Joaquín, el guionista de Neuquén que ganó un concurso del INCAA con una historia sobre infancias queer
Tras el reconocimiento, el guionista Joaquín Vázquez busca productoras para filmar “Valen Burris”, su primer largometraje. Pretende plasmar al Neuquén de 2009, el paso a la adolescencia, el cuidado de los vínculos y la libertad de ser.
Joaquín Vázquez, el guionista de Neuquén reconocido por el INCAA. (Gentileza).
Joaquín Vázquez creció en Neuquén. De niño le gustaba ir caminando al río Limay, «cuando no había nada, no había casi casas, no había asfalto». Allí dejaba fluir su imaginación y jugaba con “esas plantas que tienen como un tubito de pelusas”, las totoras. Quiere llevar parte de esa infancia feliz de un niño queer a la pantalla grande, tras ganar un concurso de guion de largometraje de ficción y series del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) con «Valen Burris».
Aunque no se trata de una pieza autobiográfico, confiesa que hay dejos de su historia: “Creo que la parte que más tiene de mí es su relación con el hermano”. Al igual que Valen, Joaquín debió aprender desde chico a cuidar a sus hermanas, diez años menores que él: llevarlas a la escuela, cocinarles y asumir responsabilidades que hasta entonces desconocía.
Señala que, si bien este reconocimiento del INCAA sirve de impulso, aún se encuentran buscando financiamiento para producir la película. El guionista pretende representar infancias queer desde otro lado, lejos de las historias centradas en el rechazo, la discriminación o el sufrimiento, para retratarlas desde «su ser, desde su personalidad».

«Quería ser arquitecto»: el recorrido de Joaquín desde Neuquén a Buenos Aires
Joaquín tiene 30 años y hasta sus 18 creyó que sería arquitecto. Por eso se inclinó hacia la educación técnica, primero en la EPET 14 y luego en la EPET 8, persiguiendo la formación como maestro mayor de obra. Sin embargo, sus docentes de primaria, Alejandra y Susana, veían que tenía potencial en la escritura y lo impulsaban a narrar cuentos.
Si se presentaba un día nublado y lluvioso le resultaba ideal. «Hoy voy a escribir todo el día», se proponía entusiasmado y se ponía a construir otros mundos. Quizá de allí surgió la confusión. «Eran como dos formas de crear, dos carreras artísticas, pero muy distintas», señala.
Cuando inicio teatro, todo se empezó a aclarar. «Me mostró otra faceta de la escritura, donde fui más profundo en proyectos creativos», relata. Así, al finalizar la secundaria unió todas sus facetas para estudiar la licenciatura en Artes Audiovisuales en la Universidad Nacional de las Artes.

Aunque la Arquitectura le prometía mayor estabilidad, Joaquín afrontó el riesgo, tomó las maletas y, en 2015, se aventuró a vivir en Buenos Aires. Pasó por varias residencias y barrios de CABA, pero en cuanto podía volvía a su amado Neuquén.
Extrañaba, y aún lo hace, el sol, el viento, el río. Tantos días nublados ya no lo inspiran a escribir, más bien lo agobian. Sin embargo, ese estar lejos de su lugar también lo reconectan con la tierra en que creció. «Creo que esos sentimientos tan fuertes también servían mucho como inspiración para escribir y siguen hasta el día de hoy. Esos sentimientos de separación de la familia tienen mucha fuerza expresiva», enfatiza.
Cómo surge el largometraje «Valen Burris»
Puede que esa sensación de «desarraigo» se agudizara durante su experiencia de intercambio en Canadá. Allí cursó sus dos últimas materias y comenzó a desarrollar la tesis. Era 2020, en la pandemia.
Joaquín solía escribir fantasía y ciencia ficción, pero quiso aprovechar la oportunidad para explorar otros géneros. “Quería escribir algo completamente distinto a lo que venía escribiendo. Quería escribir algo que también se pudiera producir, una película realista que se pudiera llevar a la pantalla”, comenta.
Además, en ese momento quedó «maravillado» por documentales sobre infancias queer que lo invitaron a reflexionar: «No los retrataban desde el conflicto, sino desde su ser, su personalidad y su mundo interior. Entonces dije, ‘quiero plasmar una mirada así’», recuerda.
Y no podía pensar en otra forma de recrear la niñez que no sea en Neuquén. «Yo quería escribir algo de lo que supiera. Habité el 2009 en Neuquén, entonces quise transformarlo también en una cápsula del tiempo, con la música, los coloquialismos de esa época, los modos, las comidas, las actividades y los lugares que se habitaban», explica.

La escuela pública ocupa un lugar central en esa reconstrucción. «Fue una parte muy importante de mi vida. Allí mis maestras Alejandra y Susana me motivaron a escribir después de leer unos cuentos que hice en cuarto y quinto grado», revela el guionista.
A ese recuerdo personal se sumó la experiencia de su madre, maestra de plástica recientemente jubilada. A través de sus anécdotas, alegrías y luchas diarias, Joaquín comprendió la profunda labor pedagógica que se ejerce en las aulas. «Uno pensaría desde una mirada básica: ‘te comportás mal, te castigo’. Pero el maestro trata de ver el mal comportamiento como un síntoma de algo que está pasando», reflexiona.
«Valen Burris» pretende amalgamar ese universo. «Busca hablar de algo más amplio: ese momento en el que dejamos atrás la infancia y empezamos a entender que los vínculos que nos acompañaron hasta entonces no están simplemente dados, sino que también tenemos que aprender a cuidarlos, alimentarlos y corresponderlos», enfatiza Joaquín.

De qué se trata «Valen Burris», el largometraje ambientado en Neuquén
Ambientada en la ciudad de Neuquén durante el año 2009, «Valen Burris” es una comedia dramática de maduración que sigue a Valen, un niño de 12 años rebelde, impulsivo y carismático que transita su último año de escuela primaria.
Lejos de las narrativas convencionales que abordan las infancias queer desde el drama familiar, el rechazo o el sufrimiento, la historia se enfoca en la personalidad expansiva y el rico mundo interior de su protagonista, a quien su creador retrata como un verdadero “superhéroe” imperfecto.
La película funciona como una nostálgica cápsula del tiempo que rescata la cotidianidad neuquina de hace 17 años: las tardes en el río Limay, los espacios agrestes y el bullicio de la escuela pública. Allí, Valen enfrenta el vertiginoso salto hacia la adolescencia mientras aprende el valor de la responsabilidad, marcada por el vínculo con su hermano menor.
Simultáneamente, el relato rinde homenaje a aquellos docentes que, en lugar de sancionar la rebeldía, se detienen a comprender la necesidad emocional que se esconde detrás del comportamiento, ofreciendo una mirada luminosa, tierna y necesaria sobre la libertad de crecer siendo quien cada uno quiera ser.

Joaquín Vázquez creció en Neuquén. De niño le gustaba ir caminando al río Limay, "cuando no había nada, no había casi casas, no había asfalto". Allí dejaba fluir su imaginación y jugaba con “esas plantas que tienen como un tubito de pelusas”, las totoras. Quiere llevar parte de esa infancia feliz de un niño queer a la pantalla grande, tras ganar un concurso de guion de largometraje de ficción y series del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) con "Valen Burris".
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