Doce horas huyendo del fuego para salvar el ganado en la zona rural de Cholila
El fuego acecha a kilómetros del pueblo, pero impactó fuertemente en la zona rural ya que quemó a los animales que estaban en la veranada.
«Por ahí caen de milagro dos o tres gotas. Pero sabemos bien que hasta que no llueva del todo esto no termina. Hoy estamos tapados de humo. Hace mucho calor y se espera viento. Solo esperamos que no se complique. La gente ya está muy cansada. Hay mucho desgaste«. Carla Gerez es docente del Centro Agrotécnica de Cholila, vive en el Valle El Blanco, una zona rural de esa localidad, y su voz traduce el cansancio.
Su familia es ganadera y aún no sabe cuántos animales han perdido por el fuego.
Días atrás, cuando el fuego arrasó todo lo que encontró a unos pocos kilómetros de El Blanco, Celso «Pelusa» Gerez, junto a sus dos hijos -Gustavo y Joaquín-, su hermano Rubén y su hijo Federico decidieron subir hasta el campo en cercanías de la laguna Froilán, en el parque nacional Los Alerces, para rescatar los animales que pudieran encontrar. En medio de la madrugada, lograron bajar con una tropa de vacas hasta Cholila. Pero no todas. La evacuación debió ser inmediata porque el fuego amenazaba y estaba cada vez más cerca.
«Al otro día, corrió mucho viento. Cuando pudimos volver a la veranada, comprobamos que se había quemado todo. Nos quedamos solo con los animales que llegaron a la chacra», lamentó Carla. El objetivo, explicó, era «mantenerlos en la veranada hasta abril. Pero hoy tenemos la tranquilidad de que, al menos, estos animales están bien. No sabemos qué pasó con el resto. Todavía no hacemos el conteo«.
Carla dijo que la veranada es compartida entre su padre y sus tíos. Se llega al predio en cuatro horas a caballo y en dos, en camioneta. Cuando lograron rescatar a una tropa, en medio del fuego, el trayecto se concretó en casi 12 horas porque «las llamas avanzaban detrás de los animales».
«Fue un verdadero peligro porque tenían la cabeza del fuego que venía por atrás y otro frente bajaba a mitad del camino por donde debían pasar. Decidieron mandarse igual porque ya iba a ser demasiada la pérdida«, argumentó. Recordó que «de un momento a otro, cambiaba el viento y el fuego avanzaba. Los vecinos que estaban cerca le gritaban a mi papá que se fueran porque el fuego se llevaba todo puesto».
En una recorrida posterior por el campo, la familia comprobó que el fuego quemó casi todo. Solo dejó una pequeña porción verde que desconocen cómo se salvó. «Todo lo que era verde quedó gris. Es campo abierto: los animales están sueltos en un predio inmenso. Por eso, la persona que no conoce no dimensiona la cantidad de superficie quemada«, fustigó Carla.
Si bien unos pocos animales están a salvo del fuego -a unos pocos kilómetros de distancia-, la familia Gerez deberá conseguir pasturas. «Acá abajo no hay reservas, no hay suficiente comida. Por eso, se los lleva a la veranada a fines de noviembre cuando ya no hay agua en los arroyos. El que lleva la cuenta de los animales es mi papá, pero le cuesta hablar del tema. Tiene 63 años y desde los 11 lleva sus animales a la veranada. Hoy hace el mismo trabajo con mis hermanos«, relató.
Hasta ahora, la familia Gerez no había experimentado la cercanía del fuego. El incendio que ya arrasó 40 mil hectáreas no estaba del todo cerca, pero el viento fuerte cambió la trayectoria de golpe. «Afectó a muchas familias. Esta es una zona rural. No solo perdimos animales sino que habrá que ver qué les damos de comer. Todo es ceniza«, lamentó.
El hombre que dejó todo para salvar el campo de sus padres
Simón Daher nació en Cholila, pero vive en Esquel donde trabaja como comerciante. Hace dos semanas, se estableció en el campo de sus padres en Villa El Blanco para colaborar en el combate del fuego. La amenaza no cesa. «Estamos desbordados por la situación. Esperamos la lluvia que es la única solución«, admitió.
Su familia ya perdió varias vacas en la veranada. «No es fácil encontrarlas con el incendio detrás, en la espalda. El fuego las corre, quedan encerradas y salís llorando al ver que se quema el bosque nativo y tantas hectáreas», confió. El fuego pasó a 1.500 metros de la casa de sus padres. Cerca de ahí, llegó a la vivienda de su tío, pero lograron salvarla. Solo quemó un galpón, pero sí muchos animales.
Hoy, Simón se propuso rescatar la mayor cantidad de ganado que queda en pie y defender el bosque de lengas, uno de los únicos que queda en la zona, en la veranada. «Para el productor esto es una puñalada al hígado, es fuerte ver que sus animales se queman sin poder rescatarlos. Uno no sabe a dónde llevarlos hasta un lugar seguro porque estamos rodeados por el fuego«, dijo.
El hombre reconoció que están cansados. Constantemente, hace limpieza alrededor de la casa en caso de que lleguen las llamas. Duerme poco porque, por lo general, hace una guardia.
«Esta contingencia nos debe servir para entender que no estamos preparados. Hay poco planeamiento, hay que hacer cortafuegos y medios de escape. Los intendentes no responden, no aparecen cuando debieran estar con la gente», expresó.
Resaltó la labor de los brigadistas aunque «sin recursos no pueden llegar muy lejos. Con nosotros, por ejemplo, llegaron tarde». A su vez, destacó la solidaridad de las brigadas voluntarias de Epuyén y Córdoba. «Es impresionante la empatía: nos dan mano para rescatar lo que nos queda y para preservar el bosque. Yo me vine por el incendio y el amor a mi lugar. De pronto, me convertí en brigadista y en gaucho para salvar a los animales«, finalizó.
Pobladores de Cholila piden fondos para comprar un camión de fardos de pasto para asistir a los productores y animales afectados por el incendio.
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