«Estar en la escuela importa»: lanzan una campaña para priorizar el tiempo escolar

Un informe de Argentinos por la Educación revela que, entre inasistencias y otros motivos, el calendario real se reduce a 155 jornadas. Los estudiantes pierden, en promedio, 30 días de clases por año.

Por Redacción

Un informe de la organización Argentinos por la Educación encendió las alarmas al confirmar que los estudiantes del país pierden, en promedio, 30 días de clases por año. La estadística, llevada al largo plazo, es devastadora: al finalizar el ciclo primario, un alumno habrá tenido un año menos de escolaridad efectiva que lo que estipula la ley.

Pese a que el Consejo Federal de Educación fijó un piso de 190 días de clase, la realidad en las aulas es otra. Factores que van desde el ausentismo (estudiantil y docente) hasta problemas de infraestructura, condiciones climáticas y medidas de fuerza, recortan el calendario. De los 185 días previstos en promedio por las provincias, el tiempo neto de enseñanza se desploma a apenas 155 días reales.

Radiografía del ausentismo


El fenómeno golpea con especial dureza en la escuela secundaria. Según los últimos datos del operativo Aprender, el 51% de los adolescentes reconoce haber faltado al menos 15 veces en el último año, una cifra que creció siete puntos porcentuales desde 2022.

Lo más revelador y preocupante son los motivos. Si bien la salud encabeza la lista (62%), casi cuatro de cada diez jóvenes (39%) admiten que faltan simplemente porque «no tienen ganas de ir». Esta falta de motivación se cruza con la percepción de los directivos: el 46% de los rectores de secundaria identifica al ausentismo como el principal escollo para el aprendizaje, situándolo por encima de la falta de recursos pedagógicos.

A esto se suma el ausentismo docente. Según las pruebas PISA 2022, Argentina es uno de los cuatro países del mundo donde las inasistencias de los profesores tienen mayor impacto negativo en el rendimiento de los alumnos.

La falta de datos: una venda en los ojos


A diferencia de países vecinos como Chile o Uruguay, la Argentina aún no cuenta con un sistema nacional de datos que permita monitorear la asistencia en tiempo real. «Sin medir no se puede gestionar», advierten desde la organización. Hoy, la información es fragmentada y se basa mayoritariamente en autorreportes, lo que impide diseñar políticas públicas eficaces para atacar el abandono encubierto.

Bajo la consigna de que «no da lo mismo ir que no ir», este miércoles 22 de abril se lanza la campaña nacional #ArgentinaALaEscuela. La iniciativa, que reúne a más de 200 instituciones de la sociedad civil, busca instalar la importancia del tiempo escolar efectivo en la agenda política.

La propuesta invita a la ciudadanía a inundar las redes sociales compartiendo fotos de sus etapas escolares y mensajes que reivindiquen el valor de la presencialidad. El objetivo es claro: transformar la indignación por los datos en un compromiso social para que las escuelas estén abiertas y los alumnos, dentro de ellas.

La evidencia internacional coincide en señalar que el tiempo escolar es una condición central para el aprendizaje. Faltar a clases, incluso en pocas ocasiones, tiene efectos negativos en los resultados académicos, y el impacto se acumula a lo largo del tiempo, lo que afecta las trayectorias educativas y las oportunidades futuras de los estudiantes.

Tres datos clave que explican la crisis


  • 155 días: Es el tiempo real de clase que reciben los estudiantes frente a los 190 establecidos por ley.
  • 1 de cada 2: Estudiantes de secundaria admite tener más de 15 inasistencias anuales.
  • Récord negativo: Argentina integra el «Top 4» mundial de países con mayor impacto de ausentismo docente.


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