El Valle que alimenta en Viedma – Patagones: “El futuro, aquí en Idevi, es fenomenal”
Thierry Favez llegó con su familia en 1970 desde Suiza, cuando el proyecto recién comenzaba. Más de medio siglo después, esa historia refleja la evolución.
Por Juan Manuel Larrieu
Cuando Thierry Favez habla del Valle Inferior lo hace con la naturalidad de quien lo vio nacer. O, al menos, de quien lo vio crecer desde sus primeros pasos. Su historia personal está entrelazada con la del Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (Idevi), ese gran proyecto productivo que desde hace más de medio siglo sostiene buena parte de la identidad económica y alimentaria de Viedma. Pero la historia de Favez empieza lejos, muy lejos del río Negro. Empieza en Suiza.
“Mi padre era chacarero allá”, cuenta. En aquella Europa de campos pequeños y horizontes limitados, la idea de buscar un futuro en otro lugar empezó a rondarle la cabeza desde joven. La familia era numerosa —tres hermanos— y la tierra no alcanzaba para todos. La oportunidad apareció en 1968, casi como un gesto del destino. En un diario suizo apareció un aviso del CIME, el Comité de Inmigración Europea con sede en Berna, que organizaba viajes de exploración para familias interesadas en emigrar a América Latina. El padre de Thierry se anotó.
Ese mismo año emprendió un recorrido que lo llevó por Brasil, Paraguay y Argentina. El Mato Grosso brasileño, recuerda la familia, resultó demasiado caluroso para su madre. Argentina, en cambio, ofrecía otra perspectiva. Durante el viaje conoció zonas de colonización agrícola en el sur del país y fue entonces cuando escuchó hablar de un proyecto nuevo, ambicioso, casi experimental: el desarrollo productivo del Valle Inferior del río Negro.

El Idevi recién comenzaba a tomar forma. La iniciativa había sido impulsada por la provincia de Río Negro a partir de la Ley 200, sancionada en los años sesenta, con un objetivo claro: transformar miles de hectáreas del valle en un polo agrícola bajo riego. Canales, desagües, nivelación de tierras y chacras preparadas para producir eran parte de un plan que buscaba poblar y desarrollar la región.
“Mi papá siempre decía que no había un proyecto así en el mundo”, recuerda Thierry. “Era una inversión enorme puesta al servicio de la producción”. En julio de 1969 llegó uno de los primeros colonos europeos. Un año más tarde, en septiembre de 1970, la familia Favez desembarcó en el Valle Inferior. “Llegamos mis padres y los tres hermanos. Y arrancamos”.
Los años de construcción
Viedma era entonces otra ciudad: un pueblo de apenas siete u ocho mil habitantes, con largas distancias de tierra entre la ciudad y las chacras. Thierry iba a la escuela en colectivo por la vieja ruta, cuando el barrio San Martín todavía no existía y el Idevi era apenas un mosaico de chacras en formación.
Las tierras se adjudicaban con facilidades de pago a largo plazo. “Tenías 22 años para pagar la chacra”, recuerda. “Era una cuota anual fija”.
Con el tiempo —y las crisis económicas argentinas de por medio— muchas de esas cuotas terminaron quedando desactualizadas por la inflación, pero el objetivo central del proyecto se mantuvo: poblar, producir y generar un sistema agrícola que abasteciera a la región.
Durante los primeros años la familia se dedicó al tambo. Más tarde, con los vaivenes de la economía, cambiaron de actividad. “La cooperativa lechera tuvo problemas en los años 80 y nos complicó mucho. Entonces cambiamos”. Primero trabajaron como contratistas rurales.
Luego, a partir de 1987, comenzaron a dedicarse a la ganadería gracias a una línea de créditos impulsada por el gobierno provincial. Desde entonces, la producción de carne fue el eje de la empresa familiar.
A lo largo de las décadas también incorporaron cultivos complementarios —zapallo, cebolla, forraje, maíz— como parte de una estrategia típica de los productores del valle: diversificar para sobrevivir. Hoy, la empresa familiar Favez Hermanos sigue activa, aunque el tiempo marca nuevos ritmos. Los tres hermanos superan los sesenta años y la nueva generación empieza a tomar la posta.
Crecer con la ciudad
Cuando la familia llegó, el Idevi apenas comenzaba. Hoy el sistema productivo ocupa cerca de 23.000 hectáreas bajo riego, con perspectivas de expansión en los próximos años. El proyecto original soñaba con más de 60.000 hectáreas productivas, una meta que aún parece lejana pero que revela la magnitud del plan inicial.
“Para un proyecto como este, cincuenta años no es nada”, dice Favez. La frase resume una idea que muchos productores del valle repiten: el verdadero potencial del Idevi todavía está en el futuro. En el paisaje productivo conviven hoy ganadería, cebolla, zapallo, maíz, alfalfa y una creciente superficie de frutos secos. También hay tambos tecnificados, emprendimientos agroindustriales y productores que agregan valor a la materia prima en las propias chacras.
La producción se diversificó, se profesionalizó y empezó a mirar nuevos mercados. Pero además cambió la relación entre la ciudad y el valle. “En los últimos veinte años se empezó a valorar mucho más lo que se produce acá”, dice Favez.
La escena se repite cada fin de semana en ferias, mercados y chacras abiertas al público: vecinos de Viedma que buscan verduras de estación, alimentos frescos y productos locales. El Idevi, de alguna manera, se convirtió en el gran almacén de la ciudad.
Proyecto que sigue por más
El valle también cambió socialmente. En las últimas décadas se sumaron nuevas generaciones de productores, emprendimientos empresariales y comunidades inmigrantes que encontraron en la tierra una oportunidad. Entre ellas, la colectividad boliviana tuvo un papel central en la horticultura del valle. “Trabajan muchísimo”, dice Favez sin dudar. “Hay que sacarse el sombrero”.
Al mismo tiempo, la tecnología comenzó a entrar en las chacras: drones para aplicaciones agrícolas, maquinaria de precisión, nuevas técnicas de riego y sistemas productivos cada vez más eficientes.
La producción del valle se moderniza mientras mantiene su esencia. Una mezcla de esfuerzo familiar, inversión privada y un sistema de riego que sigue siendo el corazón del proyecto.
El futuro
A Thierry Favez le cuesta imaginar Viedma sin el Idevi. “No me lo puedo imaginar”, dice. La ciudad crecería igual, admite, pero sería otra. Cada cosecha que sale del valle, cada camión cargado de alimentos, cada inversión que se instala en la zona productiva tiene un impacto directo en la economía regional. Por eso insiste en mirar hacia adelante. “El potencial que tiene el Idevi para el futuro es fenomenal”.
Después de más de cincuenta años viviendo y trabajando en el valle, Favez sigue viendo lo mismo que vio su padre cuando llegó desde Suiza: un proyecto enorme, todavía en construcción. Un territorio donde la tierra, el agua y el trabajo siguen escribiendo la historia productiva de Viedma.
Comentarios