Es cierto que hay un fenómeno discursivo desde el gobierno nacional que hace que nos vean en un momento de racismo por el apoyo a la política de Netanyahu (primer ministro de Israel) y sus dichos en el Foro de Davos en contra de los homosexuales. Pero el resto de la sociedad no despliega esas narrativas violentas. Son fracciones«, consideró.
De todos modos, González José lamentó que «el pueblo mapuche es una de las principales víctimas de la narrativa racista y la estigmatización. Hay un racismo estructural que tiene que ver con intereses materiales muy concretos como lo es la propiedad de la tierra». En este contexto, puso como ejemplo la Ley de Extranjerización de la Tierra. «Tierras que están en manos de pueblos originarios y pasan a extranjeros. Ni hablar de la narrativa racista en el fútbol. Los cánticos son xenófobos y hay una discriminación al boliviano o paraguayo», aportó.
Datos históricos que contradicen las acusaciones
Definir a Argentina como una sociedad racista implica desconocer parte de su historia, evaluó el historiador Felipe Pigna, al tiempo que cuestionó que uno de los argumentos en la acusación «es la aparente desaparición de la población afrodescendiente». Lo consideró una simplificacón.
Pigna no desconoció que existen expresiones discriminatorias que deben ser condenadas en las canchas de fútbol, pero descartó que Argentina «sea un país racista» y «no deben extrapolarse conductas individuales o coyunturales a toda la sociedad».
También apuntó contra los españoles: «Nos acusan de racistas y los españoles ejercieron un racismo brutal durante la conquista, con una sociedad organizada en castas durante tres siglos. Los estadounidenses tuvieron hasta la década del 60 iglesias segregadas y colectivos para blancos y para negros. Los franceses y los belgas fueron grandes potencias coloniales. Entonces también hay que preguntarse desde dónde vienen esas acusaciones».
También recordó que, «con la Revolución de Mayo hubo intentos concretos de avanzar hacia una mayor igualdad. Está la Libertad de Vientres y también la incorporación de los esclavos a los ejércitos patriotas, donde obtenían la libertad al sumarse a combatir».
Mencionó que durante la campaña libertadora de José de San Martín, «hubo un batallón entero de afrodescendientes con una actuación destacadísima en el Cruce de los Andes. Incluso, San Martín nombró oficiales a varios soldados afro«.
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